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Crónica:FÚTBOL | 26ª jornada de Liga

La noche de Casillas

La soberbia actuación de su portero permite al Madrid derrotar al Betis y tener de nuevo a la vista al Barça

Dos porteros decidieron la suerte del partido en el Bernabéu, donde Casillas fue el héroe de su equipo y Doblas dejó la sensación de guardameta insuficiente para el Betis. El juego apenas contó en el resultado, excelente para el Madrid. Se acerca al Barça en la recta final del campeonato, cuando comienzan a pesar toda clase de factores: la tensión, las lesiones, la fatiga que produce la participación en la Copa de Europa. Sin Raúl, ni Zidane, el Madrid tenía motivos más que suficientes para preocuparse. El Betis llegó al Bernabéu con fama de buen equipo, o al menos con recursos interesantes. Es el equipo de Joaquín, Oliveira y Edu, tres jugadores que han funcionado estupendamente en la Liga. Los tres dejaron detalles por aquí y por allá, pero al Betis le faltó contundencia o se encontró con Casillas en estado de gracia. Mientras hubo partido, el portero se encargó de detener al Betis con un par de intervenciones prodigiosas. La calidad de sus acciones fue tan excepcional que la afición se quedó helada ante la lesión muscular del portero, que se retiró en el segundo tiempo ante el susto general. Ahora mismo, la hinchada no se imagina a un Madrid sin Casillas.

REAL MADRID 3 - BETIS 1

Real Madrid: Casillas (César, m. 53); Raúl Bravo, Helguera, Samuel, Roberto Carlos; Beckham (Borja, m. 90), Gravesen, Solari (Guti, m. 62); Figo; Owen y Ronaldo.

Betis: Doblas; Varela, Melli, Juanito, Luis Fernández; Arzu (Denilson, m. 67), Benjamín; Joaquín, Edu, Pablo Niño; y Oliveira.

Goles: 1-0. M. 9. Solari centra desde la izquierda, la defensa bética no acierta a despejar, Owen remata flojo y el balón toca en Doblas y entra. 2-0. M. 40. Falta indirecta dentro del área al estimar el árbitro una cesión a Doblas por parte de un compañero. Beckham la ejecuta en corto sobre Roberto Carlos, que marca de un zapatazo. 2-1. M. 60. Varela centra desde la derecha sobre el área madridista y Edu controla el balón y remata. 3-1. M. 61. Helguera cabecea un rechace de la defensa verdiblanca tras un saque de esquina.

Árbitro: Iturralde González. Amonestó a Raúl Bravo.

Unos 50.000 espectadores en el estadio Santiago Bernabéu.

Casillas no fue muy exigido, pero cada una de sus acciones resultó fundamental en la historia del encuentro. Antes de que nada sucediera, Joaquín interceptó un mal pase de Helguera, se lanzó como un cohete hacia el área, superó a todos los defensas que acudieron a sofocar el fuego y se encontró a Casillas como último obstáculo. Eligió mal, desde luego. Pudo colocar la pelota en cualquiera de los dos rincones, pero prefirió la vaselina. Casillas se quedó firme, con una serenidad admirable, como se exige en los buenos porteros. Ni vaselina, ni nada. Joaquín elevó la pelota y Casillas la detuvo a altura del pecho, sin inmutarse. Fue una gran acción, de manual, pocas veces apreciada por el público, que celebra las estiradas y todo eso. Pues bien, también se celebraron las estiradas de Casillas, una de ellas colosal. Respondió a un perfecto remate de Edu con tanta agilidad y colocación que primero no se escuchó nada en el estadio. Sólo el asombro, la estupefacción ante el milagro del portero. Luego, la ovación y la gente coreando el nombre de su ídolo. La tercera impidió el empate del Betis: un vuelo impresionante para descolgar en la escuadra un derechazo de Benjamín. Las tres acciones de Casillas no encontraron una respuesta similar en el portero del Betis. Falló en el primer gol y permitió al Madrid una ventaja que no merecía.

Regresó Ronaldo a la titularidad con la enemiga del personal, que le censuró todo. Lo más sorprendente es que los reproches se escucharon cuando Ronaldo se mostró más activo, cuando corrió, desbordó y no resolvió algunas jugadas frente al portero. Ronaldo terminó tan afectado que se ofuscó en varias acciones. Comenzó a equivocarse, a tomar decisiones incorrectas, a dar todos los síntomas del futbolista herido. Quedó claro que había sentido el daño, y esa no es la mejor noticia para el jugador y para el equipo, que le necesita más que nunca. También pareció que el equipo necesita a Guti, otra vez destinado al banco. Cuando ingresó en el segundo tiempo y se colocó junto a Gravesen, el Madrid despegó. Guti ocupó su posición natural y Figo se trasladó a la izquierda, donde su producción es muy superior a la que ofrece como volante de ataque. Con Guti, el Madrid tuvo más empaque, más profundidad, más ideas, más remate y más pases a a Ronaldo. Se supone que eso es lo que necesita el equipo. Estas cuestiones se observaron a última hora, después de un partido que el Madrid ganó en la primera parte. Lo hizo sin juego, sin la pelota y casi sin oportunidades. Owen tuvo una, y no pasó. Marcó en una jugada que no era ocasión, ni nada parecido. Recibió de Solari, de espaldas a la portería, con dos defensas encima. Dos defensas extraordinariamente permisivos: le permitieron el giro y algo parecido a un remate. Del resto se encargó Doblas, que asistió como una estatua al gol.

El Betis respondió al gol con un control absoluto de la pelota y pocas oportunidades. Joaquín se borró flagrantemente. La defensa ofreció los síntomas de debilidad que acostumbra. Y el correcto trazo del juego siempre pareció un poco ficticio, superficial. Oliveira dejó lo mejor -una impresionante cola de vaca a Helguera- para el final, cuando era demasiado tarde. El Madrid se aprovechó de una decisión incomprensible del árbitro, que consideró cesión al portero un despeje de Luis Fernández. El martillazo de Roberto Carlos fue inapelable.

Sin apenas fútbol y con un fantástico Casillas, el Madrid consiguió una ventaja que mantuvo a pesar del tanto de Edu. Respondió Helguera y ya no hubo partido, sino opiniones. Agradecidas para Casillas, que se retiró lesionado; disconformes con Ronaldo, francamente afectado; satisfechas con el resultado: el Barça vuelve a estar a la vista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005