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Editorial:
Editorial

Zapatero y Putin

Las relaciones políticas entre Madrid y Moscú iban bien con Aznar y van bien con Rodríguez Zapatero, tras la primera visita que acaba de efectuar el actual jefe del Gobierno español al Kremlin. El que no cambia es Putin. La cortesía diplomática obligaba a Zapatero a no ser crítico con el cada vez más autócrata presidente ruso, o no entrar públicamente en la situación en Chechenia, considerada como un asunto interno ruso, fuente de terrorismo internacional y de tragedias como la ocurrida en septiembre en el colegio de Beslán, pero también objeto de una represión contraproducente por las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior rusas. Pero Putin se sabe a salvo de presiones exteriores, pues el mundo, y muy especialmente los europeos, necesitan una Rusia estable como fuente de creciente importancia de suministros de gas y petróleo y en la guerra contra el terrorismo islamista.

Pese a hablar de malentendidos, el líder ruso no ha cambiado su visión sobre los atentados del 11-M en Madrid: los terroristas se muestran ahora más deseosos de influir con acciones criminales en los procesos electorales internos de los países. Sin embargo, sí parece haber habido plena coincidencia con Zapatero para colaborar en la lucha antiterrorista, o de mantenerse de momento al margen de un Irak en el que no cesa la violencia.

El fantasma de la crisis de Ucrania planeó sobre el encuentro entre ambos celebrado el pasado viernes. Putin anduvo más comedido en sus comentarios sobre el presunto apoyo de Bruselas al líder opositor Yúshenko. Aun afirmando la "relación especial" entre Moscú y Kiev, no puso objeción alguna al eventual ingreso de Ucrania en la Unión Europea. Yúshenko, favorito en la repetición de los comicios el próximo día 26 y cuyo precario estado de salud fue ayer achacado por los médicos que le han tratado en Viena a envenenamiento, propone un plan gradual de adhesión. Pero eso no está en la agenda europea, según ha explicado Zapatero a Putin. La UE tiene ya demasiados problemas, en pleno proceso de consolidación tras la ampliación a 10 nuevos socios y la necesidad de ratificar el Tratado Constitucional. De ahí que sea más realista la visión de desarrollar una relación de los Veinticinco con el Espacio Económico Común, ya formado por Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania.

Enmarcadas en una dimensión europea, los lazos entre España y Rusia deberían fortalecerse en sectores como la energía o el turismo, al ser nuestro país el primer destino de los rusos en busca de ocio. Sin embargo, el nivel de los intercambios comerciales es ridículamente bajo. Impulsarlo requerirá no sólo el empuje de ambos Gobiernos, sino el arrojo de los empresarios. La visita de Zapatero a Moscú y la que Putin tiene previsto realizar a Madrid el año próximo deben contribuir a ello.

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