Reportaje:

Llenazo en el tranvía

Miles de personas utilizan el nuevo transporte del Baix Llobregat

Un triunfo. El primer día del tranvía fue un paseo triunfal, una inauguración multitudinaria. Fue aclamado por las calles. Un grupo de okupas trató de impedir su paso en Esplugues y detuvo el trayecto inaugural durante 80 minutos. La reacción de los vecinos fue contundente: abuchearon a los protagonistas de la protesta y vitorearon al tranvía. Miles de personas lo utilizaron, en su inmensa mayoría a plena satisfacción, porque además era gratis.

El tranvía, reconocían ayer su promotores, vivió dos hechos insólitos e inesperados: se paró sin que la causa fuera un accidente y, sobre todo, fue aclamado. Y en Esplugues, donde hay una potente plataforma de rechazo, cuya presencia era ayer testimonial: apenas unos carteles recordaban que muchas personas prefieren el metro. El resto era entusiasmo pro tranvía. Un entusiasmo que se palpaba dentro y fuera del convoy. Dentro, porque los invitados llenaban los coches. Había más de 800 personas con invitación. La mayoría acudió con tal espíritu de entrega que parecía que iban a una boda: vestidos de punta en blanco y acompañados de toda la familia, hijos incluidos. Muchos eran trabajadores de las empresas relacionadas con el transporte colectivo y llevaban cámaras fotográficas. No perdieron la ocasión de fotografiarse junto al nuevo transporte. En las cocheras, en el trayecto y luego ya en la ciudad.

Pero si la alegría de los relacionados con el tranvía era previsible, lo era menos la acogida de la población. Las paradas estaban a rebosar. Y eso que la gente tuvo que esperar horas para utilizarlo y algunos se quedaron sin poder hacerlo, tal fue el lleno.Los miembros de los tres partidos que forman el Ejecutivo catalán están de acuerdo en que cuanto menos se toque la Constitución, mejor. Es más: mejor que no se toque; es preferible que se adopte la vía de blindar las competencias exclusivas y de promover, con la reforma de leyes fundamentales -Poder Judicial, entre otras- o mediante iniciativas legislativas del Parlament llevadas a las Cortes generales, los traspasos que el poder central puede hacer de forma voluntaria y discrecional a través del artículo 150.2 de la Constitución, según manfiestan fuentes del Gobierno de la Generalitat.

Convergència i Unió (CiU), desalojada del poder tras 23 años ininterrumpidos ejerciéndolo, tendrá una tarea difícil en la elaboración del nuevo Estatut: fiscalizar desde la óptica nacionalista y desde la oposición si sus competidores directos de Esquerra Republicana están a la altura de las expectativas soberanistas o no. Aunque, de hecho, aseguran fuentes de la federación nacionalista, los convergentes deben estar pragmáticamente atentos también a su electorado, acostumbrado a lo pragmático y poco dado a los principios etéreos que Jordi Pujol ha situado reiteradamente en el terreno de lo "ético, estético y profético", agregan.

Por su parte, el Partido Popular de Cataluña (PPC) de momento sigue sumido en la duda de si sumarse o no a la ponencia que redactará el nuevo Estatut. Y está todavía más en el aire que acabe dando el sí al proyecto que finalmente apruebe el Parlament.

Andalucía como aliado

La singladura de la nave de la reforma estatutaria no se prevé fácil. Y el Gobierno catalán busca como primer aliado en ese proceso, según propia confesión, a la Andalucía que encabeza el socialista Manuel Chaves: por las similitudes de las competencias autonómicas y porque una nacionalidad como Cataluña y una comunidad que ha ganado su autonomía en las urnas, como la andaluza, pueden ser más provechosas, opinan, y herir menos susceptibilidades centralistas que otro tipo de alianzas de carácter marcadamente nacionalista.

De momento, las fuerzas políticas salidas de las urnas el 14-M se están situando sobre el tablero a la espera de que comience la partida de ese inmenso rompecabezas de la reforma autonómica o constitucional. El PSOE sólo moverá la Constitución para la reforma del Senado. Nadie augura un camino sin tropiezos o, mucho menos, de rosas para el Estatuto catalán. Pero tanto, el Gobierno catalán y los partidos que lo conforman -así lo aseguran- están dispuestos a dar un primer paso muy meditado para evitar el fracaso en algo en lo que el 80% del electorado tiene puestas sus expectativas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 03 de abril de 2004.

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