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Bruselas y Pekín negocian contrarreloj una tregua para la guerra del textil

La industria europea acusa a China de competencia desleal y de desplomar los precios

Bruselas y Pekín acordaron hace 10 años eliminar las cuotas al textil chino a partir del 1 de enero de 2005. Se creyó así tejer unas relaciones "más armoniosas para el futuro". Ahora, llegado el momento, la industria europea vive con angustia una invasión de productos chinos que, asegura, se venden a precios que no cubren ni sus costes de producción, lo que ha generado una importante batalla comercial. Bruselas admite que Europa pecó de ingenuidad al firmar el pacto y ambas partes negocian contrarreloj una tregua mientras se amenazan con sacar la artillería pesada.

China asegura que sus exportaciones textiles han aumentado sólo un 15,6% en los cuatro primeros meses de este año respecto al mismo periodo de 2004 y que hay una cierta desaceleración a medida que avanza el calendario. La UE, sin embargo, ha detectado un aumento de importaciones mucho mayor en al menos nueve categorías de productos en los tres primeros meses del año. La importación de jerséis ha crecido un 534%; la de pantalones masculinos, un 412%, y la de blusas, un 186%.

Los expertos dicen, además, que no se detecta desaceleración alguna y la industria asegura estar perdiendo cada día entre 750 y 1.000 puestos de trabajo en un sector ya muy castigado por la reestructuración.

Con datos fidedignos de abril de dos de las categorías que Bruselas analiza con lupa, el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, ha lanzado un ultimátum a Pekín: o controla sus propias exportaciones o limita de forma unilateral la entrada de esas dos categorías: las camisetas, que han aumentado un 187% de enero a abril de este año respecto al anterior y han obligado a reducir incluso la producción en algún país, como Portugal, y el hilo de lino, que ha aumentado un 56% y ha reducido la producción europea un 25%.

Una cláusula de salvaguarda suscrita en 2001 ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) permite a Europa imponer restricciones transitorias (aumento máximo del 7,5%) a las importaciones chinas de ambos productos. Pekín tiene hasta el día 11 para evitar, colaborando, tal imposición. Mientras, Bruselas podría lanzar en los próximos días más ultimatos en el mismo sentido respecto a las otras siete categorías investigadas.

Las negociaciones entre Pekín y Bruselas son permanentes. Ayer mismo hubo un nuevo contacto entre Peter Mandelson y su homólogo chino, Bo Xilai. "Seguimos pensando que la mejor solución es la negociada", insiste la portavoz de Mandelson, Claude Veron.

"Estamos hablando cada día; cada hora", dice la Comisión, para la cual el anuncio del Gobierno chino de no imponer nuevas tasas a sus exportadores, como había prometido, ha sido un jarro de agua fría. "Bueno, yo creo que se ha sobreestimado tal anuncio", la portavoz de Mandelson. "Su repercusión real en los precios es mínima. Es un gesto propio de negociadores tan duros como los chinos".

La industria teme que cualquier solución llegue demasiado tarde. Tras una reconversión que ha costado un millón de empleos en una década, la sangría sigue siendo enorme y el cierre empresarial y las deslocalizaciones hacen estragos. "El problema para nosotros no es tanto la cantidad de productos chinos como sus precios", dice Francesco Marchi, director de asuntos económicos de la patronal Euratex. "Los chinos ni siquiera cubren sus costes de producción. El problema es que apenas tenemos pruebas todavía, pero sabemos que el sistema bancario chino es distinto, lo que permite a los productores chinos altos niveles de endeudamiento y evitar las quiebras, entre otras cosas. Es evidente que nos hacen competencia desleal".

Autorregulación

Un dólar caro en el mercado internacional que frena las exportaciones europeas y el tamaño pequeño y mediano del tejido industrial europeo empeora la situación. "La única solución es que China autolimite sus exportaciones", dice Marchi, "y que fomente un aumento de los precios".

La cuestión de los precios merecería un análisis profundo, pues Eurotex asegura que no son los consumidores los que se están beneficiando de la caída, sino los exportadores y los grandes distribuidores. Marchi dice que muchos productos han reducido sus precios hasta un 25% (un 36% las camisetas, según la Comisión), pero que los precios finales sólo se han recortado una media del 1,5%, dato que coincide de forma aproximada con los indicadores de Eurostat.

Si este sábado no hay acuerdo, Bruselas pedirá permiso a los países miembros de la UE para imponer las restricciones a las camisetas y el hilo de lino, una medida que podría estar en marcha este mismo mes y duraría hasta diciembre. Pero antes de eso, dice una fuente de la negociación, todas las posibilidades están abiertas. Mandelson ha proclamado públicamente su interés en que este asunto no empañe las relaciones bilaterales con el gigante asiático.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005