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PREMIOS DEL CINE EUROPEO

Liv Ullmann reivindica la ética del cine

"Los actores somos testigos de cargo de nuestro tiempo", dice la actriz, que recibió un premio honorífico

La voz de Liv Ullmann sonó cálida ayer en el Saló de Contractacions de la Casa Llotja de Mar de Barcelona, una bellísima joya del gótico catalán que sirvió de marco a la conferencia de actores organizada en torno a la fiesta del cine europeo. Y no sólo por su acogedor tono, instruido en la interpretación desde hace casi 50 años, sino por el profundo mensaje que transmitió. La actriz y directora noruega, nacida en Tokio (Japón) en 1938, reivindicó la ética del cine y aseguró que los actores pueden contribuir, incluso mucho más que los políticos "con sus discursos vacíos", a hacer posible un mundo mejor. En este sentido, llamó a sus colegas a comprometerse con su profesión y con la sociedad. "Pertenecer de un modo u otro al mundo del cine", afirmó Ullmann, "supone una obligación moral, porque nosotros somos testigos de cargo de nuestro tiempo". La actriz recogió anoche un premio honorífico por su contribución al cine.

"Cuanto más se acerca la cámara, más ganas tengo de quitarme la máscara y mostrar mis sentimientos"

"Como actriz, mi materia es la vida, la que vivo y la que observo, sobre la que leo y la que escucho"

Pero hubo mucho más que militancia social en la intervención de esta mujer que practica con el ejemplo. A través de su trabajo, por descontado, y también como miembro destacado de la ONG International Rescue Committee (IRC), dedicada a la atención a los refugiados, y como embajadora de la Unicef. Ullmann, que fue durante años musa y amante de Ingmar Bergman, con quien tiene una hija, Linn, trazó un recorrido por sus recuerdos, lo que le sirvió para explicar su especial relación con el cine y el papel fundamental que él ha jugado en su vida, tanto profesional como personal.

En particular, habló de una película -"mi preferida", dijo-, Umberto D., de Vittorio de Sica, que vio cuando sólo tenía 13 años. Fue conmovedora la evocación que hizo de aquel filme: "Pese a que yo era una niña del norte, querida y mimada por su familia, veía en la pantalla a aquel anciano sin hogar vagar por las calles, y sabía perfectamente cómo se sentía; su dolor era mi dolor; su soledad impregnaba mi cuerpo; su miedo hizo latir mi corazón con más fuerza; el episodio de la pérdida del perro todavía me hace llorar... Umberto D. y yo éramos uno, incluso hoy me reconozco en esa historia".

La protagonista de Gritos y susurros y Secretos de un matrimonio utilizó esta experiencia infantil como metáfora de lo que ella entiende que es el cine: emoción y vida. Y, en particular, en el caso de los actores, cimiento necesario para abordar su oficio.

"En mi profesión como actriz", comentó Ullmann, "mi material es la vida, la que vivo y la que observo, acerca de la que leo y la que escucho". El cine, como cualquier arte, opinó, es comprendido y admirado por el espectador en la medida en que éste se reconozca en él. Y, en este punto, la niñez de la actriz volvió a ilustrar con brillantez su argumentación: "Cuando era pequeña, los árboles que pintaba eran de color violeta, y los cielos, de un intenso verde. Un día, mi abuela, contemplando mis dibujos, me dijo: 'Qué sueños tan hermosos plasmas, Liv'. Pues bien, aquellos cuadros de entonces son como años después fueron mis personajes en el cine; hay quien también se reconoce en ellos, igual que le pasó a mi abuela con mis primeras pinturas".

El bagaje como actriz, admitió, le ha ayudado en su faceta de directora (Sofia, Confesiones privadas, Infiel...), porque sabe bien lo importante que es de cara a la interpretación que "afloren los secretos", incluso aquellos que el actor desconoce que guarda. Y, a su juicio, uno de los resortes primordiales para que esa vida oculta quede al descubierto es "el primer plano". Por eso, aunque no quiso declarar abiertamente su preferencia por el cine frente al teatro, sí subrayó el papel de "descubrimiento del propio yo" del actor que desempeña la cámara. "Cuanto más se acerca la cámara, más ganas tengo yo, como actriz, de quitarme la máscara, de transmitir mis pensamientos, de exteriorizar mis sentimientos... No se trata, en absoluto, de una cuestión de belleza o de narcisismo, sino de revelarme, de mostrarme de tal modo que mi rostro no sea sólo un rostro, sino el reflejo de toda mi vida", describió. La actriz defendió que la identificación entre vida e interpretación es esencial. "Los discursos de la mayoría de los presidentes de los gobiernos seguramente se olvidarán, pero sé que Umberto D. y su alma rota por el dolor pueden cambiar a las personas, pasar a formar parte de ellas y despertar su conciencia social", concluyó.

Esa misma confluencia entre cine y realidad fue defendida al inicio de la sesión por el presidente de la Academia Europea de Cine, el director Wim Wenders, quien calificó el oficio de actor de "arriesgado". "El trabajo de los actores es verdaderamente peligroso, porque tienen que basarse en sus experiencias personales, y eso los convierte en personas extremadamente vulnerables". En la conferencia participaron profesionales del cine europeos. Entre ellos, la actriz Assumpta Serna, que hizo su presentación en catalán; el director y actor ruso Nikita Mikhalkov, y el cineasta húngaro István Szabó. Jeremy Irons, que debía intervenir, excusó su presencia.

Entrevista a Liv Ullmann en El País Semanal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004