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Reportaje:

El pique con Olazábal

El vasco y Harrington mantuvieron el domingo una dura disputa en El Saler

Fue el domingo. Seve Trophy en el campo de El Saler, en Valencia. El día decisivo, el de los 10 enfrentamientos individuales que decantarían el duelo de cuatro días entre el equipo de las Islas Británicas y la Europa continental. José María Olazábal, un golfista que para muchos es la encarnación de la deportividad y el saber perder, un deportista por encima de todo honrado, jugaba con el irlandés Padraig Harrington, que también tiene fama de buen chaval. Un jugador que perdió una vez un torneo, un Benson and Hedges, a manos de Olazábal por un error al anotar su tarjeta y al que en el circuito todos consideran amigo de Olazábal.

Green del tres. Mientras Harrington, que está más lejos de la bandera, se dedica a calcular la caída y alinear su putt, Olazábal observa un par de marcas de piques en la línea del suyo y se agacha para arreglarlos. No lo veía porque lo tenía de espaldas, pero al poco llegó por detrás aleteando, puro aspaviento, Harrington. "¿Pasa algo?", preguntó Olazábal. "Esas marcas son sospechosas", le dijo el irlandés. "Tenías que haber esperado a que viniera el árbitro para comprobarlas". Y Olazábal, serio, hombre de honor, se agachó, quitó su marca del green -con lo que automáticamente le daba el punto del hoyo a Harrington- y le dijo. "Vamos al cuatro".

Apenas se hablaron durante los 15 hoyos restantes, y en el 18 se repitió la disputa. Llegó el árbitro y dio la razón a Olazábal, quien, de todas maneras no embocó el putt de la victoria. El partido acabó en empate. Olazábal se lo pensó pero se quitó la gorra y dio la mano a su oponente. "Vamos a hablar de esta vuelta cuanto antes, tenemos que arreglarlo". Fue una larga conversación junto al green que aplazó un cuarto de hora las celebraciones británicas. "¿Me estás llamando tramposo?", le preguntó. "No, no es que dudara, pero te precipitaste. Y de todas formas no me tenías que haber dado el hoyo. Yo te iba a proponer dejarlo en empate". "Pues si me lo hubieras llegado a proponer sí que habría entendido que me llamabas tramposo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003