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Tribuna:

El largo destino de 'Áncora y Delfín'

Vivimos en un momento en el que constantemente surgen nuevas editoriales literarias, aunque la mayoría de ellas sean pequeñas empresas que sobreviven gracias al empeño y amor a los libros de sus responsables. Es muy probable, sin embargo, que muy pocas puedan llegar un día a los 10.000 números que ha alcanzado la prestigiosa colección Áncora y Delfín, de la editorial Destino.

En su recorrido a lo largo de las siete últimas décadas, este sello se ha sustentado en tres empresas: la revista creada en 1937, la editorial fundada en 1942 y el Premio Nadal, que se concede desde 1944, por sólo referirme hoy a sus ediciones en castellano. A este propósito, el número 722 de esta colección estaba dedicado a hacer un balance de las 50 primeras ediciones del premio por quien mejor podía hacerlo, el profesor Antonio Vilanova.

Detrás de toda empresa de este calibre hay siempre unos nombres imprescindibles, personas responsables de que lleguen a buen puerto los objetivos previstos. En el caso de Destino, el alma y motor fue el señor Vergés, un burgués del Empordà anglófilo y liberal, antifranquista y catalanista moderado, que mantuvo la fama de leer los libros que editaba. Le gustaba también presumir de que ese gusto por unos volúmenes bien encuadernados, pulcros y sin erratas provenía de su pasión por todo lo inglés. Para conocer mejor al personaje les aconsejo que lean el retrato que le dedicó Pla, 'Josep Vergés i Destino', en Retrats de passaports (1970).

En esta ambiciosa empresa contó con tres colaboradores de lujo: el poeta Joan Teixidor, el crítico y traductor Rafael Vázquez Zamora y el grafista y pintor informalista Erwin Bechtold. El primero, socio y estrechísimo cómplice, ideó el nombre de la colección a partir del célebre anagrama de Aldo Manuccio que lleva la inscripción "festina lente", o sea, "apresúrate despacio". El segundo fue su hombre en Madrid y su más directo asesor de literatura extranjera, sobre todo de la publicada en lengua inglesa. Y el tercero, un alemán afincado primero en Barcelona y luego en Ibiza, diseñó en los años cincuenta las cubiertas de los libros y el logotipo y la maqueta de la revista Destino, con sus característicos colores rojo y negro.

En estos últimos años recogieron el relevo Andreu Teixidor (1972-2001) y Joaquim Palau, cuando ya la editorial, en dos etapas, 1989 y 1997, pasaba a depender del Grupo Planeta. También me parece imprescindible recordar en estos mismos años, a partir de 1988, la excelente labor editorial de Felisa Ramos, responsable del que quizá haya sido el último gran periodo de esplendor de esta casa editorial.

Lo menos que se puede decir de este catálogo es que resulta impresionante, si bien Miguel Delibes destaca entre los demás por la fidelidad y por la trascendencia de su obra en la historia de la prosa narrativa española. Por eso han querido celebrarlo con la edición de unas viejas notas que guardaba el escritor: España 1936-1950: muerte y resurrección de la novela, muy bien recibidas por la crítica especializada. Asimismo, la reciente edición de la correspondencia entre Vergés y Delibes puede considerarse un aperitivo de lujo de esta celebración. Leídas adecuadamente, esas cartas nos dicen más sobre la creación literaria, los mecanismos del mundo de la edición en la España de posguerra y la compleja personalidad de los protagonistas que muchos trabajos periodísticos y académicos al uso.

Sin la colección Áncora y Delfín es imposible entender la narrativa española de los cuarenta, cincuenta y sesenta, sobre todo la que se viene llamando la Generación del Medio Siglo. No en vano en ella figuran muchos de los más señeros representantes de la novela y el cuento de la segunda mitad del siglo pasado: Camilo J. Cela, Ramón J. Sender, Carmen Laforet, Ana María Matute, Gonzalo Torrente Ballester (el autor favorito de Vergés, sobre todo La saga / fuga de J. B.), Francisco García Pavón, Juan Goytisolo, Rafael Sánchez Ferlosio, José Antonio Muñoz Rojas, Juan Benet, Luis Goytisolo, José Jiménez Lozano, Carmen Martín Gaite, Álvaro Cunqueiro (otra de las debilidades del editor), Jesús Fernández Santos, Francisco Umbral, Manuel Vicent, Fernando Arrabal, José Luis Sampedro, Juan José Millás, el raro Aliocha Coll, Juan Pedro Aparicio, Gustavo Martín Garzo, Antonio Soler... En cambio, la reciente apuesta por narradores jóvenes

(José Ángel Mañas, Pedro Maestre y Lucía Etxebarría) no parece haberse saldado con unos buenos resultados literarios, por decirlo de manera cauta y sucinta.

Los volúmenes con más éxito comercial han sido El camino, de Delibes; Réquiem por un campesino español, de Sender, y La familia de Pascual Duarte, de Cela. Del primero se llevan vendidos dos millones de ejemplares y los otros dos han superado ya el millón.

La presencia de los autores hispanoamericanos, en cambio, resulta mucho menor, si bien podríamos destacar a Jesús Díaz y al ahora indiscutible Juan José Saer, aunque en su momento no se le prestara la atención que merecía. No ocurre lo mismo con la narrativa universal, cuya presencia es, a pesar de los tiempos difíciles, de primera categoría. Así, editan obras de Joseph Conrad, Alfred Döblin, Virginia Wolf, Georges Orwell, Bernard Malamud, Iris Murdoch, Cesare Pavese, Italo Calvino, Leonardo Sciascia, Bohumil Hrabal, Naguib Mahfuz, Czeslaw Milosz, V. S. Naipaul, Heinrich Böll, Doris Lessing, Wiliam Kennedy y el ahora reconocido Sándor Márai. Recuerdo en concreto, quizá porque siempre me lo comenta Robert Saladrigas, que aquí aparecieron Herzog, de Saul Bellow, y Sobre los acantilados de mármol, de Ernst Jünger.

Áncora y Delfín se inició con Cavilar y contar, de Azorín, y ha llegado a su número 1.001 con una novela inédita de Carmen Laforet, Al volver la esquina. Aprovechándose del éxito cinematográfico, le siguió Cumbres borrascosas, y luego Viaje en autobús, de Josep Pla, que antes se había publicado por entregas en la revista Destino.

No hay que olvidar que ésta fue la colección señera, por lo que respecta a la narrativa española, hasta que surgió la Biblioteca Breve, de Seix Barral, con la que compartió el primer plano en la década siguiente.

Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la UAB.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004