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Reportaje:CINE DE ORO

'Gran Hotel'

EL PAÍS presenta mañana, por 8,95 euros, un filme clásico plagado de estrellas

Desde sus inicios, la MGM (Metro Goldwyn Mayer) se autodeclaró la más importante productora de cine del mundo. Todo ello bajo el manto y mando de su dios terrenal: Louis B. Mayer. Y es la MGM quien establece a su más alto nivel el star system. Lo establece y lo practica. Es la productora con el más reducido plantel de actrices y de actores con contrato fijo, a gran distancia de las otras productoras, y presumía de que en este reducido plantel de actrices y de actores habían conseguido reunir a las más grandes figuras del cine. Unas figuras ya bautizadas como "estrellas".

Esta delirante soberbia fue calificada por el muy agudo escritor Scott Fitzgerald, parodiando las siglas de la productora como "Metro Goldwyn Manners", expresión que se hizo muy popular como sinónima de "delirios de grandeza".

Hasta la Segunda Guerra Mundial, para Estados Unidos cualquier evocación del lujo y de la elegancia se ubicaba siempre en Europa, y ello se evidenciaba de manera muy particular, y en ocasiones ridícula, en el cine. Quien mejor le proporcionó al cine lujosos temas europeos fue la denominada "novela cosmopolita". A decir de Jardiel Poncela, los lectores de este tipo de novela gozaban leyéndolas, pues así ellos también se hospedaban en grandes hoteles, viajaban en transatlánticos de lujo o dormían en coches cama de un Orient Express o del Transiberiano. Y una de las escritoras más representativas de la "novela cosmopolita" era la vienesa Vicki Baum, quien intuyendo la tragedia que se avecinaba en Europa huyó a Estados Unidos. Su más famosa novela, también convertida en pieza teatral, era Gran Hotel. Y, naturalmente, la Metro Goldwyn Mayer se adelantó y compró los derechos de su adaptación al cine. El encargado de convertirla en guión fue William Drake, con diálogos adicionales de la siempre efectiva Frances Marion.

Aunque quien en verdad había aconsejado comprar los derechos de Gran Hotel, de Vicki Baum, fue Irving Thalberg. Un Irving Thalberg joven culto y refinado, ya eminencia gris de la MGM, quien ante el asombro de todos se había convertido en la cabeza pensante de Louis B. Mayer. Y fue Irving Thalberg -hoy ya nadie lo niega- quien terminó dándole a la productora del rugido del león esa ensoñación del lujo que hizo soñar a los espectadores de medio mundo. Lo único a lo que se vio obligado Irving Thalberg fue a casarse con la estrella más virginal de la Metro, con Norma Shearer. Aunque a decir de Scott Fitzgerald, amigo de Irving Thalberg, al igual que otros casamientos de dentro de la MGM para así conservar la deseada moralidad del muy religioso Louis B. Mayer, el de Irving Thalberg fue uno más entre los muchos "matrimonios en blanco" de aquel entonces.

La propuesta de Irving Thalberg para convertir Gran Hotel en la película por excelencia de la MGM en aquel año de 1932 dejó a todos atónitos. Su propuesta era que, por primera vez, se lanzara al mercado una película con un reparto de cinco primerísimas estrellas de la MGM: Greta Garbo, Joan Crawford, John Barrymore, Wallace Beery y Lionel Barrymore. Las múltiples historias entrecruzadas de Gran Hotel permitían, según Thalberg, tan insólito reparto. Y así se hizo bajo la bendición de Louis B. Mayer.

El Gran Hotel seguiría ubicado en Berlín, en un Berlín aún sin Hitler. Y éstos eran sus personajes: La Grusinskaya, diva rusa del ballet clásico (Greta Garbo); Flaemmchen, simple taquígrafa por horas (Joan Crawford); el barón Von Gaigern, arruinado, ladrón de guante blanco (John Barrymore); Preysing, vulgar hombre de negocios (Wallace Beery), y Kringelein, un pobre contable, desahuciado por los médicos, que decide invertir sus ahorros pasando sus últimos días de vida en un lujoso hotel (Lionel Barrymore).

