Reportaje:

Vivir en Arabia Saudí

Los cerca de 500 españoles que viven en el país se enfrentan al miedo y al rigorismo islámico

"Cuando escuché a mi hija pequeña decirle a mi mujer al salir a la calle que no se olvidara de ponerse la abaya -prenda negra que visten obligatoriamente las mujeres en Arabia Saudí y que les cubre completamente de la cabeza a los pies-, supe que teníamos que irnos de allí". El que habla es un empresario español que vivió en Riad, capital de Arabia Saudí (25 millones de habitantes), durante varios años por motivos laborales, "como la mayoría de los extranjeros que viven allí", y que mantiene relaciones comerciales con el país. Como casi todos los entrevistados para este reportaje, prefiere no dar su nombre por motivos de seguridad.

La vida de la colonia española en Arabia Saudí, compuesta por 461 personas que residen permanentemente allí y otras 50 que lo hacen por temporadas, según los datos de la Embajada en Riad, se ha ido enrareciendo paulatinamente en los últimos años, tras los atentados del 11-S. Las guerras en Afganistán e Irak y los recientes atentados de Al Qaeda, los últimos el pasado fin de semana, contra complejos residenciales de extranjeros y compañías petroleras, que dejaron 22 muertos y que han puesto el precio del barril cerca de los 40 dólares, han sembrado el miedo en toda la población extranjera, que sostiene la opulenta economía de este país de apenas cien años de historia, dirigido por la dinastía de los Al Saud como una monarquía absoluta.

"Es difícil vivir en un país en el que lo primero que hacen es quitarte el pasaporte"

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Hasta tal punto es así, que la estampida en masa de la población extranjera, entre ellos los 30.000 técnicos occidentales esenciales para el funcionamiento de la industria petrolera

, principal fuente de riqueza de este país situado a la cabeza de los productores de crudo, supondría el colapso del Estado. Sin embargo, las recomendaciones desde las distintas embajadas a sus ciudadanos se suceden advirtiéndoles de los riesgos y las precauciones que deben tomar. "La mayoría les han recomendado que adelanten las vacaciones y que se vayan del país de momento", asegura el empresario español.

"Hemos incrementado las medidas de seguridad y enviado comunicados con recomendaciones a la colectividad. Las relaciones con las fuerzas de seguridad saudíes son excelentes y nunca nos han negado nada", explica Ramón Ansoain, que lleva dos años como embajador de España en el país. "La mayor parte de la colonia española se encuentra repartida entre Riad y Yeda, en la costa Este, y son mayoritariamente empresarios, trabajadores de empresas y miembros de familias mixtas. De momento, nadie nos ha manifestado su voluntad de irse definitivamente. No hay que ceder al terror. Al contrario: las empresas españolas ya no sólo venden productos como cerámicas, sino que empiezan a hacer inversiones importantes en el sector de estructuras, petroleras...", agrega.

Entre las empresas que han manifestado su voluntad de mantener sus proyectos está Repsol, que ha firmado un acuerdo con el Ministerio de Petróleo y Recursos Minerales "para la exploración de gas natural" en un área del suroeste.

Pero las versiones empresarial y oficial de la Embajada contrastan con la preocupación expresada por los españoles que viven o han vivido en este país musulmán de culto wahabí, que hace una de las lecturas más integristas del islam, y en el que fue abolida la esclavitud hace sólo 40 años, sigue habiendo ejecuciones públicas y lapidación de mujeres. Hasta hace poco, éstas no tenían documento de identidad propio, sino asociado al del padre o marido.

"Es difícil vivir en un país en el que lo primero que hacen es quitarte el pasaporte como advirtiéndote de que estás en sus manos, en el que no ves a una mujer salvo en las urbanizaciones amuralladas de los occidentales o en alguna de las impresionantes y alcohólicas orgías de alguno de los palacios de los miles de príncipes que hay, en el que para ir de una ciudad a otra necesitas el permiso de tu sponsor [padrino]... En un país que literalmente se para cinco veces al día para rezar", comenta un ex becario de la Embajada. "Pero desde el 11-S, y sobre todo desde la guerra en Afganistán, se enrareció mucho el ambiente. Las relaciones entre saudíes y occidentales se tensaron. Nos tiraban latas de Coca-cola a los coches, nos insultaban por la calle. Y la cosa ha ido a peor", añade.

Según el empresario español, la población ha seguido creciendo a ritmo vertiginoso. "Ahora hay problemas de paro. Los jóvenes, la mayoría licenciados en ley islámica, no encuentran trabajo, y entre la población saudí de a pie se asienta la idea de que los occidentales son los causantes de todo aquello. La situación es muy mala ahora, y controlar el miedo es difícil".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 05 de junio de 2004.

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