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Reportaje:FÚTBOL | Modesto con historia

El que mejor la toca es el utillero

Gabino, exponente de la 'escuela andaluza', sobrevive cuidando del material del Ceuta

El fútbol multimillonario adora apelar a su origen callejero. Pero pocas veces se acuerda de aquéllos a los que precisamente su cuna les mediatiza el futuro y gastan los millones tal y como los ganan porque sólo les han enseñado a jugar al fútbol y no a vivir. Algo así le pasó a Gabino Rodríguez Rodríguez (Sevilla, 1964). Un hombre que no supo digerir una carrera de éxitos, elogios y dineros y ha acabado ganándose el pan como utillero del Ceuta.

Pedro Buenaventura, historiador y antiguo empleado del Betis, rememora su llegada al club como un niño de rodillas cosidas a heridas y mucho, mucho, atrevimiento: "Es un jugador clásico de la que llaman escuela andaluza". En efecto, tanto para los que otorgan ese adjetivo con cariño como para los que lo usan como menosprecio, Gabino cubrió todo el espectro. Genial, indolente, descarado, intuitivo, escaso de físico, lleno de fútbol, indisciplinado...

Cuando era juvenil, José Cano Canito, la entonces estrella bética, le apadrinó. Según el periodista y experto en la historia verdiblanca, Guillermo Sánchez, el catalán le introdujo en el mundillo de los ases del fútbol: restaurantes caros y otros divertimentos ni tan sanos ni tan bien vistos.

Su primer pronto lo tuvo en la mili. A Gabino le tocó ir a Araca (Álava) y el Betis, que le había hecho debutar en Primera en el curso anterior, aunque con ficha amateur, negociaba con el Racing para que jugara cedido en la misma categoría. Pero, según recuerda entre risas Buenaventura, el media punta se hizo amigo de un sargento riojano que le animó a irse al Logroñés, a Segunda. Así fue, y con Lotina de delantero para recibir sus pases, hizo una temporada estupenda.

Gabino ha sido campeón de Europa sub 21 y no llegó a debutar con la selección absoluta porque una vez que un jugador se puso enfermo, la federación no fue capaz de encontrarle para que le sustituyera.

La llegada de Gabino al Betis coincidió con la marcha de Gordillo al Madrid y la retirada de Esnaola y Cardeñosa. Pronto se convirtió en el ídolo de la afición y, según muchas lenguas, en el rey de la noche sevillana. En 1988 se fue al Espanyol y tras éste al Xerez, en Segunda. Por el camino quedaron un matrimonio de juventud, dos hijos y las pésimas inversiones en tres supermercados y un bar.

A principios de los 90 se fue al Ceuta, en el que el presidente del club, José Antonio Muñoz,

-"el padre que no tuve durante mucho tiempo", como le califica el sevillano-, quería subir la categoría del equipo y fichó a los crepusculares Serna, Julio Soler y el propio Gabino. El media punta apenas disputó uno o dos partidos -ni él mismo se acuerda-, pero se ganó el aprecio de los aficionados.

Se casó de nuevo y tuvo otros dos hijos. Ocupó el puesto de segundo entrenador y el dirigente le ofreció hacerse cargo del material para sacarse unas perras, que falta le hacían. Gabino admite otro fracaso empresarial reciente en Marbella y otro rescate de Muñoz, por lo que ahora se gana la vida ocupándose de "los calzoncillos y las camisetas" de los demás.

Gabino afronta a día de hoy la vida según el guión que le marcó Rogelio el día que debutó en Primera, en el viejo Atocha: "¿Tienes miedo de esos centrales?", le preguntó; "yo debuté contra el Atlético y estaba Griffa, que era como esos dos juntos. Yo jugaba con el 11 y era tan fino que llevaba un 1 en la espalda y otro en la mano. Venga, a jugar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004