Un 'no' europeísta

El pasado 26 de enero, Montilla y Zaragoza -no nos olvidemos de éste último- dijeron que no tenían clara la diferencia entre el voto de Saura y el de Jiménez Losantos; cayeron en el insulto y la descalificación hacia sus socios de Gobierno, ERC e ICV, que tanto quieren y respetan. Espero que el contenido y el talante de las declaraciones de José Montilla y de José Zaragoza en la escuela de invierno del PSC no se reproduzcan a lo largo de la campaña del referéndum sobre la Constitución europea. Sobre si deben disculparse, ellos sabrán, nadie se lo ha pedido. En cambio, sí que era del todo innecesario el artículo de justificación de Miquel Iceta. Hubiera sido mejor dejarlo estar, reducirlo todo a un subidón de precampaña, en lugar de sostenerla, como propone Iceta, y no enmendarla.

El 'no' de ICV a la Constitución europea es un 'no' reflexivo, exigente en lo social y en lo ecológico, democrático y federalista

A diferencia de lo que opina Miquel Iceta, creo que en este referéndum la contradicción principal es entre derechas e izquierdas. El debate es sobre el modelo de Europa que queremos construir y, a partir del mismo, juzgamos como más próximos o lejanos los contenidos de texto constitucional. Sin menospreciar los peligros que representan los partidos de la extrema derecha para nuestras sociedades, éstos no son ninguna fuerza decisiva con capacidad de bloquear o invertir el proceso de la Unión Europea. No son actores principales en este proceso y menos en Cataluña. Los que sí son protagonistas principales y decisivos son los partidos de derecha y centro-derecha, y así se ha notado en el redactado de la Constitución, sobre todo en todo aquello que se refiere a las cuestiones sociales y ecológicas. Otros actores fundamentales han sido los estados que han logrado preservar su papel preeminente por encima de las instituciones de la Unión. Estos dos actores han sido los que han marcado, en lo fundamental, el ritmo y el contenido del proceso constituyente.

Nuestro no, el de ICV, es un no reflexivo, profundamente europeísta, exigente en lo social y en lo ecológico, democrático y federalista. Un no que no niega la importancia de muchas de las afirmaciones que hace el texto constitucional, fruto de anteriores batallas que se libraron y ganaron, como es la prohibición del trabajo infantil, el no a la pena de muerte, etcétera. Nuestro voto contrario no se debe a todos los derechos que se garantizan, como no podría ser de otra manera, en una constitución que se redacta en Europa, sino a todo aquello que falta para que la Unión Europea pueda afrontar en mejores condiciones los retos de la globalización desde una apuesta por la sostenibilidad social y ecológica. Nuestro no también es fruto de un cierto desencanto como ciudadanía catalana. La frialdad, cuando no la indiferencia, hacia realidades como la de Cataluña es decepcionante.

La pregunta de quién gana si gana el no sirve también para preguntarse quién vence si vence el sí, ¿Montilla o Mayor Oreja? Pues dependerá de varios factores. En primer lugar, el nivel de participación en el referéndum. Si los niveles de participación siguen tan bajos como en las elecciones europeas, ni el critico ni el no constructivo van a servir de mucho, el día después de la consulta todo va a seguir igual. Nuestro remedio para incrementar la participación es movilizar al electorado desde un discurso euroexigente, atractivo para el electorado de izquierdas y ecologista. Un segundo factor serán los discursos políticos que justifiquen cada opción de voto. El del no en Cataluña es claramente europeísta. Y a la pregunta sobre qué pasa si gana el no desde un voto movilizado por querer una Europa más social, más ecológica, más federal y más democrática, la respuesta es que se abriría un proceso de renegociación del Tratado de Constitución Europea bajo el influjo de esta opinión crítica que realmente haría de esta victoria del no una victoria de Europa, eso sí de otro modelo de Europa.

Jordi Guillot es vicepresidente de ICV.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0001, 01 de febrero de 2005.