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Editorial:

Gripe aviar

La gripe aviar sigue extendiéndose y con ella el riesgo de que el virus mute y se contagie también entre humanos. Aunque los científicos estiman que el riesgo de que se produzca una pandemia es aún bajo, las proporciones que ésta podría adquirir justifican todas las precauciones. Así lo han advertido el Consejo de Europa, la OMS y la FAO. El estudio del virus que provocó la mortífera gripe de 1918, por la que murieron entre 20 y 50 millones de personas, no aporta precisamente tranquilidad. La situación actual se parece más a la de ese año fatídico que a las dos grandes epidemias de 1957 y 1968. En estas últimas, el virus aviar saltó primero a otra especie, probablemente al cerdo. En esa especie se produjo una infección simultánea de los virus de la gripe aviar y de la humana. Del intercambio genético entre ambos surgió un nuevo virus muy infectivo en humanos. Pero en la gripe de 1918 el virus pasó directamente de aves a humanos y la mutación dio lugar a una cepa muy virulenta.

Cuanto más se extienda la actual gripe aviar, mayor es la posibilidad de mutación, bien a través de otra especie, bien directamente en humanos. De momento, se han hallado aves infectadas en Rusia y otros países de Europa oriental y las últimas noticias indican que ha llegado hasta el Danubio en Rumania. Se espera que las aves migratorias sigan extendiéndola hacia Europa occidental por los Balcanes. De momento, se tiene constancia de que ha infectado algunos animales de otras especies. En humanos se han registrado 115 casos y 59 muertes, todos ellos por contagio directo de la cepa viral de las aves. No se ha registrado ningún caso de contagio entre personas, lo que indica que no se ha producido la temida mutación.

Si se produjera, la OMS estima que podrían fallecer millones de personas. Ante este riesgo, los países ricos están tomando medidas para asegurarse el suministro de tratamientos antivirales. Pero los países pobres están absolutamente desprotegidos. Más incluso que en 1918, porque, aunque ahora tenemos unos sistemas sanitarios mejor preparados, esto sólo rige para los más desarrollados. La gran movilidad actual, en cambio, favorece la expansión de cualquier epidemia, de modo que todos somos más vulnerables. El llamamiento a la creación de un fondo mundial para atajar la posible pandemia es una medida imprescindible. Hay que tratar de contener la infección en las aves, pero si salta a los humanos hay que intervenir rápidamente allí donde surjan los primeros casos. En tiempos de globalización y problemas globales, la respuesta sólo puede ser global y generosa. Aunque sea egoístamente generosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005