Reportaje:

Los chiíes de Arabia Saudí exigen sus derechos

Los seguidores de esta corriente del islam aprovechan las elecciones locales para reafirmar su existencia ante Riad

Varios torreones portugueses constituyen el único testimonio visible de un pasado abierto al mundo, pero los habitantes de Qatif subrayan que la costa oriental saudí ya tenía contactos con los fenicios. "Llevamos 14 siglos siendo chiíes y cuando se fundó el Estado saudí hace setenta años, nos aceptó como chiíes y nosotros aceptamos la monarquía", recuerda el jeque Fausi al Seif, uno de los líderes religiosos de este enclave chií en un país que ha llevado la ortodoxia suní a sus extremos. Tras décadas de marginación, los chiíes de Arabia Saudí esperan que las elecciones municipales de hoy sirvan para dejar constancia de su existencia.

"Estamos aquí", es el mensaje que repiten candidatos y líderes religiosos chiíes en Qatif y en Dammán. La primera es la capital histórica de esta región costera saudí. La segunda, la capital administrativa de la Provincia Oriental creada hace medio siglo tras el descubrimiento del petróleo. Para la mayoría chií de Qatif, la propia Dammán es una prueba de discriminación, ya que la nueva ciudad les arrebató muchos de los beneficios de un petróleo cuya industria ayudaron a levantar. La sospecha ha llegado hasta los prolegómenos electorales: el Gobierno intentó reducir la primera a un mero distrito de la segunda, lo que hubiera diluido el voto chií.

"Queremos decirle al Gobierno que estamos aquí", asegura un empresario chií
El wahabismo, una rígida interpretación del islam, considera a los chiíes como infieles

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"La gente de esta región siente que no se les ha prestado atención y cuidado suficiente en relación con otras zonas del país", manifiesta Zaki Abu al Saud, candidato a uno de los cinco puestos de concejal en Qatif, cuyos 600.000 habitantes son predominantemente chiíes. "Pero no queremos crear diferencias", se apresura a aclarar, "los chiíes somos ciudadanos leales e igual de patriotas que el resto, lo único que deseamos es que mejore el nivel de vida". Lo cierto es que su inscripción en el censo electoral casi ha doblado a otras zonas de Arabia Saudí. Unos 47.000 votantes se han registrado en esa comarca, lo que supone un 40% quienes tenían derecho a hacerlo (varones saudíes mayores de 21 años que no trabajen en las Fuerzas Armadas).

"Sí, la conclusión es que los chiíes se muestran más interesados en las elecciones", admite Yaafar al Shayeb, un prominente activista local que se presenta en el distrito de la isla de Tarut bajo el lema Juntos por el futuro de Qatif. "Es una ocasión para proclamar que también pertenecemos a este país", interpreta convencido de que sus correligionarios "aspiran a estar representados en las instancias gubernamentales". Al Shayeb atribuye la elevada inscripción al trabajo de concienciación de los comités cívicos locales.

"La publicidad por parte de las autoridades ha sido muy pobre, pero nosotros empezamos la tarea educativa hace tres meses", relata el candidato mientras muestra el folleto semanal sobre la importancia de los comicios que han estado distribuyendo antes de que empezara la campaña electoral propiamente dicha. Sin duda, también ha influido el llamamiento de los clérigos animando a sus fieles a participar.

"La mayoría de los iraquíes fueron a votar a pesar de las amenazas. Gracias a Dios, nosotros vivimos en un país pacífico y no debemos mostrarnos indiferentes", exhortó en una reciente comparecencia el jeque Hasan al Safar, el más influyente de los dignatarios chiíes. Tanto Irak, como los vecinos Irán y Bahrein tienen una población mayoritariamente chií y, aunque todos los entrevistados insisten en su idiosincrasia saudí, también reconocen el efecto inspirador de las elecciones en esos países.

