TENIS | Rafael Nadal, campeón del torneo de Roland GarrosColumna
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Un gladiador que revitaliza el tenis

Parecía que sólo Federer podía dominar la clasificación mundial y, de golpe, el tenis ha descubierto la presencia de un gladiador que va a rivalizar con él y va a revitalizar este deporte. Rafael Nadal ofrece una imagen diametralmente opuesta a la del jugador suizo.

Federer tiene una calidad incuestionable, pero todo en él parecía demasiado inmaculado, demasiado correcto, demasiado frío. Daba la sensación de que ganaba los partidos sin despeinarse, sin ensuciarse, sin épica. Y tal vez ya comenzaba a ser un poco aburrido. Ahora, en cambio, Nadal revoluciona todos estos conceptos. Él no tiene miedo al ridículo, se bate de principio a fin, lucha por cada bola, corre hasta la silla de los árbitros de línea y no tiene ningún problema en tirarse por el suelo si en ello le va devolver una pelota.

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Su actitud, su garra, su generosidad con los rivales, su forma de jugar y de luchar, su carisma dentro y fuera de la pista... Eran conceptos que se habían perdido un poco y que resultaban imprescindibles para que el tenis volviera a hacer palpitar los corazones de los aficionados. La aportación de Nadal resulta crucial. Y su victoria en Roland Garros potencia su imagen a límites aún insospechados. Ayer, frente a Mariano Puerta, precisó de toda su energía porque el argentino jugó a un altísimo nivel y a punto estuvo de forzarle a una quinta manga en la que todo habría podido ocurrir.

Nadal comenzó la final tenso porque acusaba la incomodidad de tener que jugar contra un zurdo, los problemas que siempre crea un día ventoso y el parón al que le obligó Puerta cuando pidió asistencia con 15-40 en el quinto juego de la manga inicial. No sólo perdió aquellas dos bolas de break, sino que le costó coger el ritmo del partido. Se sentía mal, incómodo, No encontraba su lugar en la pista. Y tuvo que salvar todas estas dificultades con su voluntad inquebrantable, su actitud siempre positiva, la garra que le distingue y su generosidad en el derroche físico. Logró ordenar el partido.

Pero siguió comprobando la dificultad que supone para un zurdo enfrentarse a otro. Los dos se abrían ángulos hacia la banda izquierda de la pista con bolas muy rápidas y bajas, algo que nunca puede hacer un jugador diestro, que las tira más liftadas y altas. De esta situación solía salir favorecido Puerta, que obligaba a Nadal a escorarse dos o tres pasos más de lo habitual, lo que le creaba problemas luego para llegar bien a pegar el revés al otro lado de la pista. Le costó cerrar bien esos espacios.

Puerta se dio cuenta, tras pedir asistencia médica, de que no podría llevar su físico hasta el límite y decidió salir a pegarlo todo. Allí encontró una manera de hacer hueco en el juego de Nadal. Pero era muy difícil mantener aquel nivel de aciertos, jugando al límite, frente a las embestidas del mallorquín. Y, poco a poco, Puerta fue sucumbiendo a la cruda realidad. Nadal pasó a dominar el partido. Pero el suramericano siguió siempre amenazante y volvió a crearle serios problemas en la cuarta manga, en la que, tras haber dado varios avisos iniciales, dispuso incluso de tres bolas de set.

Aquellos fueron los mejores momentos del partido. Pero incluso en las más difíciles adversidades, con la presión en lo más alto, Rafa supo estar a la altura de las circunstancias. Se agarró a sus propios esquemas de juego, a su sistema, y se impuso al mejor Puerta. Es un gran jugador. Un tenista que sobrepasa los límites de este deporte y que abrirá las puertas del tenis a muchos nuevos aficionados.

Josep Perlas es entrenador de Guillermo Coria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de junio de 2005.

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