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EL DEBATE PARLAMENTARIO DEL 'PLAN IBARRETXE'

El 'lehendakari' reitera que PSOE y PP "no sustituirán la voluntad de los vascos"

Ibarretxe señala que el camino de su proyecto terminará con una consulta democrática

La comparecencia del lehendakari, Juan José Ibarretxe, en el Congreso de los Diputados para defender su plan soberanista levantó una enorme expectación que no estuvo acompañada de novedades en su discurso. Ibarretxe expuso su proyecto en los términos habituales y, dirigiéndose al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y al líder de la oposición, Mariano Rajoy, les espetó que no van a sustituir con sus reuniones la voluntad de los vascos. Toda su intervención estuvo centrada en su habitual proclama del "derecho de los vascos a decidir por sí mismos". Al final, Ibarretxe precisó que si su plan era rechazado, apelaría a una "consulta democrática", que esté precedida de un acuerdo y se realice "con plena validez jurídica"

También con una apelación a la "consulta democrática", pero ya como advertencia, finalizó su turno de réplica y su despedida del Congreso : "Si se decide dar un portazo al proyecto, cumpliré mi palabra. Trasladaré la palabra al pueblo para que veamos el clamor con el que la sociedad vasca reclama que es necesario buscar una salida negociada para encontrar un modelo de relación amable entre Euskadi y España para el siglo XXI".

La gran expectación de esta comparecencia corrió paralela con el trato respetuoso que recibió Ibarretxe por parte de todos los grupos y de los miembros del Ejecutivo. El lehendakari llegó al Congreso directamente desde Vitoria con el tiempo justo para el inicio de la sesión. Ni siquiera se sumó al almuerzo que los diputados y senadores de su partido mantuvieron en el hotel Palace con el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, y otros dirigentes del partido. Todos ellos, junto con una numerosa representación del Gobierno vasco y los dos diputados generales nacionalistas arroparían al lehendakari desde el palco de invitados. A ellos se sumó el ex lehendakari José Antonio Ardanza.

Al lehendakari le esperó a la entrada la vicepresidenta primera del Congreso, la socialista Carme Chacón, con quien entró en el recinto acompañado también del presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa. Ya en el interior, fue recibido por el presidente del Congreso, Manuel Marín. Para entonces Ibarretxe ya conocía la decisión de la Junta de Portavoces que, a petición de Marín, flexibilizó el Reglamento y concederle un turno de réplica, inhabitual en este tipo de formato parlamentario.

Trato de guante blanco

La entrada de Ibarretxe en el hemiciclo fue espectacular. Rodeado de fotógrafos, subió hasta el escaño que le asignaron, el de la diputada del PP Soraya Sáenz de Santamaría, en la zona alta. Saludó y dio la mano al presidente del PP, Mariano Rajoy, y al diputado popular Vicente Martínez Pujalte.

Ibarretxe abrió la sesión con un breve parlamento en euskera. En la poco más de media hora de su discurso no se oyeron más palabras que las suyas. Las consignas de los líderes de los partidos nacionales de que Ibarretxe fuera tratado con guante blanco fueron seguidas a rajatabla. "Hemos logrado sujetar el tendido ocho", comentó en los pasillos el dirigente del PP y ex ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete.

Lo mismo sucedió en la calle. Interior ordenó a la policía cortar el paso a los viandantes en las inmediaciones del Congreso para que ningún grupo insultara a Ibarretxe y evitar lo que le sucedió a Juan María Atutxa, hacía 15 días, cuando acudió a la Cámara a entregar el texto del plan Ibarretxe. El Gobierno, el PSOE y el PP evitaron a toda costa la imagen de un Ibarretxe agredido en su primera participación parlamentaria en el Congreso de los Diputados.

El lehendakari empezó por justificar su presencia en el Congreso, en el órgano de la soberanía nacional: "Mientras tengamos la posibilidad de la voz y la palabra defenderemos una y mil veces, en este caso en nombre de la mayoría absoluta del Parlamento vasco, el derecho del pueblo vasco a decidir su futuro".

Inició la defensa de su plan con su conocido discurso, la apelación al derecho de los vascos a decidir su futuro: "Mi primer mensaje es que creo sinceramente que existe una solución, que existe un punto de encuentro, y es el derecho a decidir y la obligación de pactar. Éste es el centro del debate".

Apeló a la historia para buscar una legitimidad a su propuesta. "Son casi 200 años los que en muchos casos se han visto en esta Cámara debatiendo en torno a la relación política entre Euskadi y España". Esta apelación a la historia también la utilizó para desmarcarse drásticamente de ETA: "No hay que confundir lo que es el problema político de relación entre Euskadi y España, muy anterior a la existencia de la bárbara violencia de ETA".

Insistió mucho en el carácter "legal, legítimo y democrático" de su propuesta. Se reafirmó en que estaba "aprobada por la mayoría absoluta del Parlamento vasco" y, por tanto, representaba "a la mayoría absoluta de la sociedad vasca".

Ibarretxe escenificó su recurso al diálogo y a la "negociación sin miedo", pero sin ceder en ninguna de sus pretensiones. "Tenemos la posibilidad de solucionar un problema de convivencia vigente desde el siglo XIX". Reclamó, que su pretensión, con la defensa de su plan, era lograr que se negociara entre las Cortes Generales y el Parlamento vasco. Su primera intervención culminó con una apelación a la consulta democrática.

Tras su discurso, Ibarretxe subió al escaño que le habían asignado, en el área del PP, y desde allá siguió el debate, tomando notas con frecuencia para preparar su réplica. Se mantuvo imperturbable. Apenas sonrió. Lo hizo abiertamente cuando el presidente Zapatero dijo, mirándole, que era "antropológicamente optimista".

Su réplica sorprendió. Atacó al portavoz del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, previsiblemente con la pretensión de presentarlo como el "malo" de la película frente al "bueno" de Zapatero al que lo presentó como "víctima del acoso del PP". Pero con ello desvió el tiro. También lo desvió en sus ataques a Rajoy y al PP, con los que adoptó una actitud muy agresiva, que cosechó los únicos abucheos que padeció en la sesión, desde los escaños populares, acallados inmediatamente por el secretario general del PP, Ángel Acebes. Su desconcierto pudo estar motivado por la actitud respetuosa que encontró en sus contrincantes.

Terminó con una amenaza, ante el cantado rechazo que pocos minutos después iba a dar el Congreso a su plan: la apelación a la "consulta democrática".

LOS ARGUMENTOS DE IBARRETXE

- "El problema es muy anterior a la bárbara e inhumana existencia de ETA. Doscientos años debatiendo en torno a la relación de Euskadi y España"

- "Venimos con la mano tendida para negociar y espero de todo corazón que ustedes no la desprecien. Mano tendida para negociar un nuevo marco de conviviencia para el siglo XXI"

- "Se vote lo que se vote, no será ni el principio ni el final. Terminará con una consulta democrática a la sociedad vasca, espero que precedida de un acuerdo"

- "¿Por qué tienen miedo a que se forme una comisión para iniciar un proceso negociador?"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2005

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