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Tribuna:CUMBRE SOBRE ANTISEMITISMO EN CÓRDOBA

España y el antisemitismo

El autor valora los esfuerzos de España para erradicar este fenómeno, que considera como una "enfermedad" netamente europea.

A propuesta del ministro Moratinos, Córdoba albergará los próximos días 8 y 9 de junio la tercera Conferencia Internacional sobre Antisemitismo y otras formas de intolerancia, organizada por la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

La OSCE, que comprende 55 países de Europa, Eurasia y América del Norte, se ha convertido en los últimos años en uno de los vehículos más efectivos para la cooperación internacional y la coordinación multinacional frente al agudo problema del antisemitismo, aún lamentablemente tan arraigado en Europa. Hasta el presente, la OSCE ha organizado ya dos importantes conferencias internacionales, en Viena en el 2003 y en Berlín en el 2004. Ahora le llega el turno a España.

Combatir esa enfermedad llamada antisemitismo, ya sea en su versión "original" -viejo antisemitismo- o en su versión "actualizada" -nuevo antisemitismo o nueva judeofobia-, constituye una tarea ardua y larga. No hay atajos ni soluciones instantáneas. Y expresémoslo sin ambigüedades: el antisemitismo es par excelence enfermedad europea y es, por tanto, obligación europea primordial encontrarle los remedios adecuados para erradicarla.

España, en los últimos años, ha dedicado no pocos esfuerzos para afrontarlo. Los primeros y precursores actos oficiales conmemorando el Holocausto que se han llevado a cabo en la Asamblea de la Comunidad de Madrid en los últimos cinco años son dignos de encomio y reconocimiento; las declaraciones de condena explícita del antisemitismo de la ex ministra Ana Palacio en el seno del Consejo de Ministros en Bruselas; la decisión histórica del actual Gobierno de institucionalizar oficialmente el Día de la Memoria del Holocausto, para conmemorarse anualmente el 27 de enero (día de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz), seguido por el emotivo acto de conmemoración en el congreso bajo la presidencia de Manuel Marín y, unos días después, igual de emotivo, en la Asamblea de la Comunidad de Madrid con la presencia de Esperanza Aguirre; la numerosa delegación española encabezada por el ministro Moratinos a la inauguración del nuevo Museo del Holocausto Yad Vashem en Jerusalén; y el significativo viaje del presidente del Gobierno Zapatero al campo de concentración de Mauthausen. Todo ello desembocará en estos días en la Conferencia de Córdoba.

Pero el olvido, la ignorancia y el prejuicio proveen tierra fértil para el antisemitismo y la banalización o negación del Holocausto. "Trivializar la Shoa es la forma eficaz hoy de reivindicar el nazismo", nos dice Gabriel Albiac.

Asimismo, el empleo de la terminología nazi para definir aspectos de la política israelí actual, no sólo hiere profundamente los sentimientos de los miles de sobrevivientes de los campos, sino que linda en incitación. El nuevo antisemitismo -que entre otras hace de Israel y sus tanques "judíos" el centro de la acusación de todos los males del conflicto que vivimos en el Próximo Oriente, y nos convierte, convenientemente, de víctimas en verdugos- es "políticamente correcto". Más aún: circula libremente en los medios de difusión masiva y sienta las bases para una futura ilegitimación del Estado Judío. Joan B. Culla, en su nuevo libro, La tierra más disputada, se pregunta retóricamente: "¿No es comprensible que en el Viejo Continente, la descripción reiterada de Israel como un Estado seminazi de esencia criminal, lleve a través de la asimilación entre israelíes y judíos hacia actitudes, discursos y acciones abiertamente antisemitas?".

En la España de hoy, efectivamente, continúan resurgiendo expresiones y actos de antisemitismo a diferentes niveles de gravedad, aun cuando todos deben ser recriminados y repudiados.

El Departamento de Estado de Estados Unidos, en su informe sobre El antisemitismo global de 2004, en el capítulo sobre España menciona más de 10 actos calificados como antisemitas, incluyendo, entre los más reprobables: en Barcelona, la profanación -dos veces- de un monumento que conmemora el Holocausto; en Madrid, en el estadio Calderón, en el evento entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, espectadores portando emblemas nazis enarbolaron una gran pancarta en la que se leía: "Judíos bastardos"; en Toledo, la estatua de Samuel Haleví, el famoso tesorero del Medioevo, fue vandalizada y quemada; en Melilla, miembros de la Comunidad, incluyendo un indefenso anciano, fueron atacados un sábado a la entrada de la Gran Sinagoga; en Barcelona, pintadas con eslóganes antisemitas en alemán en las paredes de la sinagoga reformista; en Oleiros (A Coruña), el alcalde desplegó un gran anuncio público en el que se leía: "Sharon asesino. Stop a los nuevos nazis".

A ello podemos agregar las palabras del impostor Enric Marco en el Congreso de los Diputados, comparando con total descaro los campos de concentración nazis a los campos de refugiados palestinos. Recientemente, el manual Republicans i republicanes als camps de concentració nazis establece un aberrante paralelismo entre el Holocausto y la Valla de Defensa de Israel ("Muro de la Vergüenza", en la versión original del manual, ahora en proceso de ser modificada).

Conocemos el diagnóstico, vivimos la enfermedad y la pregunta es: ¿cuáles son los remedios más adecuados para la prevención y combate contra el antisemitismo? Consideramos tres prescripciones básicas: el recuerdo, la ley y la educación.

En primer lugar, continuar preservando por todos los medios y actos posibles la memoria del Holocausto, resaltando su unicidad y su singularidad. Creemos que es deber de los líderes políticos dar ejemplo y continuar machacando hasta el cansancio un claro mensaje de las lecciones de Europa y los judíos. Después de todo, son los líderes políticos, a través de sus acciones -o de la falta de ellas- los que establecen las agendas nacionales.

Además, los Gobiernos deben emplear todos los instrumentos jurídicos a su disposición, instituyendo leyes contra actos antisemitas, contra la incitación a la intolerancia racial y contra aquéllos que profanen cementerios, sinagogas o individuos identificados como judíos. El lema debe ser: tolerancia cero con el antisemitismo.

Y asimismo, debe llevarse a cabo un mayor esfuerzo sistemático de pedagogía social, educar a las nuevas generaciones, desarrollar programas pedagógicos curriculares y promover visitas de jóvenes a los campos de exterminio.

Guardamos la certeza de que el marco de la OSCE es el adecuado para establecer y coordinar estrategias a corto y largo plazo para combatir globalmente el antisemitismo a escala internacional.

Y por todo ello, la iniciativa española de llevar a cabo el congreso en tierras españolas y con la presencia de Su Majestad el rey Juan Carlos, no puede merecer más que aplausos.

Víctor Harel es embajador de Israel en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005