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Reportaje:

"Hay más violencia de hijos a padres"

El juez de menores de Granada charla con su homólogo en Valencia y el responsable de la sección en el Colegio de Abogados

La Ley Penal del Menor entra en revisión a golpe de actualidad. Así se ha colado en el proceso la acusación particular, no contemplada en el diseño de inicio. El texto parece haber superado las pruebas y en el mundo jurídico se considera bueno porque ha supuesto la máxima apuesta por la reeducación. Pero la exigencia de medios materiales y humanos ha hecho que no se hayan extendido las mismas posibilidades de ayuda a un menor delincuente en todo el territorio. Emilio Calatayud, titular del único juzgado de menores de Granada, ha roto lanzas en los últimos años en favor de los menores. "Hay que tener un compromiso. Tengo suerte porque los fiscales que están en mi juzgado comparten conmigo una misma perspectiva y no he dudado en poner a disposición de una delegada de servicios sociales a un menor delincuente para forzar que hubiera plazas, ni me ha dado apuro ir a proponer convenios para aumentar las posibilidades de trabajos para la comunidad. No todo se excusa con la falta de medios", explica. Para Florencio Izquierdo, titular del juzgado de menores número tres de Valencia que en sólo un año puede señalar 855 casos, y Rafael Iniesta, coordinador del área de menores en el colegio de Abogados de Valencia, la experiencia de Calatayud es muy interesante "pero está muy lejos". Las libertades vigiladas, las tareas socio-educativas y los trabajos en beneficio de la comunidad se convierten en la herramienta fundamental para hacer desaparecer la actitud delincuente de un menor. Sin medios, es sólo una intención.

Rafael Iniesta: "Hay que educar en valores, en el respeto al docente, a la familia"

Emilio Calatayud: "No quiero que un menor me diga que no tuvo una oportunidad"

Emilio Calatayud. Hace falta unificación de criterios, se deberían plantear las salas de menores en los tribunales superiores

Florencio Izquierdo. En Valencia, hay tantos criterios como juzgados. Las salas de menores de los tribunales superiores de justicia hubieran hecho una buena función. La unificación de doctrina la hace la sala del Tribunal Supremo, que tarda muchísimo en responder y mientras tanto poco podemos hacer. Con una unificación de criterios se obligaría a que todas las comunidades tuvieran un mínimo de recursos comunes. Yo cuento con recursos que podrían ser mejores, al margen de que he perdido una inmediatez con la comisaría y otros agentes de la que disfrute cuando estuve en Tarragona, y de que faltan equipos técnicos los sábados y los domingos.

Rafael Iniesta. Los recursos en equipos técnicos son muy importantes. Hay informes que tienen que estar en diez días o en un mes para los casos más graves y en ocasiones esos plazos superan el año. Eso significará, con la reforma del Código Penal, que algunos delitos prescribirán y no se ayudará a reeducar al menor. Los letrados, lógicamente, olvidando incluso el interés del menor, que necesitaría una medida, recurriremos a los máximos beneficios. No puede ser que en Valencia tengamos la situación que tenemos.

F. I. La Generalitat ha hecho un esfuerzo, pero hacen falta más plazas. Tenemos un grave problema por la falta de centros terapéuticos. La mayoría de los delincuentes menores son adictos a bebidas alcohólicas y a drogas. La mayor parte de los casos así que me entran en el juzgado me suponen un conflicto porque no hay dónde internarlos. El problema no es encerrarlos sino tratarlos. No sé cómo lo veréis en Granda.

E. C. En Granada tengo sólo un centro de diez plazas, pero la red en Andalucía sí es muy amplia y hay plazas. La cuestión que se te plantea es la de las distancias. Derivar a un menor para que sea tratado a más de cien kilómetros es desterrarlo.

F. I. Efectivamente, la ley dice claramente que se les debe internar en el centro más próximo a su domicilio, pero no existe.

R. I. Se va a crear un nuevo centro en Valencia, pero llega cuatro años tarde porque en el año que tuvieron para dotar de recursos materiales el sistema no se hizo lo que se debía haber hecho.

