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Reportaje:

Lucha por el poder en la policía palestina

El presidente Arafat se resiste a ceder autoridad sobre las fuerzas de seguridad ante las aspiraciones del opositor Dahlan

Una de las mayores exigencias de la comunidad internacional a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y a su presidente, Yasir Arafat, es la reforma de los cuerpos de seguridad, que, según los acuerdos de la autonomía palestina, debían ser un cuerpo policial, no militar, y limitado a 30.000 integrantes en virtud de los acuerdos interinos de Oslo II, de 1995. Arafat, que se resiste a ceder el poder que le da el control de las fuerzas de seguridad, mantiene un dura pugna con el opositor Mohamed Dahlan.

Las limitaciones impuestas por los acuerdos de autonomía de Gaza y Jericó de 1994 dieron lugar a la creación de diversos grupos policiales, así como las fuerzas de seguridad nacional -embrión de las futuras fuerzas armadas palestinas y que algunos catalogan de paramilitar-, que no estaban previstos por la comunidad internacional ni por Israel. Estos grupos fueron creciendo en número -aspecto que preocupó a Israel por considerarlo un riesgo a su seguridad, y por lo que exigió en numerosas ocasiones la investigación de los cuerpos policiales palestinos-, muchas veces bajo el impulso de "compensaciones a leales" a Arafat -los tunecinos (la vieja guardia del presidente, con la que compartió su exilio en Túnez) recibieron siempre los cargos de mayor poder-, y también por el deseo del propio rais de mantener el control absoluto sobre todo lo que sucedía a su alrededor.

La comunidad internacional hace meses comenzó a exigir a Arafat transparencia en los pagos a sus policías. Hasta ese momento, el jefe de cada unidad era el encargado de pagar en efectivo los sueldos y se impuso el pago a través de transferencias bancarias. Los policías constituyen un número indeterminado, que se disipa en la nebulosa de la burocracia palestina. Esto forma parte de una estrategia de la ANP de finales de los noventa para ampliar el número de sus efectivos, muchas veces de paisano, para no violar, al menos públicamente, el número de miembros de seguridad, asignado en Oslo.

Era además el modo de burlar la imposición de Israel en algunos de sus efectivos, ya que se oponía a que miembros de la ANP, considerados "terroristas" por Tel Aviv, formaran parte de los recién creados cuerpos policiales palestinos. Estos organismos fueron armados, pero con limitaciones, un hecho considerado por la derecha israelí como el peor error de sus negociadores, ya que aseguran que sirvió para armar a las milicias.

Las reformas exigidas pasan por la unificación de los cuerpos y la cesión de poder de Arafat. Pero el presidente no quiere ceder ese terreno porque significa perder el control de todo lo que sucede en la ANP, donde desde hace tiempo hay movimientos opositores, entre los que se destaca Mohamed Dahlan, ex jefe de la seguridad preventiva en Gaza.

El septuagenario dirigente político ha urdido todo tipo de estrategias para evitar al menos en la práctica perder terreno. Sin embargo, Arafat se ha visto obligado a reformar algunos aspectos de los cuerpos de seguridad, a raíz del brote de anarquía que irrumpió en Gaza en julio. Reformas que, al menos para Dahlan, no son suficientes, ya que hace menos de una semana le amenazó con avivar el caos en la franja de Gaza, su particular bastión donde controla el 70% de los cuerpos de seguridad, si no se plasman en decisiones.

Finalmente, el rais accedió a poner en práctica el paquete de reformas aprobadas el 15 de mayo de 2002 de la Ley Básica Palestina, una suerte de constitución. Aquellas reformas instauraron la figura del primer ministro y la asignación al ministro del Interior de algunas fuerzas policiales como la seguridad preventiva (seguridad interna en los territorios), la policía (tráfico y delincuencia común) y la defensa civil. Sin embargo, bajo el mandato de Arafat continúan las fuerzas de seguridad general, columna vertebral de la ANP, y los servicios de información, ambos organismos asignados al presidente por la Ley Básica.

Pero por si esto fuera poco, Arafat, en su particular pulso de poder con Dahlan -visto con buenos ojos por Israel y EE UU-, sigue manejando los entresijos del poder, a través de la presidencia del Consejo de Seguridad Nacional (con un consejero nacional, Yibril Rayub, de su entera confianza). Aunque ha aceptado, al menos formalmente, reducir de 12 a 3 los cuerpos de seguridad, tal y como viene exigiéndole la comunidad internacional: policía nacional (Saeb al Azeb, que ocupó durante dos días el puesto de Yabali, hasta que éste recuperó su cargo), la fuerzas de seguridad públicas bajo la mirada atenta de Musa Arafat, su sobrino y leal, e Inteligencia Militar, que dirige Amin al Hindi (hombre de Dahlan).

Los cuerpos de seguridad dibujan la división y lucha de poder de Dahlan y Arafat, aunque el primero sigue ostentando, de momento, sólo el poder en la Franja de Gaza, ya que en Cisjordania apenas cuenta con apoyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004