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Columna
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¿Cuánta agua necesita?

No me extrañaría que la manifestación en demanda del agua del Júcar, que se celebrará mañana en Alicante, sea un éxito de asistencia. Si así fuera, no deberíamos atribuir en exclusiva el logro al Partido Popular. Es cierto que Francisco Camps ha movilizado muy bien a los empresarios y agricultores alicantinos para crear un clima de agravio social. Es una tarea que el presidente sabe hacer con solvencia y Camps ha demostrado que es un político hábil cuando se trata de jugar a la contra. No obstante, creo que el resultado de la manifestación hubiera sido otro de no mediar la colaboración de la ministra Cristina Narbona. Ha sido la conducta de ésta, sus declaraciones, su permanente falta de tacto y ¿por qué no? su displicencia, la que ha logrado indisponer a muchos alicantinos; incluso a quienes, por diversas razones, estaban dispuestos a apoyarla en un principio.

Es probable que a Cristina Narbona, convencida del mal uso que se hace de los recursos naturales en la Comunidad Valenciana, le produzca pavor nuestro desarrollo. Compartimos la preocupación de la ministra. Pero debería encontrar la manera de explicar estos temores a los valencianos y, si fuera posible, convencerles de su error. Puede que no le resulte una tarea sencilla, pero está obligada a intentarlo si no quiere que se le multipliquen las manifestaciones en los próximos meses. Además de una buena dosis de persuasión, le hará falta ofrecer argumentos y cifras a los ciudadanos; cifras, a ser posible, incontestables.

Hasta ahora no se han puesto sobre la mesa argumentos que justifiquen el cambio en el transvase del Júcar, más allá de unas cuantas consideraciones de carácter general. Hablo, claro está, de argumentos convincentes. La necesidad de sustituir la toma de agua de Cortes de Pallars por el azud de la Marquesa, no parece bastante razonada. Es probable que existan motivos para el cambio, pero lo cierto es que estos motivos no se han expuesto de un modo inapelable, de manera que la sensación que algunas personas hemos tenido es que la ministra tomaba una decisión inexplicable. Y cuando un gobernante adopta una resolución que no puede explicar, da a pie toda clase de conjeturas, por fantasiosas que éstas sean. Es lo que ha sucedido.

De momento, Cristina Narbona ha logrado que en Alicante no se hable de lo importante y que el Partido Popular continúe enarbolando la bandera del agua. Porque la cuestión de fondo no es, a mi entender, si la provincia de Alicante necesita agua que, tal como están las cosas en este momento, la necesita. La cuestión que debemos dilucidar es cuánta agua va a necesitar la provincia de Alicante en el futuro. Y sobre esto convendría que respondieran los empresarios, los agricultores y, por supuesto, los políticos. Es evidente que, con el modelo de desarrollo que se ha escogido, las necesidades de agua no harán más que aumentar en los próximos años. ¿Qué haremos entonces los alicantinos? ¿Exigiremos un trasvase tras otro? ¿Pediremos solidaridad a otras regiones para continuar nuestro imparable progreso? No es preciso ser economista para advertir que el crecimiento de una provincia no puede basarse permanente en un recurso ajeno, sobre todo si este recurso es el agua. Sin embargo, esto no parece preocupar a los representantes de la patronal, ni a los políticos del Partido Popular, mucho más reivindicativos por el trasvase del Júcar que ante la crisis industrial.

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