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Reportaje:

El Paular recobra su sillería tras 120 años de extravío

La reinstalación de los sitiales de legos de la antigua cartuja, exclaustrada en 1836, inicia el retorno de sus obras de arte

Un siglo largo después de haber sido erradicada de su emplazamiento original, la sillería de legos del monasterio de El Paular, en las faldas de Peñalara, comienza a ser reinstalda en el mismo lugar que ocupara entonces. Morada de monjes cartujos que fueron exclaustrados por las leyes desamortizadoras, allí permaneció desde principios del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX. Culmina así una importante fase de la reintegración a su lugar de origen del rico patrimonio artístico lugareño, fruto del esfuerzo conjugado de instituciones estatales, religiosas y locales. La actuación incluirá, además, el reintegro de 52 lienzos del florentino Vicente Carducho, esparcidos por numerosas ciudades de España, desde A Coruña a Córdoba, que reúne y restaura el Museo del Prado.

Una excavación de la Comunidad de Madrid hace aflorar un sistema de juegos de agua bajo las celdas monacales

La sillería de legos procedía de la sala capitular de San Francisco el Grande, donde fue instalada en torno al año 1886. Consta de veinte sitiales en madera de nogal con cresterías góticas y espaldares decorados con motivos sacros, cuya talla se atribuye a Bartolomé Fernández, el mismo artesano que esculpiera las bancadas para el coro del cenobio segoviano de El Parral.

El desmontaje, traslado, desinsectación y ulterior reacomodo de la sillería han sido supervisados por José Antonio Buces, restaurador del Instituto del Patrimonio Histórico Español que regenta Álvaro Martínez Novillo. "Es un acto de justicia artística el devolver a su entorno original esta joya del patrimonio madrileño", subraya. Buces Aguado ha aplicado una fórmula que persigue "devolver al público la legibilidad con la que las sillerías se integraban en el templo, dentro del respeto más pulcro hacia su estructura primigenia", explica.

La galería de asientos ahora recobrada está siendo desplegada a lo largo de sendos muros de la parte posterior de la iglesia monacal madrileña hasta el lugar que ocupaba un intercoro, hoy desaparecido, que va a ser reconstruido. Esta pieza, derribada en 1956, establecía una tajante separación entre frailes legos y monjes contemplativos, muy marcada en todo el ámbito monástico que hoy regentan frailes benedictinos.

Algunos vestigios del comunicador entre ambos coros han sido hallados en una capilla contigua a la iglesia; se trata de dos lienzos al óleo que lucían sobre sendos altares situados a ambos lados de un óculo diáfano; éste permitía contemplar, desde la parte trasera del templo, el espléndido retablo gótico flamígero, en alabastro, joya de El Paular, que hoy se conserva en aceptable estado. Empero, en fechas próximas va ser liberado de su polvorienta cubrición mediante una limpieza a base de microaspiradores. En otoño de 2004, la otra gran sillería tallada en nogal, con una cuarentena de sitiales, que hoy permanece aún en el gran templo franciscano madrileño, será reubicada en la parte anterior del templo. Tras su desmontaje, será trasladada a El Paular a finales de 2003 para ser rehabilitada y montada de nuevo, como ya se hiciera en dos ocasiones, en 1886 y en 1936. Alejandro Pajares y el equipo que rige Fernando Guerra de la empresa Corasal, montan con extrema delicadeza cada una de las 35 piezas de cada sitial de legos. Deslumbra la finura de su crestería afiligranada, con sus motivos lobulados platerescos, así como los reposados brazales que sujetaban los cuerpos de los frailes sobre asientos; éstos, al ser levantados, exhiben un ramo floreado que los monjes denominan misericordia, porque les permitía apoyar sobre él las posaderas cuando oraban de pie.

El arquitecto Eduardo Barceló de Torres despliega simultáneamente en El Paular otra fase de la actuación co-emprendida allí por la Comunidad de Madrid, que incluye dos excavaciones arqueológicas, una de ellas, sobre la entrada que lleva a la hospedería de los monjes y otra, en las pandas o perímetros claustrales de monasterio. En este área se ha descubierto un raro sistema de juegos de agua, con pequeños estanques y fuentes, aún inexplicado, justo en el ámbito donde los frailes poseían sus celdas. De tal estructura celular, autónoma y conexa a un tiempo, derivó la estructura de los chalés adosados de nuestros días. Los 56 lienzos pintados para El Paular por Vicente Carducho en torno a 1630, de los cuales existe un recibo parcial por 3.500 maravedises en el Archivo de Protocolos de la calle de Alberto Bosch, fueron diseminados, desde la desamortización, por diferentes museos españoles. Ahora, el Prado ha localizado 54 de ellos; la mitad ya ha sido restaurada bajo la cuidada supervisión de la conservadora Leticia Ruiz y pronto serán reunificados en El Paular.

De Abderramán a Juan Guas

En el monasterio de El Paular, en el municipio de Rascafría, sobrevive desde 1430 uno de los tesoros de la arquitectura medieval más señero de la región. Rodeado de bosques, junto a torrentes cristalinos y hasta hace bien poco cercado por la nieve varios meses al año, se levanta el cenobio.

Fue Enrique II de Trastamara quien decidiera erigirlo para exculparse de haber arrasado un convento cartujo en tierras de Francia. El Paular sería el emblema de aquella dinastía. Construido por el alarife árabe Abderramán, su esplendor lo alcanzaría décadas después de la mano de Juan Guas, la mejor cabeza del gótico tardío castellano, autor también del monasterio toledano de San Juan de los Reyes.

Herido por una historia unida al zozobrante acontecer del siglo XIX, sus moradores de cuatro siglos, los monjes cartujos, fueron exclaustrados en 1836; su lar quedó abandonado cincuenta años y expropiado su patrimonio. El monasterio encara hoy las últimas fases de una restauración iniciada en 1985 que lleva culminada hasta su séptima fase. Rehacer su estructura monacal y recobrar su patrimonio artístico, incluido el arqueológico, arquitectónico, el pictórico y el mobiliario, son los paradigmas aplicados por sus restauradores, señaladamente el Ministerio de Educación y Cultura, a través del Instituto del Patrimonio Histórico Español, y de la Comunidad de Madrid, mediante la Dirección General de Patrimonio de la Consejería de las Artes, más la de Medio Ambiente, por hallarse el paraje en el Parque Nacional de Peñalara.

De sus cinco sillerías, de valor universal, dos permanecen aún en el coro y en la presacristía de San Francisco el Grande.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003

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