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COLUMNA

Soledad

Es mentira que la soledad sea llevadera. Sirve si la eliges. Si no, es un látigo. En el silencio la soledad puede ser un rumor insoportable. Hay un momento en que su eco retumba como la historia, y entonces te refugias en el hueco del ruido, entras en él despavorido, buscando huir de este silencio.

Hace años, en Asuán, en medio del mercado, me encontré solo a un extranjero oyendo el griterío del que era incapaz de distinguir un solo vocablo. "Es lo que quiero", me dijo, "escuchar pero no saber". El ruido es la huida, acaso por eso uno no escucha, porque viaja en el ruido. Y la soledad se toca, no es tan solo el sentimiento pavoroso que agita la mano de adiós cuando lo demás se nos escapa.

Ahora me dicen que en un pueblo de Andalucía una mujer anunció la supuesta venta de un piso suyo; allí estaba el cartel, Se vende. Y cuando la gente subía las escaleras de su casa hasta llegar a su puerta, ella entreabría, agradecida. "No, si no está en venta. Ese anuncio es la única manera que tengo de hacer que suba gente a darme conversación". Nos morimos por una palabra. Y nos morimos también por culpa de una palabra. Cuando el silencio duele un drama ruge. En la comedia Maribel y la extraña familia, de Miguel Mihura, aparece una mujer que paga siete pesetas a quien le dé conversación. "Qué buenas personas son", viene a decir de quienes acuden a socorrerla, "les doy siete pesetas, me dejan hablar y después se van".

El otro día, en el aeropuerto de Barcelona, y en los aeropuertos la gente se guarda las palabras como si fueran dinero, una camarera le hizo una broma a un cliente calvo, y éste respondió riendo también, y devolviéndole la broma. "No, claro que no sé lo que vale un peine". "Ah", dijo la camarera, muy sorprendida, "usted es de los que hablan".

Julio Cortázar decía que conversar es llenar las almohadas del silencio. Ahora que lo pienso, y ya que vienen en mi socorro esas almohadas, el silencio de veras viene cuando no viene el sueño. La soledad es entonces estar despierto, hablando a solas. La calle está llena de insomnes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2005