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Entrevista:RUSSELL CROWE | Actor

"Braddock fue el héroe de los desheredados"

A sus 41 años, el actor neozelandés Russell Crowe ha confirmado su formidable capacidad de encarnar la esencia del luchador en el cine, como ya hizo en Gladiador -Oscar a mejor actor en 2002- y en Master and Commander. Esta vez, en Cinderella Man, que se estrenó ayer -basada en el libro de Mark Cerasini, publicado por Roca Editorial en España-, supera sus anteriores papeles con una magistral interpretación de James Braddock, el boxeador norteamericano, que enderezó el rumbo de su miserable existencia con la fuerza de los puños y la nobleza de su corazón, y se convirtió en proverbial ejemplo de honestidad. Un Hombre Cenicienta, como lo había apodado el comentarista deportivo Damon Runyon, porque su retorno de la absoluta miseria en la que lo sumergió la Gran Depresión, provocada por el desplome bursátil de 1929, al gran triunfo como campeón mundial de pesos máximos evocaba una fábula.

Crowe no escatima elogios hacia el autentico Braddock, a quien considera uno de los grandes púgiles de la historia, pero, por encima de todo, añade, "un ser admirable, honesto y leal, muy devoto a su familia y amigos. Un hombre dispuesto a todo, inclusive a mendigar para mantener a su esposa y a sus tres pequeños hijos. Un verdadero ejemplo humano". Tras el éxito obtenido en su primera colaboración con el director Ron Howard en Una mente maravillosa (cuatro oscars en 2003), Crowe no dudó en volver a elegirle para narrar al mundo esta sorprendente historia. Con esta entrega, la pareja de oro ha demostrado con creces la peculiaridad de su talento.

Pregunta. ¿Por qué tanto interés en James Braddock?

Respuesta. Desde que leí el guión no pude dejar de pensar en este personaje de carne y hueso. La historia era fascinante y me caló hasta la médula. Nunca vi a Jim como al boxeador, pero sí como al gran luchador que usó sus puños para escapar de la miseria en que lo sumergió la Gran Depresión. Lo que me atrajo no fue en sí la figura legendaria del púgil, sino su honestidad, sus valores éticos y morales. Combatió con adversarios potentes como la pobreza, el hambre y la humillación, y los venció. Siempre vivió comprometido con la gente que le tendió la mano. Es una historia de sacrificio, integridad y redención. Una gran historia americana. Me tomó tiempo, pero finalmente logré convencer a Ron para que la dirigiera. Era ideal. Por su talento, su gran afición al deporte y sus conocimientos sobre aquella terrible época.

P. ¿No cree que esta película idealiza al extremo la figura de Braddock, colmado de virtudes y carente de defectos?

R. Sólo la gente que no conoce nada sobre él o que no han visto aún la película pueden afirmar eso. Es obvio que comete errores, como cuando, profundamente desesperado, dejó de acudir a la iglesia porque decía que Dios no le había ayudado ni en su carrera, ni en su vida. Pero él siempre fue, por encima de todo, un hombre decente y apreciado, considerado por todos el héroe de los desheredados.

P. La preparación física y psicológica del personaje, ¿le requirió gran tiempo y esfuerzo?

R. Durante todo un año me dediqué a repasar minuciosamente los vídeos originales de sus peleas y entrenamientos. En 1929 se usaba sólo una cámara y ésta filmaba en plano fijo. Las tomas largas, cambios de ángulo, me ayudaron a entender mejor la rapidez de sus movimientos. Revisé las fotografías de los periódicos de la época. Conversé con quienes lo conocieron muy de cerca. Usé todo el material disponible para lograr emularlo tal como había sido Braddock, y no en versión Hollywood. Para ponerme en forma físicamente me puse en manos de Angelo Dundee, que fue entrenador de campeones mundiales como Muhammad Ali. Trabajé muy duro y sin pausas. Pasaba hasta 12 horas al día con sólo los guantes y mi sudor. Pero logré perder peso y ganar esta musculatura.

P. ¿El proceso de inmersión en un personaje real como éste es diverso al de uno de ficción?

R. Es un acercamiento distinto. Un personaje real representa mayores responsabilidades. Pero las asumo siempre muy gustoso, como en este caso, o como en Una mente maravillosa. Era muy importante para mí interpretar a Braddock lo más fiel posible a la realidad y poder así mostrarles a sus descendientes el trascendental legado que les dejó: el ejemplo imperecedero de su vida. Por lo general, cuando un guión me gusta me siento listo para empezar a rodar. Ése es mi don. Pero en este caso, le dediqué todo el tiempo necesario, pues quería entender al detalle cómo se enfrentaba a sus adversarios, sus movimientos y técnicas, y encarnarlo a la perfección en sus tragedias y glorias. Y lo disfruté.

P. ¿Le agrada el boxeo?

R. Únicamente cuando hay algún púgil carismático. Cuando era pequeño estaba obsesionado con Muhammad Ali. Sugar Ray Leonard y Oscar de la Hoya eran también un espectáculo. Pero, fundamentalmente, creo que el boxeo es un deporte estúpido. Resulta tan absurdo ver a dos individuos encerrados en un cuadrilátero, sin poder escaparse, vestidos con aquellos ridículos pantaloncitos, unas cómicas botitas y enormes guantes. Y si mientras recibes una paliza te desconcentras, estás perdido. En cualquier caso, para ser boxeador se necesita mucho coraje. No tienes espacio para huir, te miran y te critican millones de personas apasionadas y, al final, uno de los dos púgiles sufrirá la vergüenza del fracaso. Se necesita mucha autoestima para afrontar la derrota y la humillación ante toda esa gente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005