Crónica:LA CRÓNICACrónica
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Las famosas últimas palabras

Días atrás, un amigo leyó este cartel en una tienda de colchones de Barcelona: "Se necesita dependiente. Imprescindible catalán". Así, en castellano. El catalán se está convirtiendo día a día en una entelequia: el dependiente que trabaje en esa tienda deberá saber catalán, pero probablemente no tendrá que hablarlo casi nunca. Parece que el siguiente paso en este vía crucis va a ser la clandestinidad: pretender que hablamos, escuchamos, escribimos y leemos en catalán haciéndolo en realidad en castellano, como yo mientras escribo esta crónica. Los doctores y sabios nos alertan cada cierto tiempo de que el catalán tiene un pie y medio en el otro mundo. Siempre hablan de la cantidad de hablantes que se pierden en cada nueva encuesta, una cifra en caída libre, pero nunca se refieren a la calidad del catalán que se sigue hablando. El escritor, enigmista y traductor Pau Vidal se fijó precisamente en ese flanco del combate y acaba de publicar En perill d'extinció. 100 paraules per salvar (Empúries). El libro recoge 100 palabras (y muchas más) que ya casi nadie conoce y que hace tan sólo dos décadas uno podía oír y leer perfectamente, como algo natural y no como algo folclórico o digno de figurar en un museo.

El espíritu juguetón de 'En perill d'extinció' es el mismo que anima los crucigramas que Pau Vidal publica en este periódico

"Son 100, pero podrían ser 1.000", dice Pau Vidal, "de hecho, había recogido una lista inicial mucho más extensa, donde aparecían palabras como manyac, atzucac y festejar... Las palabras y expresiones seleccionadas finalmente tenían que cumplir tres normas básicas: que fueran términos coloquiales con una fuerte carga oral, que no fueran variantes dialectales y que se encontraran claramente en desuso". El alcance de estas pequeñas claudicaciones de los propios hablantes del catalán se traduce también en la informática: hoy en día uno escribe pítima en un texto y el corrector de catalán del programa Word no lo reconoce y se pone colorado de vergüenza. Las borracheras ya no son lo que eran, ya nadie coge una pítima en catalán y quizá por esta misma razón ya nadie está pitof o curda. Lo mismo ocurre con otras palabras escogidas por Pau Vidal, como esbarriar, fato, fotimer. "Esto es tan sólo una antología de léxico", reconoce el autor, "y quizá deberíamos hacer el mismo ejercicio con la sintaxis del catalán, con su morfología...".

En el libro Pau Vidal analiza esos 100 vocablos en peligro de extinción con un tono jocoso y nada dramático. La procesión va por dentro. A menudo, el comentario sobre una palabra le sirve para bucear en su origen y contar su etimología, ya sea científica o popular. Así, barrabassada, que proviene del judío indultado por Jesús en la cruz, "té parentes igual d'expressives, com ara la bertranada (bajanada) o la jeremiada (lament exagerat, plany sens fi)". Junto a esas explicaciones, aparece siempre citado un fragmento de texto literario con la palabrita en cuestión, a modo de diccionario de autoridades. La idea inicial, recuerda el autor, proviene del crítico francés Bernard Pivot, que publicó hace un par de años un libro -Cent mots à sauver- con el mismo cometido. El experimento de Pau Vidal, sin embargo, busca además un tono de contribución al debate sobre la muerte del catalán: "Es importante que no nos autoengañemos, pues con la idea de que no hay que desanimarse, estamos creando una realidad ficticia. Si seguimos así, seguiremos diciendo que hay un 97% de hablantes en catalán hasta el día en que la lengua se muera".

A la hora de sacar los colores a los que se expresan en catalán, a la hora de aguijonearnos para ver si espabilamos, Pau Vidal no está solo: hace unos meses apareció también el libro Ubert tot l'any (Ara Llibres), de Enric Gomà. Gomà quiere divertir y concienciar a los lectores poniendo de manifiesto los errores cotidianos que cometemos a la hora de escribir en catalán. Así, pasea por Cataluña escrutando carteles públicos, campañas publicitarias y anuncios oficiales donde la ortografía y el sentido común se dan de bruces. Para Pau Vidal, ése es el camino que se debe seguir: "Yo creo más en las propuestas individuales que en las colectivas, que siempre tienen algo de artificioso. Asimismo, las campañas de normalización lingüística suelen despertar un rechazo inmediato que las acerca a la caricatura. Las campañas de la consejera Tura, en cambio, funcionan mejor porque al final te ponen una multa", dice. El espíritu juguetón de En perill d'extinció es el mismo que anima los crucigramas en catalán que Pau Vidal publica a diario en este periódico. "Son un gran laboratorio para ver la reacción de los lectores ante ciertas palabras". Para ampliar la lista de ejemplares en vías de extinción y recoger sugerencias al libro -todos conocemos una palabra medio muerta y especialmente querida-, Vidal ha abierto una dirección de Internet de nombre algo macabro: motsmorts@grup62.com. Porque detrás de toda esta broma sobre las famosas últimas palabras del catalán se esconde más de un interrogante incierto. Por ejemplo: ¿en qué lengua, vatua l'olla, se escribirán la necrológica y el testamento del catalán?

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de marzo de 2005.