Columna
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Biológicamente

Así que era eso. Que los políticos del PP son más educados, tienen mayor preparación que los demás y, en resumen, son "distintos, incluso biológicamente". Lo acaba de decir un portavoz del PP en Alcobendas de cuyo nombre no voy a acordarme, en una reunión del Comité Ejecutivo Regional de su partido; y aunque luego retiró la, llamémosle cosa, sus palabras han recordado mucho a las teorías eugenésicas del psiquiatra y coronel militar Antonio Vallejo-Nájera, que en los años treinta llegó a la conclusión de que el marxismo era una enfermedad mental y, por tanto, convenía aislar a las personas de izquierdas y evitar que se emparejasen y tuvieran descendencia, para asegurar de ese modo la curación y el fortalecimiento de la raza hispana. Les puede sonar a chiste, pero Franco se lo tomó en serio, nombró a Vallejo-Nájera jefe de los servicios psiquiátricos de su ejército y éste se dedicó a experimentar sus teorías con algunos cautivos de las tropas fascistas.

Lo del tal portavoz era, según él, sólo una broma, aunque seguida, eso sí, de una advertencia: "Que nadie intente sacar punta de este comentario". Ya pero, ¿y si no lo fuera? De hecho, como lo que estudia la biología, en el apartado destinado a la zoología, es la anatomía, la composición celular, los tejidos y el funcionamiento fisiológico de los animales, de lo primero que nos hemos acordado algunos al oír su confidencia es de aquella serie de marcianos que daban hace algún tiempo por televisión, en la que los alienígenas eran igual que nosotros por fuera, pero si les tirabas de la piel falsa, se les veían debajo escamas de reptil. Hay quien dice que a ciertos dirigentes del PP de Madrid, si les tiras de la piel se les ven los ladrillos. Por lo de la corrupción inmobiliaria y tal, aunque dicho sea eso último en el sentido en que explica el tal portavoz que "en ocasiones pronunciamos calificativos gruesos para referirnos a conocidos que no se ajustan a lo que la propia palabra da a entender, pero que tiene un segundo significado". O sea, que eso.

Porque la cuestión es que la frase se le escapó al portavoz, precisamente, en esa junta en que él y sus compañeros discutían, bajo la presidencia de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, qué camino iban a seguir para defenderse de las acusaciones de prevaricación que se han producido en relación al escándalo urbanístico de Majadahonda que, por otra parte, se parece mucho al de otros pueblos de la zona oeste, como Las Rozas y Collado Villalba, o de la zona sur, como Alcorcón, Algete, Alcobendas y San Sebastián de los Reyes. En Las Rozas, gobernada por el PP, acaba de producirse un fallo judicial que exige al alcalde a devolver al municipio los terrenos que le regaló a la Federación Española de Fútbol como quien le envía parte de la matanza a un pariente. En Majadahonda, los cargos son los de adjudicación fraudulenta de suelo público a empresas amigas, con el presunto conocimiento de las máximas autoridades populares en la Comunidad y suponiendo que una empresa pueda tener amigos. En las ciudades del sur, todos los alcaldes socialistas han confirmado haber sufrido presiones del Gobierno autónomo para que cedieran suelo público para la construcción de colegios privados. Mala cosa, en una comunidad en la que no son pocos los que sospechan y han afirmado públicamente que hasta Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad subiéndose en los ladrillos que le apilaron bajo las urnas los tránsfugas Tamayo y Sáez, que no quiero ni pensar lo que tendrían ni bajo la piel ni dentro de la cartera. ¿Fue así?

Al final, alguien dio con la solución idónea: denunciamos al fiscal general del Estado por investigarnos, y listo. Y la presidenta, mientras ponía dos primeras piedras de 80.000 futuras casas destinadas a menores de 35 años en Tetuán y el Ensanche de Vallecas, ha dado su palabra de que todas esas acusaciones no son más que "calumnias y difamaciones" de la oposición. Habrá que ver. Aunque lo que se ve en lugares como Las Rozas, por poner un ejemplo, ya es bastante explícito: construyeron tanto que lo han destruido todo.

Esperanza Aguirre y su séquito viajaron a Tetuán y Vallecas en metro. La empleada que les vendió los billetes no se atrevió a tirarles de la piel de las manos, para ver qué había debajo, pero hay quien asegura que algunos de los colaboradores de la presidenta dejaron en la taquilla un polvo anaranjado, muy similar al de los ladrillos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 02 de marzo de 2005.

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