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LA CRÓNICA

Sin noticias sobre la Constitución Europea

Sobran dedos en una mano para contar los comentarios e informaciones publicados en la prensa valenciana sobre el Tratado por el que se establece una Constitución Europea, que votaremos el próximo febrero. Los asuntos domésticos tienen prioridad y algunos, aparentemente, más amenidad. Como la recurrente bronca sobre el nombre de la lengua, atizada con tanto acierto en esta ocasión por el belicoso consejero Esteban González, y eludida por la Academia Valenciana de la Lengua, en su mitad partida entre el rigor y las conveniencias. Europa, para el caso, se nos aparece como un asunto ajeno y lejano, acerca del cual, por otra parte, ninguna instancia pública parece interesada en divulgar -y menos debatir- el contenido del referéndum al que se nos convoca.

Y aunque sea pecar de ingenuo, he de afirmar que el tema tiene una gran importancia, como revelan los agitados debates partidarios que se han producido en otros países próximos. La tiene, obviamente, como cada una de las decisivas y sucesivas efemérides que han ido ahormando la Unión Europea (UE) desde que los seis estados que crearon la Comunidad del Carbón y del Acero, en 1951, suscribieron en 1957 el Tratado de Roma y parieron la CEE. Como cada una, digo -Maastricht, Amsterdam, Niza-, y seguramente más, porque dicho referéndum puede ser la consolidación del sueño de los padres fundadores, Jean Monnet y Robert Schuman. Consolidación, que no culminación, porque Europa es un proceso incesante de negociación a muchas bandas, y no una obra que un día se entregará llave en mano a sus beneficiarios.

Ya comprendo que no todos, gobernantes incluidos, podemos mirar hacia Europa y verla con la misma perspectiva. Media la ideología del observador, y también, o más, la edad y circunstancias. Aunque todos o la inmensa mayoría porfiemos por la UE y su progreso, en no todos late la misma carga emocional e histórica. Hay una gran diferencia entre quienes a lo largo de muchos años nos hemos sentido ciudadanos de un "país tercero", civil y comercialmente penalizados, y las jóvenes promociones familiarizadas con un espacio común, físico, cultural y político en buena parte ya.

A lo peor, esta sobredosis de europeísmo que en su día nos chutamos la vieja generación no es un buen viático para juzgar con lucidez el voto que se nos pide. Demasiada carga emocional. Sin embargo, no solo tal carga explicaría el voto afirmativo. Europa es un invento que se ha ido vertebrando a fuerza de conjugar riesgos y necesidades, un prodigio de equilibrios entre enemigos seculares y dispares riquezas. Una voluntad plural, ciertamente, pero también convergente en el propósito de garantizar derechos individuales y sociales como en ningún otro ámbito del mundo. En este sentido, Europa es un ejemplo -para Iberoamérica, África, sudeste asiático- y un factor atemperador de los hegemonismos, sean usados o potenciales.

Esquerra Unida, pide el voto negativo. Dos miembros de su Consell Polític, Ignacio Blanco y Amadeu Sanchis, expusieron sus razones en esta misma página, y algunas de ellas son difícilmente rebatibles. La premura de la convocatoria, por ejemplo, lo que conlleva la escasa o nula información que denunciábamos más arriba. ¿Quién ha leído el proyecto? ¿Cuántos artículos tiene? ¿Cuál o cuáles de sus partes son polémicas? Además, no nos engañemos: la Carta que se propone consagra una Europa liberal en la que habrá que luchar para que no se desmantelen muchas de las protecciones sociales, empezando por los servicios públicos. Y eso, por no hablar del futuro de las nacionalidades, que queda en un limbo.

Sin embargo, y desde el País Valenciano visto, el tratado es un paso adelante, y ésta que se nos propone, la mejor Europa posible en la presente coyuntura. Lo cual es perfectamente compatible con el derecho a la utopía, a la prolongación de las disputas entre federalistas y confederalistas, liberales y socialdemócratas, pues ningún tratado ni Constitución puede cancelar el rasgo fundacional y definitorio de esta Europa que se va haciendo: su capacidad para modular los cambios, sin perder el norte de su querencia: la unión y la comunidad de unos valores básicos no igualados en ninguna otra parte habitada. O sea, que sí.

EL 'PARANY'

Y hablado de la Unión Europea, esta semana su Tribunal de Justicia nos ha enviado a los valencianos un recado, cual es el fallo contra la caza mediante la modalidad del parany. Los ecologistas, los tordos y algunas otra aves están de enhorabuena. En cambio, unos pocos miles de cazadores habrán de buscarse otra amenidad y condumio. Quizá intenten encontrarle los tres pies al gato en los reglamento, por aquello de la costumbre inveterada. Con tiempo, asumirán la derrota. Algo irrelevante comparada con la de los cazadores del zorro, en Gran Bretaña, y la que se cuece en relación al arte de Cúchares. Esa sí será una estocada histórica. Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004

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