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Análisis:ANÁLISIS | NACIONAL

El 11-S, el 11-M y el 3-O

La detención en Francia de la cúpula de ETA.

LA DETENCIÓN el 3 de octubre de dos jefes de ETA y el desmantelamiento de la infraestructura terrorista construída en el Sur de Francia durante la falsa tregua declarada en 1998 permiten suponer que la atención prestada al desafío islamista no ha hecho "bajar la guardia" ante el nacionalismo vasco radical a los Gobiernos de Madrid y de París, a diferencia de lo ocurrido en sentido opuesto durante el mandato del PP, tal y como reconoció Aznar al hacer el balance de sus ocho años. La lucha contra ETA de los dos Estados democráticos de Derecho europeos ubicados a uno y otro lado de los Pirineos -de sus tribunales y de sus cuerpos de seguridad - se ha desarrollado sin solución de continuidad y de manera coordinada desde hace décadas; si en 1996 Aznar tomó el relevo de manos de Felipe González, Zapatero recibió hace seis meses el testigo del anterior inquilino del palacio de la Moncloa.

La colaboración de la justicia y de la policía francesas en la lucha contra ETA da la razón a los defensores de la alianza española con la 'vieja Europa' puesta en riesgo por el Gobierno de Aznar

La caída de los dirigentes de ETA y la requisa de abundante documentación, armamento, dinero y ordenadores han sido fruto de la colaboración judicial y policíaca francesa, objeto todavía- sin embargo- de las críticas y recelos de ciertos sectores de la opinión pública española. Es cierto que las diferentes ramas de ETA se beneficiaron -al arrancar la transición- de una falaz imagen embellecedora, arrastrada inercialmente desde el franquismo por la opinión pública no sólo de Francia sino también de otros países (e incluso de segmentos de la sociedad española): la ilegítima aspiración a presentarse como organizaciones políticas de resistencia armada a la dictadura que seguían luchando contra la supervivencia de una autocracia militar enmascarada por una fingida fachada democrática se resistió a desaparecer durante demasiado tiempo. Pero las elecciones de 1977, la Constitución de 1978, la contribución del Rey a la derrota del golpe del 23-F y la llegada al poder de los socialistas en 1982 disiparon las últimas dudas racionales de buena fe que pudiesen existir al respecto. A partir de la elección presidencial de Mitterrand, la colaboración de la Francia republicana con la España democrática en la lucha común contra la violencia de ETA fue haciéndose irreversible.

El brusco viraje dado por Aznar a la política exterior para convertir a España en un satélite de la presidencia de Bush y debilitar sus vinculaciones con la vieja Europa (Donald Rumsfeld dixit) esgrimió como justificación una superchería. Según esa tramposa tesis, el respaldo prestado por España a Estados Unidos, no sólo para perseguir en Afganistán a los inductores del 11-S previa autorización de Naciones Unidas , sino también para invadir Irak al margen de la legalidad internacional, sería recompensado en el futuro con la desarticulación de ETA por los servicios de inteligencia norteamericanos. Esa milagrera expectativa -un remake político de Bienvenido míster Marshall a cargo de la CIA- fue presentada por Aznar como un pago por la fotografía de las Azores pero sigue pendiente de cobro; en cambio, la Francia tan detestada por el PP mostró el pasado domingo la eficacia de su compromiso.

Por lo demás, la documentación descubierta el 3-O podría desbaratar las torticeras maniobras emprendidas al alimón por los portavoces del PP y por algunos medios de comunicación a su servicio para obstruir la labor de la comisión parlamentaria del 11-M, con el fin último de que la opinión pública olvide las negligencias de Aznar en las tareas de prevención del terrorismo islamista y su electoralista manipulación informativa del terrible crimen. Según esa maliciosa y descabellada conjetura, la autoría intelectual y la planificación operativa de la matanza de Madrid corresponderían a una asociación entre ETA y Al Qaeda, tutelada o guiada desde lejos por los servicios secretos marroquíes y/o franceses, deus ex machina de esa sangrienta trama en connivencia con policías españoles y con el propio PSOE. ¿Servirá el 3-O para que el director de El Mundo y los portavoces del PP, llevados de la brida por Pedro J. Ramírez junto con sus confidentes amaestrados, renuncien a seguir vendiendo a la comisión parlamentaria del 11-M esa película de Fu-Man-Chu?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004