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Reportaje:

La lotería del 'Niño'

"No hemos perdido de milagro". Más realista que nunca, Luis Aragonés, el seleccionador español, no vaciló a la hora de titular uno de los partidos más decisivos de su carrera, quizá el que podía haberle jubilado. El técnico atinó con las palabras tras superar uno de los peores tragos de su vida futbolística, después de haber abroncado al equipo durante el intermedio. A Luis no le gustaba la actitud. Y no le faltaba razón. Si no se ilumina Torres...

Ni Luis, un cicuta reconocido que siempre ha pasado por ser un motivador, ha logrado que la selección mejore su carácter. Al igual que en la época de Sáez, España sigue siendo un equipo lleno de escalofríos, incapaz de gobernar los encuentros, ya sea por juego o por frenesí. En Heysel, al filo de la navaja, con miles de seguidores en las gradas, la selección se dejó llevar al borde del precipicio por un equipo tan plano que incluso se ha ganado el desafecto de los suyos desde hace tiempo. Incapaz de domesticar el ánimo belga, España padeció un calvario innecesario.

El acierto de Torres ante Bélgica no disimula la falta de carácter de España, que padeció mucho ante un rival en rebajas - En 14 meses al frente de la selección, Luis ha hecho múltiples diagnósticos de los defectos españoles, pero no da con la receta - San Marino ha recibido 4,2 goles de media en sus 63 partidos oficiales

Con un Mundial a la vista, muchos de los jugadores españoles se tomaron el asalto con un tembleque considerable y otros dimitieron en el autobús de ida. Sin un mínimo de adrenalina, el cuadro de Luis quedó a merced de su rival, un contrario tan rebajado que no supo sacar provecho de la palidez española. Cualquier equipo con un escalón superior hubiera desterrado a España del campeonato alemán. Ligero como es, el grupo español ni siquiera en una situación límite fue capaz de jugar con el ímpetu necesario. Nadie tocó la corneta. Y al fútbol se puede jugar de muchas maneras, con el jeroglífico táctico que se quiera, pero siempre con chicha y picante.

Nada de ello tiene esta selección, forrada de futbolistas técnicamente bien aplicados y demasiadas veces entronizados, pero dudosamente competitivos. Otra certidumbre de Luis que tampoco él mismo ha sabido corregir. En sus 14 meses al frente de la selección, el entrenador madrileño ha ido deslizando en distintos coros mediáticos los múltiples defectos que tiene el fútbol español. Que si abundan los extranjeros, que si hay poco donde elegir, que si la cultura de clubes, que si los calendarios... Un diagnóstico para el que Luis no ha encontrado la receta adecuada.

España es un equipo de plastilina, no de cuerpo entero. Y el sistema tampoco ha cuajado. Cada partido es una noria por los extremos, jugadores todos ellos inconsistentes: Joaquín, Vicente, Luque, Reyes... El equipo juega para ellos y ellos juegan muy de vez en cuando. No hay sincronía, por más que el sábado fuera el día de Reyes, que, con los belgas ya desfondados, se ventiló a un pésimo lateral como Vanden Borre para meter a España en la senda alemana. Del resto se encargó Torres, que por fin tuvo la pujanza que se espera de él, aunque haya que haber esperado 18 partidos. Su meritoria ejecución ante Bélgica aún no le hace fiable. Como no lo es el resto del equipo, al que esta vez le tocó la lotería del Niño. El miércoles, otro sorteo. De fácil pronóstico. Frente a una piña de amigos sanmarineses que desde 1988 -año de su matrícula en el fútbol europeo- jamás ha ganado un partido y ha recibido una media de 4,2 goles en 63 encuentros oficiales, puede ser el día de cualquiera. Así funciona esta España de pie delicado y alma en pena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005