Icono y contexto en Santa Caterina
Está a punto de inaugurarse en Barcelona la reforma integral del viejo mercado de Santa Caterina, una obra muy significativa que ha proyectado el equipo de arquitectos Miralles-Tagliabue. Se trata de una doble operación radical, de enorme envergadura, no sólo por el impacto del nuevo monumento, sino por la modificación urbana del entorno que lo acompaña. Prefiero aplazar el comentario de la nueva arquitectura a que la obra esté totalmente terminada, con la reinstalación del batiburrillo de los puestos del mercado y su indispensable dinamismo coloreado y eficazmente chillón. Es con esta visión global con la que podremos entender mejor los atrevidos gestos estructurales y la imposición de unas formas monumentales que parecen destinadas incluso a otros rangos funcionales y representativos. Indudablemente, se trata de una arquitectura que se añadirá a la prometedora lista de los grandes iconos de la Barcelona contemporánea, dentro de la serie de los Nouvel, Herzog & De Meuron, Mateo, Rogers, Siza, Perrault, Chipperfield, Gehry, etcétera. Pero este episodio escenográfico presenta una diferencia importante: el icono no se refuerza con el aislamiento y la insolidaridad formal, sino que se apoya en el proyecto de su propio contexto, realizado, como he dicho, por el mismo equipo de arquitectos. El barrio adyacente es casi el punto de arranque del icono.
La revista inglesa The Architects Journal acaba de publicar un artículo de Barrie Evans titulado 'Icons versus Context' en el que se plantea el interrogante más significativo de la actual situación de la arquitectura y el urbanismo: ¿la ciudad persistirá a pesar del empuje de los grandes iconos que hoy están de moda, impuestos como una distorsión formal en la continuidad y en la compacidad urbana? La Kunsthaus en Graz de Peter Cook, los nuevos rascacielos de Gehry en Brighton, los proyectos de barrios residenciales en Pekín de Hadid, el master plan de Alsop para Bradford, el centro musical de la BBC en Londres de FOA, ¿representan otra lectura de la ciudad o son ataques conscientes contra lo urbano y contra el protagonismo formal y social del espacio colectivo? Esos interrogantes de alcance universal se pueden ya referir a Barcelona, por lo menos cautelosamente, ante los nuevos síntomas urbanísticos. Y, precisamente por esto, hay que subrayar la importancia de esa operación que se está completando en el barrio de Santa Caterina.
El proyecto urbano de Miralles-Tagliabue ha logrado recomponer un trozo de Ciutat Vella sin ninguna concesión al mimetismo estilístico, lejos de cualquier pastiche, pero con la creación de volúmenes y espacios que marcan una continuidad morfológica como conceptualización de una cierta historia local. No sólo se trata de un ejemplo proyectualmente muy bien resuelto, sino de una experiencia metodológica importante. A partir del proyecto urbano de Miralles-Tagliabue y bajo su supervisión, diversos arquitectos -entre ellos, Arañó, Enseñat, Tarrida, Bravo, Conte, Fuses, Viader, etcétera- han elaborado los proyectos concretos ofreciendo cada uno su personal participación creativa, pero coordinados según una idea general y sometidos a ella. Hay en la misma Barcelona buenos ejemplos de este método, pero hasta ahora en esquemas formales más fácilmente digeribles: transformaciones de la red del Eixample, la Villa Olímpica, las reformas del Raval que provienen del proyecto Del Liceo al Seminario, etcétera. En Santa Caterina el tema es más difícil -más abierto, menos regulado- y, por tanto, todavía más esperanzador a la vista de los resultados. Conseguir que los antiguos planes, de acuerdo con los cuales se prolongaba la avenida de Cambó como una herida brutal en el mismo corazón del barrio, se hayan sustituido por unas operaciones quirúrgicas quizá más profundamente innovadoras pero formalmente y socialmente más respetuosas es un acontecimiento importante que hay que ofrecer como un nuevo modelo Barcelona para la reconstrucción de la ciudad europea. Siempre nos quedará pendiente la comparación entre la eficacia de los sventramenti de ideología ochocentista -calle de Ferran y Via Laietana en Barcelona, Gran Vía de Madrid, etcétera- y la voluntad de respetar ciertas identidades ya solidificadas en un barrio, a pesar de la necesidad de modernización e higienización de los viejos cascos. Pero, incluso en este aspecto, Santa Caterina representa un esfuerzo equilibrado, porque, junto a las permanencias ambientales casi simbólicas -la escala de intervención, el grano morfológico, la desgeometrización proyectual, las tipologías-, se ha impuesto un nuevo sistema funcional que corrige eficazmente la preeminencia circulatoria. Otros barrios de Ciutat Vella no han tenido tanta suerte.
Oriol Bohigas es arquitecto.
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