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Crítica:CANCIÓN | Maria Bethãnia
Crítica

Una deuda

Entró corriendo y descalza. Diecinueve años después. Los que ha tardado la brasileña Maria Bethãnia en regresar a Madrid para cantar. Una deuda difícil de saldar con una única actuación.

Llegó con ímpetu porque sus músicos terminaban ya de tocar las notas de Maria Bethãnia, la canción que lleva su nombre y que escribió a principios de los setenta su hermano, Caetano Veloso. Descalza porque el escenario es para ella un lugar sagrado: lleva 37 años soltando allí sus demonios y encontrando a sus dioses.

Bethãnia ofreció un concierto de reencuentro con el público español: alguna canción del último disco -Brasileirinho, un avance del próximo dedicado a Vinicius de Moraes y clásicos como el impetuoso Viramundo, de Gilberto Gil, o la enternecedora Teresinha, de Chico Buarque, autor también de Cálice ("Padre, aparta de mí este cáliz, de vino tinto de sangre"), recuerdo de los tiempos negros de la dictadura en Brasil-.

Maria Bethãnia

Maria Bethãnia (voz), Jaime Alem (dirección musical y guitarra), João Carlos Coutinho (piano y acordeón), João Castilho (guitarra), Rõmulo Gomes (bajo), Marcelo Costa y Reginaldo Vargas (percusión), Márcio Mallard (violonchelo) y Nair Candia (voz). Conde Duque. Madrid, 5 de julio.

Cantó A felicidade -guitarra, piano y chelo la acompañaron en la eterna composición de Jobim y Vinicius- con ese brillo que sólo puede darle una verdadera intérprete. Tuvo otra intervención notable en Negue, ligada para siempre a su voz. Tanto que por eso, enamorada desde que se la escuchó en un disco en Cabo Verde, la ha grabado Cesaria Evora.

La palabra

Aunque insiste en acortar y enlazar canciones pudo oírse algo de esa voz de árbol que crepita, como decía el poeta Vinicius, siempre entre la tensión y el éxtasis, según la definió el cineasta Carlos Diegues. Una de las más carismáticas de Brasil. Lástima que se pierda un poco el hilo teatral que la distingue de cualquier otra cantante.

Ese aspecto de sus espectáculos, punto fuerte y marca registrada de la casa, queda un poco deslucido cuando Bethãnia sale de Brasil y se ve obligada a prescindir de la escenografía de Gringo Cardia, la dirección escénica de Fauzi Arap -con sus silencios y monólogos- o Bia Lessa -mujer más de luces y colores-, y dejar de lado -cuando para ella, que ya pensó en ser actriz, la palabra es imprescindible- los textos de brasileños como Clarice Lispector, Manuel Bandeira y Guimarães Rosa o los portugueses Fernando Pessoa, Manuel Alegre, Sophia de Mello Breyner....

Desde que, en 1965, aquella chica delgada, recién llegada de su Bahía natal a Río de Janeiro, soltó la voz en Carcará, ya no ha abandonado un lugar de privilegio en la música de su país. Siguiendo su propio camino, defendiendo sus ideas con convicción y sin ceder a modas. Bethãnia siempre ha cantado lo que quería y como quería. Por lo emocionada que estaba tras su actuación no parece probable que tarde tanto en regresar.

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