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Reportaje:EL DEBATE PARLAMENTARIO DEL 'PLAN IBARRETXE'

Normalidad sin parafernalia

Un centenar de políticos vascos 'invitados', 500 periodistas, 200 policías y 19 manifestantes acuden al debate del 'plan Ibarretxe'

Las ocasiones señaladas tienen su parafernalia. La normalidad (y su apariencia) es más campechana. Y, fuera aposta o no, los prolegómenos del debate en el Congreso del plan Ibarretxe fueron de andar por casa. Si la policía no hubiera cerrado la carrera de San Jerónimo, si una patulea de 500 periodistas no hubiera cercado el Parlamento, si 18 manifestantes y el del megáfono no hubieran gritado consignas ultraderechistas, si Juan José Ibarretxe no hubiera recorrido en coche los 20 metros que separaban su hotel del Congreso, este martes hubiera parecido un martes cualquiera y no el martes político más esperado del año.

La normalidad (o su apariencia) se rompía en los dos extremos de la carrera de San Jerónimo. Agentes de las Unidades de Intervención Policial (antidisturbios) de Madrid y Vigo mantenían vallados los accesos al Congreso. "¿Puede identificarse, por favor?", demandaban a todo aquel que desde las 13.00 pretendía acercarse al edificio de los leones. Incluso los coches a los que se permitía entrar al aparcamiento subterráneo eran revisados, por dentro, por fuera y por abajo. La calle, casi desierta.

Ibarretxe y Atutxa cruzaron la calle desde un hotel en un coche blindado y con 'ikurriña'

La barrera se abrió con la llegada de un autobús verde de Goto Tours, a las 13.30. Paró frente al hotel Palace y a su reputado hall se encaminaron 35 parlamentarios vascos, encabezados por Juan María Atuxa. "Aquí venimos, con la mano tendida y el talante abierto", decía el presidente del Parlamento vasco al bajar del autobús. Habían salido de Vitoria a las 9.45. "No, no han venido cantando como en las excursiones, y me parece que tampoco van a cantar de vuelta", bromeaba el conductor, quien, al enterarse de que el lehendakari iba a tener un turno de réplica se persignaba pensando a qué hora iba a regresar a casa.

La delegación parlamentaria estaba repleta de diputados del PNV y EA (25), pero también viajaron en el autobús miembros del PSE y Ezker Batua. "Del PP no ha venido nadie en el autobús y, claro, de Batasuna tampoco. Venimos con todo el país detrás, así que contentos", aseguraba la presidenta de Eusko Alkartasuna, Begoña Errazti. "Hemos venido de casi todos los partidos y, bien, no hemos discutido... Ahora, vamos a ver", puntualizaba Josu Jon Imaz, líder del PNV, camino del Congreso, 20 minutos antes del comienzo del pleno. Con ellos caminaba el ex lehendakari José Antonio Ardanza.

Justo antes había llegado Ibarretxe en un Mercedes blindado, pero no se había parado en el Palace, sino en el vecino hotel Villa Real. Atutxa fue a su encuentro. Diez minutos antes del pleno, ambos tomaron el blindado, ahora tocado con una Ikurriña, cruzaron la calle y desembarcaron ante la verja del Congreso, donde les recibió Carme Chacón, vicepresidenta primera de la Cámara. El líder del PP, Mariano Rajoy, llegó acompañado de su número dos, Ángel Acebes, y de la candidata del PP a lehendakari, María San Gil. El último en llegar fue el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, un minuto tarde.

El Congreso, de puertas para adentro, bullía. Un centenar de políticos vascos copaba la tribuna de invitados, donde se formaron curiosos grupos. El líder de CiU, Artur Mas, se sentó con Marcelino Iglesias (presidente de Aragón) y Ardanza. Sobre el reloj de la Cámara se juntaban el presidente del Senado, Javier Rojo, y el senador Iñaki Anasagasti (PNV). Atutxa estaba junto al jefe de filas de los socialistas vascos, Patxi López. Tras ellos, Errazti, Imaz y Josep Lluís Carod, líder de ERC. Enfrente, 60 periodistas con las cabezas fijas sobre sus blocs de notas.

Pasada la primera hora y media, llegó un primer café. "Ha pasado lo que esperábamos, con buenas formas, pero lo esperado", contaba Javier Balza, consejero de Interior vasco. "Me ha extrañado que no hubiera ni abucheos ni nada, que aquí son más habituales que en el Parlamento vasco". No pensaba lo mismo José Bono, ministro de Defensa. "He oído de Ibarretxe un discurso que tiene más de carlistón que de igualitario, moderno y constitucional". De Ibarretxe no le había gustado "nada", pero sí le había ido el discurso de Zapatero y, aunque fuera "políticamente incorrecto", como él admitió, "también el de Rajoy". Todo lo contrario que a Carod Rovira, líder de ERC, al que lo que dijo Ibarretxe le había parecido "firme y valiente", lo de Rajoy "antiguo e inmovilista" y lo de Zapatero, "de mano tendida".

La figura más buscada era, como no, la de Ibarretxe. Era difícil verle, ya que fue ubicado en un escaño del PP (el de Soraya Sáenz de Santamaría), a espaldas de uno de los podios de los fotógrafos. "Por favor, señores fotógrafos, dejen trabajar al señor Ibarretxe y procuren no hacer una pantalla frente a él", reconvino a los gráficos el presidente de la Cámara, Manuel Marín. Como tuvo derecho de réplica, no fue necesario que se habilitara para él, como estaba previsto, la sala Isabel II, la que da a la puerta de los Leones, donde está la Constitución, la que se abre sólo en las ocasiones señaladas, con toda su parafernalia. Los 19 manifestantes "nacionalistas españoles" ya no estaban. En la calle, normalidad (o su apariencia).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005