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Escritores latinoamericanos debaten acerca de su relación con la tradición literaria

Marginación social, pandillas de niños de la calle, narcotráfico, corrupción, desempleo, deforestación masiva, la epopeya diaria de los espaldas mojadas, telebasura... El escritor nicaragüense Sergio Ramírez desgranó así el pasado sábado en una charla en el centro Caixaforum de Barcelona algunos de los aspectos de la realidad que marca la obra de los nuevos autores latinoamericanos. Escritores de diversos países y generaciones se han reunido durante la semana pasada en Barcelona y Lleida para debatir sobre su relación de ruptura o continuidad con la tradición literaria de América Latina -léase el realismo mágico y el boom- y las nuevas influencias derivadas de un contexto cada vez más mestizo.

"No se trata de una literatura obligadamente política y social, pero sí estamos hablando de un escenario inevitable. El relato de vidas privadas seguirá ligado a este escenario de acuerdo a la nueva anormalidad de los tiempos", continuó Ramírez, coordinador de las jornadas Valiente mundo nuevo, donde se han encontrado Juan Villoro (México), María Moreno (Argentina), Alberto Fuguet (Chile), Jacinta Escudos (El Salvador), Eduardo Halfon (Guatemala), Edmundo Paz Soldán (Bolivia) y Fabrizio Mejía (México), nacidos entre las décadas de los cincuenta y setenta.

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Los últimos años, dos etiquetas literarias han atravesado el Atlántico: el Crack -el grupo que se formó alrededor de Jorge Volpi e Ignacio Padilla- y McOndo, ambas acuñadas en reacción al peso de nombres como los de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. De los primeros no hubo representantes en las jornadas, pero sí de los segundos. Alberto Fuguet, responsable con Sergio Gómez de la antología de cuentos McOndo (1996), ironizó sobre su papel de anti-García Márquez oficial y dijo haberse "reconciliado" con el autor colombiano a raíz de sus memorias, Vivir para contarla, donde hay "más realidad y menos magia". Ahora bien, recordó que la influencia del realismo mágico ha sido tan fuerte que durante mucho tiempo en Estados Unidos y Europa se consideró que todo lo que salía de sus parámetros era "poco latinoamericano" y reivindicó a los "losers" (Manuel Puig, Cabrera Infante y Jorge Edwards) de una generación en que "parecía que sólo un escritor podía representar a un país y tuvo un poco de Miss Perú o Miss Colombia".

En las jornadas se habló de la condición de "extranjero" inherente en muchos autores, como recordó Jacinta Escudos; del papel de la cultura popular importada desde Estados Unidos o absorbida a través de la televisión -Abrizio Mejía recordó que la de los sesenta es "la primera generación que creció viendo la tele"-, y también del cruce entre el castellano, las lenguas indígenas -María Moreno habló de "lengua sucia", en el sentido positivo de mestiza- y el inglés. Para Eduardo Halfon, hay que dejar de "tener miedo" a la introducción de palabras inglesas al castellano puesto que el cruce es "riqueza".

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