Reportaje:PERSONAJE

Zidane ve la luz en California

Los técnicos del Real Madrid estudian devolver al francés a la media punta, su lugar natural, abandonado desde que dejó 'la Juve' en 2001

Arrigo Sacchi estaba nervioso ayer en Santa Mónica. Regresaba a Los Ángeles por primera vez desde la final del Campeonato del Mundo que perdió como seleccionador de Italia, el 17 de julio de 1994. Al llegar al hotel, preguntó por la fecha: eran las 12 de la noche del 17 de julio. Le sobrecogió un sentimiento supersticioso. Repasó en un segundo los años transcurridos. Pidió las llaves de su habitación y se apresuró a comprobar el número: 417. Al fondo, en la terraza, junto a los muelles, sonaban una tras otra todas las canciones de Cole Porter. Y Zidane, como un paseante accidental, miraba el paisaje ajeno a las sofisticaciones, con los ojos profundos de un sonámbulo. Cansado de viajar en avión, pero feliz por haber recobrado su lugar natural en el terreno de juego: la media punta. Porque, al menos durante los 45 primeros minutos contra el Chivas de Guadalajara el sábado en Chicago, el jugador francés hizo de sí mismo. Este partido, con el que el Madrid estrenó su pretemporada, acabó con su triunfo por 3-1, con tantos de los canteranos Mejía, Guti y Soldado.

"Ponerle en la banda es castigarle, y nos ha pedido un cambio", dice Arrigo Sacchi

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Antes de despegar de Chicago hacia California, Arrigo Sacchi, en calidad de director de fútbol del Madrid, había explicado la situación del jugador: "El mejor fichaje que podemos hacer es recuperar el entusiasmo de Zidane. En su puesto es el mejor del mundo y no podemos seguir castigándole. Ponerle en la banda es castigarle porque le obligas a recorrer mucho campo defendiendo. Tiene que hacer un esfuerzo demasiado grande y nos ha pedido un cambio".

Desde que dejó la Juve, en 2001, Zinedine Zidane no ha jugado en su puesto de forma continuada. Los técnicos le han ido desplazando a la banda izquierda en un camino sin salida. Pegado a la raya, ha repartido los partidos entre la persecución de adversarios y, cuando le quedaba oxígeno, la coordinación de las jugadas del Madrid partiendo desde una posición desfavorable para un administrador general como es él. Contra el Chivas se vio la que puede llegar a ser su última temporada en activo. Con espacio a su alrededor, se despliega como un pavo real.

"En el medio veo mejor el fútbol", dice Zidane a menudo. Y, siempre, agrega: "Pero jugaré donde me manden". El jugador francés asegura que nunca en su carrera se ha declarado en sedición. Pero no le han faltado razones. Su caso es el del caballo de carreras empleado en tirar del arado.

Zidane lanza mensajes con sutileza diplomática porque sabe que las reglas del juego fuera del campo son las reglas de la política. Hay demasiada gente presionando por ocupar un espacio limitado. De momento, Vanderlei Luxemburgo, el técnico madridista, parece convencido de dar un giro a la situación. En el único entrenamiento que ha hecho el Real Madrid en toda la gira, el viernes, el técnico se apartó con Zidane a un costado del campo. Sentados sobre la hierba del estadio Soldier Field, el jugador y el entrenador hablaron como dos excursionistas de pic-nic, mientras el resto de la plantilla hacía un rondo. Luxemburgo efectuaba gestos con las manos para explicar su idea. El francés argumentaba la suya. Parecía claro que el asunto a debate marcaría el futuro de la temporada del Madrid. Pero hay que experimentar. Y hay que hacer política.

"Yo quiero jugar con tres pivotes", dice Luxemburgo. "Aunque Beckham no sea pivote. No importa. Sólo es cuestión de que se coloque bien cuando el equipo no tiene la pelota, centrándose un poco, o haciendo la cobertura a Michel Salgado cuando sea necesario...".

El técnico, que fue seleccionador de Brasil, está convencido de que su país es "el primer mundo del fútbol". Como Brasil juega con tres centrocampistas, dice, lo mejor es que el Madrid implante lo mismo. Nada de extremos. "En 1970", explica; "se usaban extremos porque los laterales no estaban físicamente tan bien preparados para subir como en la actualidad. Hoy Brasil juega al contragolpe. No ataca siempre. Espera en su campo muchas veces. Así aprovecha la velocidad de sus delanteros".

La tesis luxemburguiana se inspira en la final de Pasadena de 1994. Allí Brasil se impuso a la Italia de Sacchi con Mazinho, Dunga y Mauro Silva en el medio campo. Por delante, Zinho armó el ataque. Hoy, aunque Figo, Raúl y Guti se disputan el puesto del armador, el que tiene preferencia, de momento, es Zidane. Lo atestiguan los hechos. Lo anuncia la magia. Ayer fue 17 de julio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 17 de julio de 2005.

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