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La crítica premia a Zúñiga y García Montero

'Soinujolearen semea', de Bernardo Atxaga, consigue el galardón a la mejor obra en euskera

Pamplona
Capital de la gloria, de Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1929), y La intimidad de la serpiente, de Luis García Montero (Granada, 1958), fueron galardonadas ayer con el Premio Nacional de la Crítica a las mejores obras de narrativa y poesía en lengua castellana editadas en 2003. El jurado de la Asociación Nacional de Críticos literarios, presidido por Miguel García Posada y reunido en Pamplona, premió al escritor vasco Bernardo Atxaga por su novela Soinujolearen semea (El hijo del acordeonista) como mejor obra narrativa en euskera. También obtuvieron premio los valencianos Joan F. Mira y Maria Beneyto, así como Xabier López y Xulio L. Valcárcel, y la poetisa guipuzcoana Tere Irastortza.

Eduardo Zúñiga atribuyó ayer a una "casualidad astrológica" la acumulación de premios que su obra Capital de la gloria (Alfaguara) acapara. El Premio Nacional de la Crítica le ha llegado cuando trabaja en su nuevo libro, una recopilación de cuentos diversos, algunos ya publicados y otros inéditos, que el escritor reunirá sobre el fondo de un "Madrid lejano, un poco onírico, histórico, pero de ensueño", según los definió ayer.

La obra premiada, con la que su autor culmina una trilogía dedicada a la Guerra Civil, es definida por el autor como "un mensaje de esperanza" frente a una de las adversidades más sórdidas que puede conocer el ser humano, la de una ciudad, Madrid, "cercada por la guerra pero en la que, por encima de los sufrimientos, sobresalen las esperanzas del ser humano, los impulsos positivos de las personas, sus pasiones y su amor". La contienda civil como telón de fondo del relato sigue siendo fuente de atracción porque es "un capítulo dramático de nuestra historia que quedó sin aclarar completamente". Ahora, en un nuevo siglo, las circunstancias permiten asomarse de nuevo a la catástrofe "con el deseo de descubrir sus causas, incluso de aceptarlo como realidad incuestionable", matizó el escritor madrileño, que ha obtenido ya con Capital de la gloria los premios NH de Relatos al mejor libro de cuentos y el premio Salambó.

A Luis García Montero el galardón le llegó cuando sobrevolaba el Atlántico procedente de Buenos Aires. La intimidad de la serpiente (Tusquets) ha sido considerada por el jurado como un "poemario de madurez" que mantiene y refuerza una "intención moral, la denuncia de un tiempo -que se extiende al presente- de claudicación y miseria" y en la que "el entusiasmo ha cedido a la melancolía pues los sueños del poeta y de su generación no siempre se han realizado".

Su autor prefiere denominarlo "un ejercicio de memoria que se acabó convirtiendo en un ejercicio de conciencia". García Montero, para quien el pensamiento crítico "es inseparable de cualquier creación cultural o artística", compara en su obra las metáforas y símbolos de dos Españas, la de su niñez, en los años sesenta, y la del siglo XXI. "Del subdesarrollo y la pobreza hemos pasado a las contradicciones del bienestar", explicó el poeta granadino. "Quizá por eso lo que era memoria se convirtió en ejercicio de conciencia", añadió.

También enraizada en la guerra de 1936 está la obra de Bernardo Atxaga (Asteasu, 1951) Soinujolearen semea, aunque el escritor quiso matizar ayer que "decir que en un libro hay tal tema es como decir que en la cara de una persona hay ojos, nariz y boca". "Dices algo", continuó el escritor, "pero muy poco sobre la expresión de esa cara, que es el libro".

La novela de Atxaga, publicada en euskera por Pamiela, será editada por Alfaguara en castellano en septiembre de este año y Ediciones 62 en lengua catalana. Atxaga asegura que usó el tiempo que le es propio. "Desde el tiempo de mis padres al de mis hijas, la Guerra Civil es sólo uno de los infiernos", afirma el autor, que rememora la máxima de que "sólo el amor nos puede rescatar". Hay en su trabajo una reivindicación de la lucha poética. "Los vencidos tenían la poesía, León Felipe, Machado... La poesía casi siempre lo es de los vencidos porque siempre está en la parte del que sufre y del débil y yo he tomado postura por ellos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004