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LA INVESTIGACIÓN DEL 11-M | La comisión parlamentaria

Bolsa o mochila, ésa es la cuestión

Al leer las declaraciones oficiales de la mañana del 11-M y de los días posteriores se da como un hecho probado que los terroristas islamistas utilizaron mochilas para albergar el explosivo. Esas mochilas, como en sus 15 minutos de gloria pasajeros ocurrió con el Titadyne, facilitaron la identificación del atentado con su conocido usuario, ETA. Otra seña de identidad con ETA que se manejó durante el atentado del 11-M: las mochilas bomba trampa. En los informes policiales posteriores se sigue hablando de mochilas y alguna vez de bolsa, pero cuando se ofrece alguna fotografía uno advierte fácilmente que se trata de una bolsa de deporte.

Fue Luis Garrudo, el portero del edificio de la calle del Infantado, de Alcalá de Henares, quien ayer reparó, como quien no quiere la cosa, en este detalle. "Yo caminé detrás de él [uno de los terroristas encapuchados], que llevaba una bolsa... o mochila, no sé si bolsa o mochila, en el lado izquierdo...".

¿Bolsa o mochila? Los terroristas islamistas utilizaron bolsas, que no mochilas. Era, según se describe en los informes policiales, una "bolsa de deportes, de loneta, color azul marino, con asas de cuero marrón con una inscripción, de 25 centímetros de ancho, 25 de alto y 45 de largo".Y para más detalle, esas bolsas fueron compradas, según ha sabido este periódico, a un mayorista de nacionalidad china que abastece a las tiendas de todo a cien.

Si la mochila era un indicio que a los ojos del Ministerio del Interior permitía acusar a ETA, la idea de que se trataba de mochilas trampa terminaba por afinar en el punto de mira a la banda terrorista. Acebes fue muy claro en su rueda de prensa de las ocho de la noche del jueves 11-M, aun cuando todas sus especulaciones ya habían sido derrotadas por la inspección de la furgoneta Renault Kangoo. "En estos momentos [ocho y ocho minutos de la tarde], el modus operandi de esta mañana era también muy similar al del día de Nochebuena: mochilas colocadas en diversos vagones de un tren. Y, por lo tanto, lo único que variaba era la estación, pero lo demás era muy similar".

Lo cierto es que los mandos policiales, después de analizar cada uno de los indicios disponibles -ahora sí, pruebas materiales como los restos de explosivo en la furgoneta, los detonadores y la casete con versos coránicos-, acudieron a la reunión con Acebes a partir de las seis y cuarto de la tarde. El problema que se planteaba, a la luz de las pruebas, no era el de "no descartar" al terrorismo islamista, como dijo el ministro más tarde, sino otro: ya no había manera de considerar a ETA la línea de investigación "prioritaria" -frase de Acebes- apoyándose en las conjeturas de la mañana. Acebes consideró las sospechas policiales iniciales basadas en un método deductivo -no pruebas materiales- como un cheque en blanco para seguir sosteniendo una teoría que, a esas horas, ya era fantasía.

Ayer quedó en claro que la inspección en regla y el hallazgo de explosivos, detonadores y casete de versos coránicos tuvo lugar en Canillas y que en la tarde del 11-M todos los indicios se reunían para terminar con las especulaciones y conjeturas iniciales.

El testimonio de Carmen Baladía, directora del Instituto Anatómico Forense, tuvo un interés gestual. Tras responder a los parlamentarios de la mayoría, miraba instintivamente de reojo a los asientos del Partido Popular. Sería por algo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2004