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CARTAS AL DIRECTOR

Anclado en el pasado

Presidente de la corporación empresarial ONCE

A algunas personas les gusta utilizar la estrategia del calamar: llenan de tinta los periódicos para ocultar sus propios problemas. Los datos de la ONCE son claros, transparentes, se publican en el BOE y en los registros públicos correspondientes, y están verificados por la Administración General del Estado por medio del Consejo de Protectorado, algo que el señor Durán trata siempre de esconder para enmascarar los resultados durante su mandato.

Y sigue sin tener demasiados conocimientos de contabilidad. Los importes que él comenta de 414 millones de euros como valor de los inmuebles de la ONCE en 1992 (su último ejercicio económico completo al frente de la dirección general) y los 716 millones de euros como valor de los inmuebles en 2004, cuando él ya no está en la dirección de la institución, se corresponden con el importe invertido por la ONCE y sus empresas, a precio de coste del momento de la compra. Obviamente, el valor del mercado, el que obtendrían la ONCE y sus empresas si ahora vendiera algún inmueble, es mucho mayor, y fácilmente puede superar los 1.000 millones de euros, es decir, más del doble que en 1992.

Respecto de las ventas de juego, en el año 1992 fueron de 1.926 millones euros, y en 2004 han sido de 2.263 millones de euros. A pesar de la fuerte saturación que sufre el mercado y la madurez de los juegos de tipo pasivo, los datos de ventas actuales son claramente superiores a los de 1992. España entró en el euro en 2002, pero alguno sigue anclado en el pasado remoto y parece desconocer este hecho y sus consecuencias en la sociedad española.Y además debe de ser el único afiliado de la ONCE que no se alegra de que podamos contar con un nuevo instrumento comercial, y esto debe ser así por los intereses a los que ha venido representando. La práctica unanimidad de afiliados de la ONCE están satisfechos con la concesión del Gobierno de poder vender un nuevo juego, la lotería instantánea, imprescindible para poder seguir prestando la labor social que realiza en beneficio de las personas con discapacidad, que en España alcanza los 3,5 millones de ciudadanos.

La ONCE no engaña a nadie, a pesar de quien trata de extender cortinas de humo porque está más pendiente de sus problemas que, créanme, no son pequeños. Y la ONCE no quiere entrar en más polémicas porque esta institución de 67 años está por encima de las personas que la dirigen o la han dirigido. La ONCE es un ejemplo de integración social y laboral en el mundo. Un modelo que muchos países tratan de imitar. El problema no es quien lanza la piedra y esconde la mano, sino quienes todavía le siguen haciendo el juego, esperando no se sabe qué recompensa.

Por último, la mayoría de los afiliados de la ONCE vemos con mucha tristeza que algún miembro perteneciente a la misma, a la que tanto debe, trate de perjudicarla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005