Estos personajes, entrelazados con suma habilidad por Vicki Baum y muy bien manejados a nivel cinematográfico por William Drake, un profesional del guión, parecían unas bazas más que seguras para originar una película de éxito.

Mucho se discutió sobre a qué director se iba a colocar al frente de esta película. Finalmente se optó por Edmund Goulding por estar considerado un director de actores. De la cámara se encargaría William Daniels, siempre tan ágil como eficaz, y de la elegancia ambiental, Cedric Gibbons.

Y se preguntarán qué resultados dieron tantas propuestas sopesadas hasta en los más mínimos detalles. La respuesta se nos aparece hoy evidente, 73 años después. Al ser Edmund Goulding un director de origen teatral, famoso como director de actrices y de actores, le fue imposible durante todo el rodaje entenderse con Greta Garbo, por una elemental razón: Greta Garbo no era, ni lo fue nunca, una actriz al uso; era otra cosa, era un fenómeno exclusivamente cinematográfico, un fenómeno que se produjo a la manera de un milagro, al aparecer su rostro en una pantalla por obra y gracia del realizador sueco Mauritz Stiller. Ya en Hollywood, el realizador con quien la Garbo se sentiría más segura fue con Clarence Brown. Lo que no la impidió estar sublime junto a directores de los llamados "intelectuales" como Rouben Mamoulian, George Cukor y Ernst Lubitsch.

Ahora bien, en su momento y día, ningún crítico se atrevió a afirmar que, en Gran Hotel, Joan Crawford eclipsa a Greta Garbo. Incluso quien, como Percy Hammond, del New York Herald Tribune, algo se atrevió a insinuar, tuvo de inmediato que rectificar. Tal era el poder entonces de la MGM.

Lo que sí quería Louis B. Mayer era que en Gran Hotel quedara patente la personalidad y manera de actuar de estas cinco grandes figuras de la MGM. Y, si hacemos excepción de Greta Garbo, ello sí queda patente, e incluso exageradamente patente en Wallace Beery y Lionel Barrymore.

Quien figura, en breves apariciones, como doncella de Greta Garbo es la actriz italiana Rafaela Ottiano, por la que Federico García Lorca sentía una muy especial admiración y a la que había conocido personalmente en casa de Agustín Figueroa.

Y para finalizar, un curioso comentario: en 1936, la Warner Bros. pagó una buena cantidad a la MGM por el traspaso de Edmund Goulding. La Warner Bros. afirmaba: "Necesitamos tener en reserva un buen director de intérpretes. La actriz ya la tenemos". Era Bette Davis, quien con Edmund Goulding realiza Dark Victory (Amarga victoria), The Old Maid (La solterona), The Great Lie (La gran mentira)...

Otros tiempos, otros cines, otras actrices, otros actores, otros públicos...

Un palacio 'art déco'

Gran Hotel se realizó en 1932. Sus principales intérpretes fueron Greta Garbo, Joan Crawford, John Barrymore, Wallace Beery y Lionel Barrymore. Director: Edmund Goulding. Productor: Irving Thalberg. Guión: William Drake y Frances Marion, basado en la novela de Vicki Baum. Fotografía: William Daniels. Director artístico: Cedric Gibbons. Obtuvo el Oscar a la mejor película en 1933.

James F. Willis señalaba: "Quizá la obra cumbre de Gibbons sea Gran Hotel, donde diseñó todo un palacio art déco para dar vida a la creación de la escritora Vicki Baum. En un plano general memorable, el espectador puede mirar hacia abajo, a través del centro del edificio, y pasar seis hileras circulares de habitaciones y pasillos, vislumbrándose el vestíbulo principal mucho más abajo". En palabras de Mordden (1988), era "una torre de Babel de la era del jazz".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005

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