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Reportaje:

Pero ¿quién era Franco?

Seis cineastas nacidos a partir de 1975 filman el desconcierto de su generación ante el dictador

Sus nombres: Juan Antonio Barrero, Raúl Cuevas, Guillem López, Mònica Rovira, Sandra Ruesga y Elia Urquiza. Comparten generación: todos tienen menos de 30 años. Y vocación: han elegido el cine como oficio. Los seis, además, se han embarcado en los últimos meses en un singular proyecto: un filme documental, Entre el dictador y yo, que firman colectivamente. En él, cada uno de manera individual -la película hilvana sus cortometrajes- indaga en la figura de Franco, muerto antes de nacer ellos. Pese a que no hubo intercambio de ideas entre los cineastas previamente al rodaje -algunos ni se conocían-, los seis coinciden a través de sus piezas y por distintas vías en un sorprendente desconcierto ante el generalísimo y su huella. El resultado de su trabajo es la suma de seis miradas personales, y muy originales, a los vestigios de la historia reciente no vivida, a veces ni tan siquiera contada. La cinta se estrenará el próximo 20 de noviembre, fecha del 30º aniversario del fallecimiento de Franco, en un centenar de centros culturales de toda España y en los de varios países extranjeros. Francia, Italia y Portugal, por ejemplo.

"¿Cómo es posible que yo sepa más de Pinochet que de Franco?", se pregunta Sandra Ruesga
"Para la gente de mi generación el 'Azor' no ha navegado nunca", dice Juan Antonio Barrero

Pero no únicamente los directores de Entre el dictador y yo nacieron a partir de 1975; sus artífices, desde los integrantes del equipo de producción hasta los técnicos, están por debajo de los 30 años. La propuesta de la película, financiada sobre todo por el programa Memorial Democrático, de la Generalitat catalana y producida por Estudi Playtime -empresa que se estrena con este inusual proyecto-, buscaba esa distancia generacional. "Les pedimos a seis realizadores nacidos en la democracia que representaran fílmicamente aquello que Franco les sugería, con dos límites: que en sus trabajos no usaran imágenes de archivos oficiales y que obviaran el periodo de la Guerra Civil, porque la idea era que colocaran el foco en la figura del dictador", explica Tània Balló, coordinadora del proyecto y productora de cuatro de las piezas.

A pesar de la idea de partida, la evocación de una oscura etapa de nuestro pasado, que nadie espere ver una película histórica o política. Las seis jóvenes promesas del documental -elegidas por la solidez de su incipiente producción- han optado por hurgar en su propio interior. "Lo curioso es que sin que se produjera contacto entre ellos hay un hilo conductor común: una evidente desorientación ante el personaje objeto de su filme, que procede, en parte, de los silencios sobre él que han recogido en su entorno cercano. Diría que, al final, Entre el dictador y yo acaba suscitando más preguntas que respuestas", apunta Marta Andreu, directora de Estudi Playtime.

Juan Antonio Barrero, sevillano nacido en 1980, "pianista frustrado", según propia definición, y autor del cortometraje 1939, seleccionado en numerosos festivales, abre el filme. El director recurre a una estampa contundente, la del yate Azor -destinado al asueto de Franco-, desde hace años varado en una explanada burgalesa, "no sólo como metáfora o símbolo de una época", comenta, "sino también como imagen desnuda de esa especie de viaje al absurdo que emprende el tipo que decidió arrastrar el barco desde el mar hasta la cima de una lejana montaña para convertirlo en un motel". A juicio de Barrero, que descubrió la embarcación siendo niño en un viaje con su padre a tierras castellanas y que identifica ese momento como el primer recuerdo que guarda de la existencia del dictador -"en la memoria de mi generación el Azor nunca ha navegado"-, la coincidencia en la perplejidad de los autores ante Franco "es reveladora" de las reservas con las que se ha transmitido la historia.

Sandra Ruesga, nacida en Madrid en 1975, comparte la impresión de su colega. "¿Cómo es posible que yo sepa más de Pinochet que de Franco?", se interroga. Y remacha: "Sobre la transición hay una versión única y estupenda que todavía no se puede tocar". La contribución de Ruesga -que participó en la película 200 Km, en la que 14 jóvenes directores retrataron la marcha de los trabajadores de Sintel a Madrid- a Entre el dictador y yo es una pieza valiente, en la que la realizadora descarta ponerse tras de la cámara y elige "la fuerza" de las escenas de películas domésticas donde ella, de pequeña, aparece junto a su familia en excursiones festivas al Valle de los Caídos y al cerro de San Cristóbal. La banda sonora: una estremecedora conversación telefónica con sus padres, en la que la directora les interpela y, a través de ellos, a la sociedad, sobre su mutismo alrededor del dictador. Como Ruesga, el barcelonés Guillem López, de su misma edad, emplea en su trabajo, el más poético, cintas caseras, y la pamplonesa Elia Urquiza, de 26 años, se inclina por la charla telefónica, en su caso con su abuela. Raúl Cuevas (1978) parte de una placa, con el símbolo del yugo y las flechas del régimen, que siempre ha visto clavada en la puerta de su edificio de Bellvitge, en el extrarradio de Barcelona, y se lanza en busca de otros barrios como el suyo, "vistos desde fuera, duros, feos y uniformes, pero humanizados por sus habitantes". Cierra el filme la también catalana Mònica Rovira, con un cortometraje que se apoya en el silencio como signo inequívoco de su mensaje.

Los centros donde está previsto que se proyecte Entre el dictador y yo pueden consultarse en la web www.entreeldictadoryyo.com.

Imagen de una película doméstica familiar que Guillem López utiliza en su pieza.
Imagen de una película doméstica familiar que Guillem López utiliza en su pieza.
Fotograma del cortometraje que firma Juan Antonio Barrero, en el que aparece el <i>Azor</i> varado.
Fotograma del cortometraje que firma Juan Antonio Barrero, en el que aparece el Azor varado.
Cabeza de la estatua de Franco en Santander filmada por Elia Urquiza.
Cabeza de la estatua de Franco en Santander filmada por Elia Urquiza.
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