Reportaje:

Formación, la asignatura pendiente

Un informe de la UE apunta al bajo nivel de formación como lastre para las industrias tradicionales valencianas

Aumentar el nivel de formación del mercado laboral valenciano y mejorar la productividad son las asignaturas pendientes de la industria tradicional valenciana. El bajo nivel de formación de empresarios y trabajadores del sector industrial supone un lastre ante la competencia de otros países con mano de obra más barata y en muchos casos nivel de formación superior. Este es el caso de los nuevos países de la Unión Europea. "No sólo tienen mano de obra más barata, sino que tienen un nivel medio de formación muy superior que el nuestro", afirma tajante Joan Romero, profesor de la Universitat de València y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local.

El tercer Informe de Cohesión Económica y Social de la Unión Europea revela que el 63,7% de los trabajadores valencianos posee un nivel de formación bajo, equivalente a educación primaria. Los trabajadores con nivel medio, formación profesional o secundaria, que es el mejor adaptado para la industria, sólo representan el 15,9%. Por último, la población activa con una formación superior alcanza el 20,4%.

Las ayudas de la UE para la Comunidad en formación son de 932 millones de euros

La comparación con países como Polonia, donde el 68,3% de los trabajadores posee un nivel de formación medio y sólo el 19,1% tiene un nivel bajo, resulta reveladora. "Se deben acometer medidas en materias de formación, investigación, desarrollo, las industrias tradicionales están perdiendo competitividad", comenta Romero.

El problema de la falta de formación no es nuevo. De hecho, los fondos estructurales europeos destinados a la Comunidad Valenciana para el periodo 2000-2006 ya establecieron medidas para tratar de paliar esta situación. Los ejes con mayor dotación presupuestaria fueron, por este orden, el desarrollo de los recursos humanos, con 932 millones de euros; la mejora de la competitividad, dotado con 670 millones, y la investigación y desarrollo, con algo más de 507 millones. Sin embargo, estos fondos no han conseguido sus objetivos. Tanto el nivel de formación de los trabajadores valencianos como las dotaciones para investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) han aumentado de forma muy escasa. En este sentido hay que recordar que la Comunidad Valenciana perderá a partir de 2007 parte de estas ayudas al dejar de ser considerada como Objetivo 1 de los fondos.

Estos datos no son baladíes si se observa la dificultad para reengancharse a la vida laboral sin un nivel de formación adecuado. Según datos del INE, sólo el 6,1% de los trabajadores con un nivel de formación bajo lo consigue, mientras que el porcentaje aumenta hasta el 30% en aquellos con un nivel medio.

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Todo esto es más importante si se tiene en cuenta la precaria situación de la industria valenciana. Si, en general, el último Anuario Económico de España publicado por La Caixa situaba a la Comunidad Valenciana en una buena posición económica -es la cuarta comunidad, con un 10,8% en el índice de actividad económica-, la situación de las localidades ligadas a la industria no es tan positiva. Alcoi, de tradición industrial textil, ha perdido en cuatro años dos puestos en los niveles económicos. Esto significa una pérdida real de unos 2.000 euros de renta disponible (ingresos descontados los impuestos y la cotización a la Seguridad Social) al año por habitante. Datos similares se reproducen en poblaciones de tradición zapatera.

En Elda, la renta media por habitante ha caído hasta los 9.000 euros por año, lo que supone situarse en el nivel de riqueza 3, dos puestos por debajo del conjunto de la Comunidad. Además, el paro ha aumentado desde 2001 dos puntos porcentuales y medio, sobre todo en el sector de la industria, donde los desempleados han pasado de 124 en 1999 a cerca de 1.600 en 2004.

Otro de los grandes problemas de la industria tradicional valenciana es la pérdida de competitividad, a pesar de las ayudas europeas. Según el informe anual de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) la productividad en la Comunidad Valenciana está en declive. Si en 2001 se situaba en torno al 1,4%, en 2004 se produjo un retroceso de cuatro décimas con respecto al año anterior. El valor añadido bruto (VAB), otro de los indicadores determinantes, también muestra signos de preocupación. Si en 2000 crecía a un ritmo del 5%, en 2004 sólo se aumentó un 2,9% y la previsión de Funcas para 2005 es de un 2,6%.

"El problema de la industria en la Comunidad Valenciana debería tener una atención prioritaria, ya que en ocasiones se trata de comarcas enteras en crisis", sugiere Romero. En la comarca del Vinalopó Medio, más del 51% de la población activa trabaja en el sector de la industria, cosa que ocurre en otras comarcas de tradición industrial como l'Alcoià. Para Romero, son necesarias mejoras en los campos de la formación, el I+D+i y las redes de distribución. "Estos problemas no son fáciles de resolver a corto o medio plazo, pero sí se pueden realizar, como ya se está haciendo en el norte de Italia, medidas para intentar solucionarlos", afirma Romero.

A pesar de la aparente buena situación de la economía valenciana, no se puede caer en una falsa euforia. La construcción, que empieza a mostrar signos de ralentización, es en estos momentos el motor de la economía valencia. Para Romero, "esta situación oculta debilidades estructurales en algunos sectores de la agricultura y especialmente en la industria".

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