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Reportaje:

Goles para la paz

Dos futbolistas árabes, decisivos en el sueño de Israel de ir al Mundial

Dos jugadores árabes pueden entrar en la historia de Israel como héroes de la clasificación de la selección, si finalmente se produce, para la Copa del Mundo de fútbol de Alemania 2006. Abbas Suan y Walid Badir, pertenecientes a la minoría palestina, han marcado goles cruciales contra Irlanda y Francia y contribuido a mantener las aspiraciones hasta el último momento: un punto de ventaja sobre ambos equipos a falta de una jornada. De alguna manera, sus tantos suponen también semillas de paz, señales de lo que parece hoy una utopía: la convivencia pacífica entre árabes y judíos.

"Los deportistas somos un ejemplo de que existe otro camino, el de la amistad y el diálogo. Estamos haciéndolo mejor que los políticos. La buena voluntad puede perdurar", comenta Suan sobre el éxito deportivo y social de su cuadro nacional. A pesar de su origen, Suan y Badir son ahora ídolos deportivos de muchos palestinos y judíos que salen juntos a las calles para festejar sus tantos. Sus compañeros judíos los consideran "de los nuestros" y bromean con que la única diferencia es que "conversan en árabe con la familia por el teléfono móvil".

"Los deportistas somos un ejemplo de que hay otro camino, la amistad y el diálogo", dicen Suan y Badir

Sin embargo, hablar de concordia y conciliación es peligroso en la Tierra Prometida en guerra. Los futbolistas árabes israelíes, a pesar de sus goles decisivos, son atacados por aficionados judíos extremistas en los estadios con cánticos de esquelas como "un buen árabe es un árabe muerto". Del otro lado del muro, en los campos de refugiados palestinos, son acusados recíprocamente de colaboradores con "el enemigo sionista".

Badir es el más recatado a la hora de hablar de política. Quizá, porque su vida esté marcada por la sinrazón. El extremismo judío llevó la desgracia a su familia antes mismo de que naciera. La masacre de Kafr Kassem, en 1956, es estudiada hoy por los niños en las escuelas hebreas. Los maestros enseñan que fue "un gran error del sionismo" el asesinato de 49 pacíficos residentes árabes por tropas israelíes. La brutalidad militar quedó marcada en el cuerpo de una niña de nueve años abatida con 28 balazos. Entre los muertos también estaba un abuelo de Badir.

El 4 de octubre de 2003, la barbarie de la Yihad Islámica llegó al restaurante Maxim, tradicional lugar de encuentro de los jugadores del Maccabi Haifa, entre ellos Badir. Hanadí Jaradat, una joven y guapa abogada, esquivó con una sonrisa los controles de seguridad y, poco después, explotó las bombas que llevaba adosadas a su cuerpo. Veintiuna vidas fueron exterminadas de golpe. Por suerte, los jugadores no estaban en ese momento, pero todo el equipo técnico quedó gravemente herido. Badir pudo asistir ante el televisor al testamento grabado por la suicida palestina: "Convertiré mi cuerpo en una granada de metrallas contra los sionistas colonialistas de mi país...".

Suan ganó mucha popularidad con un gesto de confraternización al dedicar "a los hermanos judíos" su gol contra Irlanda. Después del partido, dice que recibió "el abrazo de todos los compañeros" en el vestuario. Pero, eso sí, aprovechó los aplausos para expresar a "todos los israelíes": "Podemos vivir juntos, pero la mayoría judía tiene que escuchar nuestros problemas. Represento a los árabes con problemas con la tierra y la discriminación".

Suan y Badir tienen pasaporte israelí, pero son descendientes de los 150.000 palestinos que quedaron dentro de las fronteras del Estado hebreo después de la guerra de 1948-1949. Hoy, los representantes políticos de esta minoría, que ya suma 1,2 millones de personas, denuncian la discriminación en la vida política y social de Israel, judío confesional desde su creación.

De momento, lo que no hacen Badir y Suan es cantar el himno nacional. Permanecen firmes, pero en silencio. No se sienten representados por versos así: "Mientras en lo profundo del corazón palpite un alma judía...". El 20% de la población israelí tienen un corazón el que late un alma árabe y musulmana. Suan espera que "algún día el himno incorpore algo que represente a los árabes israelíes. Entonces seré capaz de cantarlo también".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005