E. C. Hay que tener claro que muchos menores no son delincuentes, son adictos y como consecuencia de ello delincuentes. Pero es más, en muchos casos la adicción no es a una sola cosa y eso exige más medios. Y si lo hacemos, nos quitaremos diez o quince delitos por cada chaval.

F. I. Tengo miedo, y toco madera, al artículo cuatro [se refiere a la extensión dentro de la jurisdicción de menores de la franja que va de los 18 años a los 21, ahora en suspenso hasta el 13 de enero 2007]. En cambio, sería muy importante incorporar a los de 12 a 14 años, que es cuando más y mejor puedes trabajar.

R. I. Luego hablan de alarma social. Cuando mata uno de 13 años faltándole un día para los 14 años lo mandas a protección, ¿no es más escandaloso que cuando lo hace uno de 17?

E. C. Lo que pasa es que tampoco se cometen tantos asesinatos. ¿Cuántos se cometen, 80 o 90? Eso, en una población de 40 millones no es tanto. Pero además, hay que distinguir los que son ajustes de cuentas entre bandas por adicción a la droga. Normalmente, no se juzga ni a uno al año. Los medios de comunicación ayudan a generar alarma. Ahora, depende mucho de la información y de la transparencia.

F. I. Ahí. Hay que ser transparente, no decir lo que el público quiere oír sino lo que hay. El periodista tiene que ser muy fino.

E. C. Pero nosotros también nos equivocamos. Hay que hablar con los medios y contar lo ocurrido. Hemos fomentado con nuestro silencio que se saquen informaciones equivocadas. Hemos sido un poco víctimas de la presión del Consejo General del Poder Judicial que dice que el juez sólo habla por sus sentencias, y el juez tiene miedo a hablar con los medios de comunicación.

Calatayud tiene una galería de posibilidades de reeducación como pena a los menores delincuentes: desde limpiar playas y bosques a dar lustre a fachadas pintadas con graffitis. Intenta acercar la pena al delito: aquél que se lía con otro porque le mira mal, 50 horas a limpiar espejos; aquél que ha cometido un delito en materia de tráfico, a trabajar 100 horas con tetrapléjicos; el que va con la moto sin papeles y sin casco, tendrá que sacarse el carné, y de paso aprender a leer y escribir. Valencia no tiene ese álbum. Donde las distancias se acortan es en el análisis. Coinciden en que ha aumentado la violencia de hijos a padres, especialmente en clases medias y en hijos adoptados; en que la falta de valores, la educación sólo en derechos y no en deberes, el modelo de éxito rápido económico y la desvaloración de la figura del maestro han incidido en una mayor delincuencia entre los menores. Apuestan por los trabajos a favor de la comunidad en el caso de la experiencia acumulada por el juez de Granda, casi un 80% no vuelve a delinquir.

F. I. Hay diferencia, sí. Es posible que tengamos que entonar el mea culpa los operadores jurídicos. Pero hay que decir que cuando imponemos una medida de trabajo en beneficio de la comunidad, es la autoridad administrativa. Y me estoy acordado que hace unas semanas impuse uno de esos trabajos en relación con los bomberos y el menor dijo que gratis no iba. Llama mucho la atención la actitud de los menores...

E. C. Y la de los padres.

F. I. En Valencia, está aumentando la violencia de hijos a padres. No sólo física, también psicológica. La relación que el menor tiene con la familia y la escuela ha cambiado, a lo mejor para mal.

R. I. Es muy evidente. Tenemos que educar en valores, en el respeto a los mayores, al docente, a la familia. Y asumir siempre la responsabilidad, no se delega la educación de los hijos en la escuela, se comparte. Los niños no se aparcan en los colegios. El menor anda a su aire. Hemos pasado de un pasillo muy estrecho a una avenida amplísima en la que todo son facilidades y eso es un error.

E. C. Tenemos que educar en valores, en el trabajo bien hecho, en el esfuerzo, potenciar los referentes. Y tenemos que ayudar. No quiero que ningún menor me pueda decir a mí que no le di una oportunidad. Nada de eso, se la daré cuántas crea oportuno, con un límite, claro. Cuando el juez de menores deje de ser el menor de los jueces, el fiscal de menores el menor de los fiscales, el abogado de menores el menor de los abogados y la nuestra la menor de las justicias, cambiarán las cosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004