Crónica:LA CRÓNICA
Crónica
Texto informativo con interpretación

Mercedes de Barcelona

Dado que la palabra realismo provoca en mí inmediatas segregaciones, fui a ver en cuanto pude la exposición de la Thyssen madrileña dedicada a la Mímesis moderna. Estaban también las palabras previas del comisario Tomás Llorens en este periódico, tan atractivas y que dan tanto que pensar: "Trato de apoyar la tesis de que el realismo es una tendencia que se formula muy moderna. De hecho, como la expresión más seria de la modernidad. Eso se ve más claramente en la literatura de la época. Autores como Hemingway, Dos Passos o Joyce tienen un programa realista. Cultivan una literatura de hechos, y rompen con la generación de escritores como Henry James, que recrean el mundo de los sentimientos. Pero ese proyecto no dura mucho. Entra en crisis alrededor de 1925. En los años treinta, el proyecto moderno se hace problemático". Algo se rompió. De pronto, el realismo pasó de ser la expresión más seria de la modernidad a su lastre. Y los hechos pasaron a ser material de derribo. No es probable que Auschwitz acabara con la poesía, pero sí con la realidad.

La exposición del Museo Thyssen está dedicada al realismo, pero la señora del retrato no existió, es pura evocación nórdica del Sur

Una exposición de pintura realista es una llamada al sueño. Gracias a que los realistas, paradójicamente, no cometen la aburrida descortesía de ponerse a explicar, uno tras otro, los sueños de su vida. Los artistas deben poner la vigilia y el espectador el turmix de la noche. La organización de la vigilia requiere observación, trabajo y talento. Al espectador le vale con mover las aspas. Un cierto siglo XX consistió en el intercambio de esos papeles, tal vez porque Auschwitz no cabía en la palabra hecho.

Sin embargo, este rostro es de antes de todo eso. De cuando un retrato provocaba las seis grandes preguntas de la humanidad, quién, qué, cómo, cuándo, dónde y por qué, todas esas preguntas que la antigua pintura religiosa daba por contestadas y que tal vez fuera Veermer el primero en dejar abiertas. El retrato lleva por título Mercedes de Barcelona y lo firma un pintor, probablemente holandés, deduzco, llamado Pyke Koch. Está datado en 1930. El fondo es oscuro y sin ningún signo que permita una identificación aproximada del lugar. De inmediato veo a Mercedes, aunque yo prefiero empezar a llamarla señora Mercedes, en el interior de un oscuro piso del Eixample. Conserva su señorío, pero hay algo desgastado en el conjunto, y no sólo son las perlas que faltan en su anillo. ¿Quién fue (si hay que saberlo) y qué hace Barcelona en el pincel de Koch?

Salgo para ver el catálogo. Koch (1901-1991) es holandés, en efecto. Pero ella es una señora prostituta. La breve nota del catálogo repasa algunos elementos simbólicos del cuadro. Las perlas que ya vi. Y el puro que no. Un puro entre los dedos. Vuelvo deprisa frente al cuadro. Ahí está el puro, en efecto. El tizón de sus ojos me impidió verlo. De haberlo visto, habría roto la composición de lugar, burguesa, ajada y señorial. Quizá: porque ahora estoy viendo, superpuesta, a la señora Maria Aurèlia Capmany en aquellas fotos humeantes que le hizo Colita. El lugar en el mundo de Mercedes parece aclarado; pero ni el catálogo ni ningún otro detalle visible del cuadro aclaran el porqué de Barcelona.

Así que escribo a Eugenia Codina. Vive en Rotterdam desde hace muchos años y va algo mejor que yo con el holandés. Lo primero que encuentra es el trabajo anónimo de un escolar. Ésta es la parte del capítulo sobre el contenido: "Creo que la pintura trata de una mujer mayor, llamada Mercedes. Me parece rica, pero sola. Lleva joyas doradas (anillo, broche) y fuma cigarros. Uno no tiene que ser rico para fumar cigarros, pero normalmente simbolizan riqueza. Tiene unos grandes ojos vacíos que miran a lo lejos, por eso pienso que se encuentra sola y es infeliz. Da la impresión de ser arrogante". Eugenia localiza rápidamente al mayor especialista mundial en el pintor Koch. Se llama Carel Blotkamp. Y dictamina: "No creo que Koch tuviera ninguna relación con la ciudad, ni que conociera a nadie que así se llamara o a la que llamaran así: no es un retrato de una persona real, sino un retrato ficticio de una señora de vida ligera a la que el pintor le ha adjudicado este nombre un poco exótico, lo cual no era inusual en la prostitución en aquella época: si alguien tenía el aspecto un poco exótico, se le ponía un nombre del Sur que sonara bonito".

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Un nombre del Sur que sonara bonito. Barcelona. Es extraño que suene así el nombre. De tanto mascarlo le hemos perdido el gusto. Y recuperarlo es igual de imposible como determinar cuándo bajó uno las Ramblas por primera vez. Parece que la Barcelona de Koch, un realista que abominaba del abstracto, fue siempre soñada. Aunque en el sueño no está sólo Barcelona. También Mercedes. Petra Versluis, del Museo de Arte Moderno de Arnhem, respondió, por su parte, a las preguntas de la señora Codina, exponiéndole lo que decía el catálogo del museo a propósito de la pintura: "El equívoco resuena incluso en el título: Mercedes significa María, pero deriva del español 'merced', que tanto quiere decir 'compasión' como 'compensación".

Ciertamente hermoso. Mercedes de Barcelona. Hermoso para la mujer sin perla. Y hermoso para cualquier ciudad. Cuando el realismo hace soñar es bueno. Cuando te lleva de una vigilia a otra aún es mejor.

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