"Queremos decirle al Gobierno que estamos aquí", insiste Alí al Bahrani, un empresario que hace campaña por un candidato chií en Dammán. "Somos entre el 30% y el 40% de los habitantes de la Provincia Oriental y un 20% de Arabia Saudí", señala, "y sin embargo no hay ningún ministro chií, sólo tenemos dos representantes entre los 120 miembros del Consejo Consultivo y nos están vetados el Ejército y la Guardia Nacional". Además de en el este saudí, donde se encuentran los principales yacimientos petrolíferos del país, hay chiíes en las regiones fronterizas con Yemen y Omán, y en la ciudad de Medina. Observadores saudíes reducen la cifra de chiíes a un 10% de los 19 millones de habitantes del país.

"El Gobierno saudí tiene que aceptar a los chiíes como ciudadanos con todos sus derechos, poner fin a la discriminación y anunciarlo", exige el jeque Al Seif sin perder su permanente sonrisa. "Tiene que reconocer que en este país hay más de un pueblo, más de una cultura, más de una tradición, y aceptar a cada uno como es", añade el clérigo. Tanto los líderes religiosos como los activistas políticos chiíes responsabilizan de ello a la ultraconservadora y rígida interpretación del islam que siguen las autoridades religiosas saudíes: el wahabismo considera a los chiíes como "infieles".

"Las relaciones con los suníes son muy buenas excepto con los salafistas que siguen la doctrina de Mohamed Abdel Wahab", precisa el jeque Hasan al Namer en referencia al inspirador del islam intransigente que se ha convertido en la imagen de marca de Arabia Saudí y alentado brotes violentos. "Son el equivalente de la Inquisición que tuvieron ustedes en España", explica este imán que dirige las plegarias en una huseiniya (capilla chií) semiclandestina porque Dammán sólo tiene una mezquita para sus 400.000 habitantes chiíes frente a decenas de ellas para 600.000 suníes.

Es sólo uno de los signos más visibles de la política de negación de que han sido víctimas desde que los radicales suníes lograron penetrar las estructuras del Estado. Los chiíes de esa ciudad tampoco disponen de cementerio, lo que les obliga a enterrar a sus muertos en el atestado camposanto de Qatif o a recorrer 140 kilómetros hasta Al Hasa, la otra comarca donde se concentran los miembros de esa comunidad. Pero lo peor es estar bajo sospecha permanente.

"Hay una ley exclusiva para esta región que no nos permite construir sótanos superiores al 50% de la planta de la casa por temor a que se conviertan en huseiniyas", explica el candidato Al Shayeb. "Cuando la invasión iraquí de Kuwait, no nos dejaron apuntarnos como voluntarios para defender nuestro país porque desconfiaban de darnos un arma", apunta por su parte Yauad al Yusuf, un ejecutivo jubilado.

Techos de cristal en el trabajo, bloqueo en el acceso a la educación superior... la lista de agravios es abultada y, a pesar de lo que diga el jeque Al Namer, también existe una cierta condescendencia por parte de los vecinos suníes. "Algunos se aprovechan de la actitud del Gobierno y, aunque no lo expresan abiertamente, percibimos que se sienten superiores", confía Al Yusuf. Nuha, una joven estudiante de Filología inglesa, recuerda espantada cómo varias compañeras echaron a otra de la mezquita de la facultad "por ser chií". Sólo los suníes pueden ser profesores de religión y por lo tanto los hijos de los chiíes crecen en medio de la confusión entre las enseñanzas del colegio y de casa.

"No esperamos demasiado de los nuevos consejos municipales", admite Al Bahrani, el empresario que hace campaña por un candidato chií de Dammán, "pero aún así tenemos que aprovechar la oportunidad". Un vecino presente en la conversación muestra su acuerdo, pero expresa su temor a que "como en Riad, los islamistas suníes se lleven todos los puestos y el Gobierno aproveche para decirle a Estados Unidos: 'esto es lo que se consigue con las elecciones".

Hoy, además de la Provincia Oriental, votan también las de Asir, Yisán, Nayrán y Baha, en el suroeste del país. Riad y el centro votaron el pasado 10 de febrero. El próximo 21 de abril, lo harán las regiones del oeste y el norte. Se trata de la primera vez en la historia de esta monarquía absolutista que se convocan unos comicios a nivel nacional, aunque sólo sea para elegir a la mitad de los ayuntamientos (la otra mitad la designa el Gobierno).

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de marzo de 2005.

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