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Graham Greene, profeta

Cide Hamete Benengeli, el historiador arábigo del Quijote, se felicitaba en varias ocasiones por estar sacando adelante su crónica del hidalgo manchego. Lo mismo hace ahora Norman Sherry en The Life of Graham Greene III (1955-1991), el tercer y último volumen de esta biografía, la única autorizada por el escritor inglés. No es para menos, si tenemos en cuenta que Sherry comenzó a trabajar en esta obra a mediados de los setenta, hace treinta años, y que durante este tiempo ha sufrido todo tipo de penalidades físicas, desde una ceguera temporal hasta un episodio de disentería, y desde una gangrena hasta un brote de diabetes tropical. Las penalidades espirituales son harina de otro costal, como el lector verá enseguida. Pero antes de abordarlas conviene hacer memoria.

Greene profetiza que llegará a ver el primer volumen de la biografía, pero no el segundo. La profecía se cumple, para regocijo de Sherry, que tiene una fe absoluta en la infalibilidad del escritor

En los dos primeros volúmenes,

Sherry trazó la vida de Greene entre 1904 y 1955. En el primero abordó su infancia, ensombrecida por un carácter depresivo, por miedos aparentemente infundados, por una timidez mórbida y por sus tendencias suicidas. Tanto fue así que a los 16 años sus padres lo enviaron a vivir con una pareja de psicoanalistas en Londres, en donde se estabilizó considerablemente. Sherry retrató sus años en Oxford, los primeros éxitos literarios -The Man Within, Brighton Rock, Viaje sin mapas- y contextualizó su pasión por Vivien Dayrell-Browning, la mujer por la que se convirtió al catolicismo y de la que nunca se divorciaría. En el segundo volumen, tan exhaustivo y detallado como el primero, Sherry abordó los comienzos de su vida de adúltero en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Allí conoció a Dorothy Glover, y allí escribió El poder y la gloria, El final de la aventura y El agente confidencial. También siguió los pasos al Greene agente del MI6, los servicios secretos británicos, y al Greene que sedujo a Catherine Walston, su amante hasta comienzos de los sesenta. Estos dos volúmenes recibieron el elogio unánime de críticos y especialistas, amén de varios premios de primera fila.

Así pues, dada la maestría de Sherry en varas y en banderillas, ¿cómo es posible que el tercio de muerte le haya quedado tan deslucido? En este tercer volumen el pulso de la narración es inestable, el tono y el ritmo no cuadran con los de las anteriores. Al contrario, aquí Sherry da la impresión de avanzar a trompicones, siempre mirando hacia atrás, como si en cualquier momento pudieran asaltarle a traición. Deambula por el Congo, Cuba, Haití, Rusia, Argentina, Capri, Antibes, buscando las fuentes que inspiraron al autor de Monseñor Quijote, pero se pierde en digresiones desmesuradas; se excede parafraseando los argumentos de algunas novelas y recurre a citas que, en el mejor de los casos, resultan superfluas; para terminar, Sherry explota sin medida el recurso de ver en cada suceso vital la contrapartida literaria.

Al final, uno llega a la conclusión de que lo mejor de este último volumen no es la biografía del escritor, sino las circunstancias en que Sherry remató esta empresa, dignas de una novela del propio Greene. Juzguen ustedes: en 1978 éste le entrega a Sherry un mapa en el que ha señalado todos los lugares por los que pasó a lo largo de su vida. Greene quiere que Sherry desmienta la opinión de algunos críticos, según la cual sus obras están ambientadas en un único espacio imaginario, Greeneland, donde el colonialismo imperialista deja sentir su peso, poblado de funcionarios aburridos cuyas mujeres, más aburridas que ellos, se dan al adulterio, un lugar, en resumidas cuentas, con un clima penoso y habitado por "buenos salvajes". Sherry acepta y así se convierte en el biógrafo oficial de Greene. Hasta aquí todo parece razonable.

Lo siniestro surge años más tar

de cuando, en uno de sus encuentros con Sherry, Greene profetiza que llegará a ver el primer volumen de la biografía, pero no el segundo. La profecía se cumple (la primera entrega salió en 1989; Greene murió en 1991), para regocijo de Sherry, que tiene una fe absoluta en la infalibilidad del escritor. En 1994 se publica la segunda entrega, y entonces Sherry averigua que Greene, antes de morir, había anunciado a una tercera persona lo mismo que le había profetizado a él, pero con una añadidura: que no viviría para acabar el tercer volumen.

Bajo la presión de este mal augurio, a nadie le sorprenderá que Sherry haya tardado diez años en publicar el tercer volumen, ni que el tono sea radicalmente diferente al de los otros dos, ni que se felicite muchas veces por haber llevado a buen puerto el proyecto. Aun así, Sherry es incapaz de violar la voz del vate Greene, y para conciliar su voluntad de terminar la obra con su respeto por la profecía de Greene, concluye el volumen con unos puntos suspensivos. Él mismo afirma que con este final el tomo queda sin acabar del todo, y que por tanto el vaticinio permanece intacto. Al final, tal vez las circunstancias de esta obra, al mostrar la mezcla de respeto y temor atávicos que provocaba el escritor, digan más sobre el último Greene que la biografía en sí.

The Life of Graham Greene. Volumen III, 1955-1991. Norman Sherry. Viking. Nueva York, 2004. 906 páginas. 39,95 dólares.

Graham Greene (Berkhamsted, Reino Unido, 1904-Vevey, Suiza, 1991), visto por Loredano.
Graham Greene (Berkhamsted, Reino Unido, 1904-Vevey, Suiza, 1991), visto por Loredano.

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