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Tribuna:

Sahara: la herencia del patrioterismo franquista

El régimen franquista, tan patriota él, fue el responsable del precipitado abandono del Sáhara Occidental en la agonía del dictador. Como en otras partes -recuérdese el régimen de Vichy- la derecha deviene en un patrioterismo que vende los intereses del país de una manera cobarde y corrupta. Es lo que sucedió en la colonia española.

De hecho, ya antes, el ministro de Asuntos Exteriores franquista, el bilbaíno Fernando María Castiella, en su encuentro con su homólogo del nuevo Estado independiente de Marruecos, Ahmed Balafrej, celebrado en Cintra (Portugal) en abril de 1958, acordó la entrega del territorio de Cabo Juby, que España administraba en régimen de protectorado desde lustros atrás. Con ello abandonaba una zona geoestratégica muy importante para el Estado español, porque, aparte de las riquezas de su subsuelo y de pesquerías, era la plataforma continental frente a las Canarias Orientales, o sea, Lanzarote y Fuerteventura; un entreguismo que jamás hubieran hecho la República francesa o el Reino Unido. Máxime cuando, como dijo José María Cordero Torres en su obra Fronteras hispánicas, Geografía e Historia, Diplomacia y Administración (Madrid, 1960), la entrega se hizo "manteniendo la ficción del carácter marroquí de esa parte del territorio", cuando era el río Draa la frontera natural meridional del sultanato y no el paralelo 27. De hecho, los sultanes no habían ejercido durante siglos una soberanía real sobre lo rebautizaron como provincia de Tarfaya. Además, cualquiera que se moleste en ver un mapa puede observar que el cauce, casi siempre seco, del Draa, sigue siendo, aun hoy en día, durante más de doscientos kilómetros curso arriba, el límite de Marruecos y Argelia, entonces Francia. Es decir, que la República francesa no cedió. Un representante del Polisario, en mi época de parlamentario vasco, me reconoció que si no reivindicaban Cabo Juby-Tarfaya, era porque no les convenía molestar a la OUA, que no quería cuestionar las fronteras "coloniales", lo cual le advertí que tampoco era exacto porque Cabo Juby, jurídicamente, era un protectorado, no una colonia.

Si España no quiere abordar la cuestión del Sahara, el problema quedará peligrosamente irresuelto

No sólo fue una cobardía patriotera, sino una venta corrupta a los intereses de Rabat y de Washington

El Sáhara Occidental, con los territorios -jurídicamente, colonias- de Sekia el Amra y Rio de Oro, capitales El Aaiun y Villa Cisneros, respectivamente. De ahí el nombre de Frente Polisario, que dicha organización sigue ostentando con toda precisión toponímica. En lugar de llegar a una salida negociada, que hubiera supuesto para España disponer de un Estado independiente amigo frente al archipiélago canario, el Gobierno de Arias Navarro, con un jefe moribundo y con la intervención destacada del ministro Solís, la sonrisa del régimen, abandonó el territorio precipitadamente y con el rabo entre las piernas, ante la Marcha Verde organizada por el despótico monarca marroquí. Pero no fue sólo una cobardía patriotera, sino también de una venta corrupta a los intereses de Rabat y Washington. Creo que todo ese proceso no está suficientemente investigado ni, como en otras cosas de la transición, se han exigido responsabilidades. Que no haya habido interés por parte de la derecha española, se entiende, pero no por los ejecutivos socialistas. De hecho, fue en un periódico de la derecha (el Abc) donde se publicó que interesaba llegar a un acuerdo con Rabat y no con el Polisario.

Posiblemente, las hipotecas heredadas y, sobre todo, el chantaje intermitente respecto a Ceuta y Melilla han hecho mella en la debilitada posición de los sucesivos gobiernos. "Las plazas de soberanía" (antiguos "presidios") de España en el norte de Marruecos son, a causa de sus características y en sí, un problema fronterizo. Toda su vida lo es", escribía Cordero Torres. Las desde hace poco "ciudades autónomas", reivindicadas por Rabat y consideradas incluso un caso análogo al de Gibraltar, siguen siendo un problema, más allá de ser entrada clandestina de inmigrantes africanos. El conflicto de Perejil due un incidente de reclamación indirecta en este sentido.

No voy a repetir los argumentos de un reciente artículo de Antoni Segura en estas páginas, porque estoy básicamente de acuerdo. Lo que sí quisiera destacar es que si España, sus ciudadanos y su Gobierno no quieren/queremos abordar la cuestión del Sáhara Occidental en toda su globalidad geopolítica -desde el estrecho de Gibraltar hasta Cabo Blanco, pasando por la costa atlántica y, sobre todo, por la Comunidad Canaria-, el problema quedará peligrosamente irresuelto y en manos de la insaciabilidad marroquí. Comparto todo el interés sobre la cuestión de Coalición Canaria, el Ejecutivo interinsular y los cabildos orientales, a los que las demás fuerzas parlamentarias progresistas deben prestar su apoyo. En primer lugar el Gobierno central e Izquierda Unida, pero, por solidaridad nacionalitaria, las minorías nacionalistas catalanas, vascas, gallegas, aragonesas y andaluzas.

La derecha patriotera, que agita improbables fracturas del Estado y predica el unitarismo nacional, que siga presa de sus responsabilidades históricas y falta de patriotismo por no poder contar ahora con un país independiente amigo, el Sáhara Occidental.

José Luis Lizundia es miembro de número de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia y antiguo secretario del Parlamento vasco por Euskadiko Ezkerra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005