6.000 personas acuden a una misa por el dictador

Carmen Franco, Antonio Tejero y Blas Piñar asistieron al homenaje en el Valle de los Caídos

La Basílica de Santa Cruz del Valle de los Caídos, excavada en una mole de piedra cercana al Escorial (Madrid) y en la que yacen los restos de cerca de 40.000 fallecidos en la Guerra Civil además de las tumbas del dictador Francisco Franco y del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, volvió a abrir sus puertas ayer para rendirle un homenaje religioso a estos dos últimos en forma de misa.

En el 30 aniversario de la muerte de Franco, cerca de 6.000 de sus antiguos y recientes seguidores, según fuentes de Patrimonio Nacional, que gestiona el mausoleo, acudieron a la misa de las cinco de la tarde que oficiaba el abad de la Basílica.

Pero más de un centenar de personas se quedó a las puertas del valle. La aplicación estricta del horario tal y como establece la normativa de la Ley de Patrimonio Histórico, dejó fuera a decenas de personas que acudían a participar en el acto y que no daban crédito a la circunstancia. Pronto, los ánimos se calentaron:

- ¡Esto es una vergüenza! ¿Ésta es la democracia? Estábamos mejor antes. Y aquí están ustedes, siguiendo las órdenes del cabrón de Zapatero- le gritaba un hombre de unos 50 años a un guardia civil.

- ¡La policía, con Franco no moría!; ¡La policía, con Franco no moría!-, gritaban en actitud amenazante jóvenes rapados y armados con banderas españolas con el águila desde la barrera de entrada.

Fuentes de Patrimonio Histórico aseguraron que se había seguido la normativa. "Simplemente se ha respetado el horario establecido, que obliga a cerrar las puertas a las cinco. Y se ha dejado entrar gratuitamente a todos los que han llegado media hora antes. Eso es todo".

En la puerta se coreaba el Cara al sol y los más jóvenes abogaban por cortar la carretera de acceso, mientras los coches seguían acumulándose en la puerta. A seis kilómetros de ese lugar, en lo alto del valle, la basílica estaba llena a las 17.30. La misa seguía su curso y decenas de franquistas -familias completas, jóvenes con brazaletes y botas de militar, señoras con abrigos de visón...- deambulaban por el interior luciendo insignias, banderas o recuerdos comprados a la entrada: calendarios, libros (Franco, un cristiano ejemplar), loterías...

Los asistentes más notables

Entre la una y las cuatro de la tarde, varios autobuses concertados por la Fundación Francisco Franco se habían desplazado desde la capital al valle. Entre los asistentes se encontraban Carmen Franco, hija del dictador y presidenta de la fundación, asociación organizadora del homenaje; el ex teniente coronel y participante en el intento de golpe de Estado de 1981, Antonio Tejero Molina; y el líder de la extinta Fuerza Nueva, Blas Piñar.

La noche caía sobre el valle envuelto en niebla y los asistentes abandonaban la basílica hacia las seis de la tarde. Incluso algunos, más preparados y con aire más festivo, tomaban unas copas en la puerta del templo.

En la puerta de entrada, acordonados por la Guardia Civil, seguían las decenas de personas que se habían quedado sin poder entrar coreando lemas a favor de Franco con los brazos en alto y las manos extendidas: "¡Franco!, ¡Franco!"

Por otra parte, a las ocho de la tarde, unas 2.000 personas se manifestaron en Madrid en un acto convocado por la Coordinadora Antifascista de la Capital como homenaje "a los asesinados y represaliados por un régimen terrorista y antidemocrático". La pancarta que encabezaba la marcha rezaba "Memoria, dignidad y lucha". La marcha discurrió desde Cibeles hasta la Puerta del Sol. Algunos de los lemas coreados fueron "No pasarán" y "Madrid, tumba del fascismo", informa Andrea Rizzi. Al final de la marcha se produjeron cargas de la policía contra algunos manifestantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 19 de noviembre de 2005.

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