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Crónica:FÚTBOL | 26ª jornada de Liga

La Real se impone a un Zaragoza desafortunado

El Zaragoza bramó contra los árbitros tras los sucesos de Albacete. El presidente, Soláns, clamó en el desierto, levantó la voz y casi se queda afónico. Ayer seguramente le subió la adrenalina cuando el juez de línea interpretó como penalti un acto instintivo de protección de Milito, que se tapó la cara en un centro de López Rekarte. El central argentino ni vio el balón, porque volvió la cara; el árbitro ni vio penalti, porque la jugada fue limpia, pero el árbitro auxiliar encontró su segundo de gloria y decretó penalti, que luego Ramírez Domínguez recreó en tarjeta a Militó y supuso el empate de la Real.

No siempre el fútbol es propiedad de los actores principales. Los de reparto reclaman su Óscar a lo que sea, caso del árbitro auxiliar, que equilibró un bellísimo gol del Zaragoza. Lo que hizo Generelo al trazar una preciosa diagonal entre una maraña de futbolistas de la Real, que acabó en los pies de Aranzabal, quien, con el temple habitual, se la puso en la cabeza a Zapater. Un gol de mérito y otro de demérito.

REAL SOCIEDAD 2 - ZARAGOZA 1

Real Sociedad: Riesgo; Rekarte, Luiz Alberto, Labaka, Rossato; Mikel Alonso (Mladenovic, m. 66); Prieto (Barkero, m. 70), Karpin, Uranga, Aranburu; y De Paula (Domínguez, m. 87).

Zaragoza: Luis García; Ponzio, Álvaro, Milito, Aranzabal; Zapater, Movilla (Óscar, m. 76); Galletti (Cani, m. 71), Generelo (Soriano, m. 69), Savio; y Villa.

Goles: 0-1. M. 32. Pase impresionante de Generelo a Aranzabal, que templa al área y cabecea Zapater. 1-1. M. 45. Penalti riguroso por mano de Milito que transforma Karpin. 2-1. M. 74. Barkero, de falta directa.

Árbitro: Ramírez Dominguez. Expulsó a Zapater (m. 49) por doble amonestación. Mostró tarjetas amarillas a Milito, Luiz Alberto, De Paula, Movilla y López Rekarte.

Unos 20.000 espectadores en Anoeta.

Para colmo de males, sin reponerse del susto del extraño penalti, a los dos minutos de la reanudación, el Zaragoza se quedó con diez futbolistas por expulsión de Zapater. El Zaragoza recibía un castigo excesivo, aunque la injusticia del auxiliar hiciera justicia al equilibro en el campo. Porque la Real, sin Nihat ni Kovacevic, es decir sin delantera, ofreció un dechado de energía, un muestrario de buenas actitudes, al comando de Karpin, más líder que nunca. Todo lo contrario que Movilla, el punto de referencia zaragocista, que se hartó de jugar pases horizontales y de enviar cesiones a sus centrales, o de Savio, que se fijó más en la cara de su portero que en la de su delantero, Villa.

El mundo y la Real le cayeron encima a un Zaragoza un tanto reservón, con poquita actitud ofensiva y encomendado a defender aquel maravilloso gol de Zapater que le ponía en ventaja. La Real, fiel a su fe más que a su juego, aprovechó, primero, el extraño penalti y después la superioridad numérica para encerrar al rival, acosarle y convencerle de que no iba a ganar. Sin embargo, lo consiguió a balón parado, en un disparo seco de Barkero que se coló entre la barrera y premió la actitud de la Real, castigando excesivamente la monotonía zaragocista. Pasaron cosas, pero fútbol, del bueno, no hubo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005