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COLUMNA

Inversión

Cuando se produjo la boda del príncipe Felipe en Madrid, le preguntaron a su alcalde Alberto Ruiz Gallardón cuánto le había costado a la ciudad la organización del evento. Ruiz Gallardón dijo que el coste había sido muy bajo porque lo que se había hecho era una inversión muy rentable, que se situaba por debajo de lo que hubiera tenido que destinarse para realizar una campaña de promoción en la capital de España con la repercusión que tuvo la boda del heredero de la Corona en todo el mundo.

Si hay un año mágico en la historia valenciana del siglo XX, éste fue 1909. Desde mayo a septiembre se celebró la Exposición Regional Valenciana en la que participaron 110 poblaciones y 998 expositores. Construcciones, palacios, arquitectos, profesionales, empresarios y fuerzas vivas coincidieron en la organización de estos actos que constituyeron una plataforma para impulsar y dar a conocer las oportunidades de la Comunidad Valenciana.

Como sobre todos estos esfuerzos organizativos planean luces y sombras, la parte oscura en la Exposición Regional de 1909 se situó en su resultado económico ruinoso. Para paliarlo se prolongó durante el año siguiente. También tuvo una entidad promotora, el Ateneo Mercantil de Valencia, y contó con un valedor que, según se filtró con posterioridad, se arruinó en el intento. El presidente de la entidad promotora era Tomás Trenor Palavicino y, como tal, concibió la exposición.

La familia Trenor se introdujo en Valencia con Tomás Trenor Keating. Entre otras iniciativas empresariales se dedicó a la industria de la seda, inició la exportación de pasas desde Dénia y, posteriormente, la importación de guano como abono agrícola en representación de la casa Anthony Gibbs de Londres. Los Trenor promovieron e impulsaron el desarrollo industrial y agrario. Desempeñaron cargos políticos y organizaron congresos y asambleas.

Ahora nos enfrentamos al reto de abordar la celebración de America's Cup en Valencia para 2007. En esta ocasión, y como es evidente, no existe la figura de un promotor que lidere la organización del evento. Ante todo se requiere un importante esfuerzo de gestión y financiación. No tan sólo para organizar el evento, que ya tiene su entidad responsable, sino para preparar el entorno urbano con el propósito de aprovechar adecuadamente la oportunidad que se ofrece para 2007 y los años siguientes. Los economistas estudian estas vicisitudes en el contexto de un fenómeno que se produce eventualmente y en el que hay que concentrar esfuerzos. Se debe de volcar inversiones en el acontecimiento de 2007, pero sin descuidar el funcionamiento inmediato de la sociedad valenciana. Las oportunidades son considerables y los recursos escasos. Y la dificultad consiste en dimensionar acertadamente las acciones a emprender con los objetivos a conseguir. No sabemos en estos momentos quién va a liderar el proyecto ante la sociedad, pero quien lo haga habrá de comprometerse y responsabilizarse. No es un asunto sólo de conocimientos económicos o técnicos. Los ingenieros y los arquitectos a menudo no son capaces de alcanzar el punto necesario de consenso y entusiasmo. Es hora de que los políticos hagan gala de su categoría para que los barcos lleguen a buen puerto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004