Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Estrella de Diego psicoanaliza a Gala, Dalí y André Breton

Su ensayo exculpa a la pareja y condena al padre del surrealismo: "Era un gran dictador"

El libro se titula Querida Gala (Espasa), pero Estrella de Diego (Madrid, 1958) va bastante más lejos del fascinante relato de las vidas ocultas de la compañera de Dalí. Con sus ojos agudos y una prosa frenética, la historiadora traza una biografía heterodoxa de esta mujer "misteriosa, paradójica, artista, la primera heroína posmoderna", pero, además, tumba en el diván a sus hombres más cercanos (Paul Éluard, Dalí, Max Ernst y -menos- Breton) y los somete a una dura y divertida sesión posfeminista: sólo el ampurdanés sale indemne.

"Es verdad que todo lo que escribo parece un ajuste de cuentas con Breton. Pero es que es él quien ajustaba cuentas con todo el mundo", explica De Diego entre risas. "Yo me limito a adoptar el papel de vengadora. Breton organizaba cosas estupendas y escribía muy bien, pero era un gran dictador que censuraba todo lo que se saliera de su norma. A las mujeres, a los surrealistas belgas, a Bataille, a los locos como Artaud... Quería dominar el mundo buscando al otro a partir de sus imaginaciones, y las mujeres le venían muy bien para eso. Pero envidiaba a Dalí porque era rico y tenía éxito, y el problema con Gala fue que simbolizó, encarnó, convirtió en realidad todas sus imaginaciones. Y eso le dio miedo. Lo peor que le puede pasar a nadie es que se cumplan sus deseos".

El libro sitúa a Elena Diakonova, también llamada Galatea, Galuchka o Galarina, frente al relato unívoco y machista de la historia y le da la vuelta por completo: De Diego declara a Gala inocente de todos los cargos que le achacaron: ávida dollars, buscona de fama y éxito... "¡No tanto como Breton, desde luego, que no sólo tenía avidez de dólares, sino de francos, y sobre todo de francos belgas!", dice De Diego. "El problema es: ¿a quién se culpa cuando hay una mujer cerca? A la mujer. Si Dalí pintaba mal o era pretencioso, culpa de Gala. Si no se tragaba los trances de Breton, culpa de Gala. Ella siempre estaba disfrazándose, disimulando, echaba las cartas, era una bruja. Breton la temía. Pero sus aspiraciones eran muy lícitas: ser rica y famosa. Eso lo quiere cualquiera. Lo malo es que ella era la competencia de Breton. Y lo peor es que la misoginia surrealista ha seguido reinando en la historia hasta ahora mismo".

Querida Gala empieza analizando el terrible significado de la palabra mujer en Rusia ("madre nutricia, útero campesino, alma de la patria madre"), relata la amistad (im)posible entre las poetas Marina Tsvietaieva y Anna Ajmatova, y enseguida narra la huida a Occidente de la joven Gala, su encuentro en Davos con Paul Éluard, su asombroso viaje posterior a través de una Europa en guerra para amar al poeta: "No sé si se quisieron tanto como parece en sus cartas, pero lo cierto es que ella siempre perseguía sus deseos. Como Breton pero con menos aspavientos y más misterio. Era mucho menos obvia y más sistemática, aunque alcanzaba tan fácilmente sus logros que dudo que realmente fuera tan perfecta. Pero desde luego era muy decidida".

La segunda parte cuenta la aparición fulgurante del "guapísimo y falso loco" Dalí, la inmediata decisión de Gala de quedarse con él y la fecunda vida del pintor con la modelo, artista y quiromante. "Fue una relación especular rara y compleja. Ella no era sólo una modelo pasiva, una musa: decidía cómo quería salir en el cuadro. Se disfrazaba de lo que quería. Y en ese sentido, al decidir cómo te representan, Gala anticipa a artistas posmodernas de los ochenta como Cindy Sherman. Aquello fue un proyecto común. Ella era su propia obra y construía la mirada de Dalí, cosa que él reconoció firmando Gala Salvador Dalí. Más que coautores, eran el personaje a dos que se inventaron".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003