Columna
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OK Corral

Ya está bien de meterme con lo que pasa aquí y plantear una crítica obsesiva a la situación, de tener a nuestros vecinos del norte como ejemplo, obviando las virtudes de este nuestro solar. Porque, para no ir más lejos, basta con fijarse en el comportamiento despegado de la reina de Inglaterra y lo que le ha hecho padecer a su hijo, que ni siquiera va a la ceremonia civil de la boda de éste, después de haberle obligado a sufrir un largo luto y una vida en pecado. Y es que la reina británica, después de tantos años de monarquía sin sobresaltos, olvidándose de Cromwell, se lo ha creído y ejerce de reina, cuando lo democrático en una monarquía moderna es que el rey, al menos él, sea republicano.

Por no hablar de lo de su nieto, que no tiene otra idea mejor que disfrazarse de nazi. Es que estas generaciones de ahora no saben lo que pasó; además, les importa un pito, según nos vamos alejando de los dramas europeos del siglo pasado. Contaba en sus memorias Eduardo VIII de Inglaterra, el rey que abdicó por amor, que en el internado de su juventud sus compañeros de vez en cuando le ponían la cabeza bajo la hoja de una ventana para recordarle lo que le pasó a Carlos I, uno de sus antecesores, y no se le subieran los humos a la cabeza.

O podríamos hablar también de Francia, que no hay tribunal que se atreva a procesar a su presidente por actos anteriores a su acceso a la presidencia de la República; un país en el que sería inconcebible que un secretario de Estado fuera procesado y estuviera en la cárcel. O de lo de Berlusconi, que es todavía peor. Pero todo se andará.

Porque aquí, tras un auto de sobreseimiento inaudito por parte de la instructora del caso a Atutxa y sus compañeros de la Mesa del Parlamento vasco por negarse reiteradamente a obedecer al Tribunal Supremo -nos vamos pareciendo a Francia- , el Tribunal Superior ordena que se abra vista oral del caso y el fiscal general del Estado dice que él no lo hubiera hecho y que en todo caso va a pedir la absolución de los imputados. Me decía un amigo mío nada sospechoso de filias con Bush, corrigiéndome, que a los estadounidenses les siguen autorizando la tenencia de armas no sólo porque en el pasado tuvieron que defenderse de indios y bandidos, sino también porque debían hacerlo de sheriffs que hacían de su capa un sayo y de jueces arbitrarios. A ver si aquí nos va a pasar lo mismo. La famosa escena del duelo en OK Corral no fue entre buenos y malos, fue entre las fuerzas vivas de la ciudad.

O podemos hablar del singular debate en el Parlamento de Cataluña. De discutir sobre las responsabilidades por el desplome del barrio del Carmel, se pasó a poner en crisis la reforma del Estatuto catalán, tras una situación y acusación -es igual quién se la dijera a quién-, que avergüenza. Pero en el fondo lo peligroso es que una trifulca entre perrillos pekineses, si un día trasciende a la calle, puede convertirse en una pelea entre dóbermans. Mientras, los vecinos del barrio escamados, maldiciendo los políticos, porque se dedican a eso y a no dar soluciones, cuando precisamente el origen de la política es dar soluciones. Ese desprestigio de la política recuerda demasiado el desprestigio que tuvo en la Atenas clásica cuando la unieron a la demagogia. Y como reacción surgieron los filósofos socráticos y la admiración por los tiranos.

O de que en el Congreso no se haya alcanzado un acuerdo para redactar una conclusión en común sobre el atentado del 11-M. Al final, lo que nos temíamos: ha sido una comisión parlamentaria para el ajuste de cuentas entre los partidos, con poca o ninguna vocación de buscar soluciones para que un atentado así no se repita en el futuro. Son políticas de tierra quemada de las que cada vez es más ajeno el que no está metido en la polémica. De nuevo la queja de la representante de las víctimas de que no hacen más que tirarse los tratos a la cabeza, de nuevo la crítica a la política. En tanto que un comisario Wyatt Earp no obligue a sus señorías a dejar el revólver de la agresividad en la oficina del sheriff, la política seguirá desprestigiándose y sólo los dramas moverán a los ciudadanos a acercarse a las urnas. Los del Carmel quieren solución para sus casas, las víctimas quieren un dictamen común, y los vascos, los que no pintan nada porque no son nacionalistas, libertad y orden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de marzo de 2005.