Columna
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El contraefecto Axe

Una de las peores cosas del machismo o el feminismo es la falta de sentido del humor. Ambas posturas encarnan cerrazón, terquedad y, sobre todo, un antagonismo que las impermeabiliza a la hora de reírse de cualquier cosa y menos de sí mismas.

El machismo está socialmente proscrito, es una conducta o un pensamiento reprobado y a erradicar en sus últimos vestigios, que se interpretan ya como obsoletas formas de entender el mundo y la relación de pareja. Eso está muy bien. El feminismo, sin embargo, con su paralelismo terminológico incluido, lucha por la abolición del machismo y, en consecuencia, por la instauración de un nuevo equilibrio regido por sus coordenadas, sus reglas, su concepción de la sociedad. Su batalla es supuestamente sana, valerosa, redentora, "izquierdista". Pero uno de los problemas de su causa es que, como cualquier cruzada, no admite fisuras y concesiones, se muestra alerta y en guardia y, en algunos momentos, incluso absurdamente represora.

La semana pasada, la secretaria de igualdad del PSOE, Micaela Navarro, denunció la campaña publicitaria del desodorante AXE por "incumplir los mínimos postulados de respeto e igualdad entre hombres y mujeres". La campaña consta de dos anuncios: en uno de ellos, un chico rocía con desodorante un perchero de pie provocando que la chica baile con el mueble, seducida por el aroma, hasta que él decide impregnarse del vapor y atraerla hasta sí. En el segundo spot el chico se aplica el desodorante desde la muñeca hasta el pecho trazando el recorrido que más tarde seguirá el olfato de la chica en un momento de intimidad dentro de un coche. A juicio de Navarro, la campaña "da una imagen de la mujer como ser sometido, primario, absurdo y sexualmente susceptible de ser fácilmente manipulable por la 'inteligencia masculina' ayudada por el mencionado cosmético".

La enajenación mental contraída por un hombre a causa de la atracción sexual de una mujer se ha parodiado infinidad de veces en películas, anuncios, series de televisión, novelas, tebeos o vídeos musicales sin que los hombres nos hayamos quejado. En numerosísimas ocasiones se ha ridiculizado el hipnotismo que ejerce sobre nosotros el reclamo sexual y, lejos de denunciar o sentirnos ofendidos, nos hemos reído de nuestra querencia y hemos aceptado la caricatura, al servicio del humor o el marketing, que se ha hecho de nuestras debilidades. Cuando hemos visto que un hombre corría a regalarle flores a una mujer nada más oler su esencia hemos asumido que eso era Impulso.

Si la lucha feminista tiene como fin la igualdad entre el hombre y la mujer, la mejor manera de lograrlo es reírse de las exageraciones y los tópicos, estar por encima de los gags y las pantomimas, sentirse tan seguras de su igualdad e incluso de su superioridad en las estrategias de conquista como para sonreír ante un anuncio que fantasea con que los hombres poseemos el poder de seducción en un vaporizador. La irascibilidad perpetua de gran parte del feminismo y su talante censurador provocan la antipatía de muchísimos hombres y muchas mujeres, perdiendo así poder para su bandera y enconando aún más a ambos sectores.

El año pasado fueron denunciados más de 80 anuncios por asociaciones de espectadores que intentan proteger a colectivos como los transexuales (que lograron que se retirase de televisión un divertido anuncio de Águila Amstel sobre el fuera de juego), los niños (problemas con un spot de mahonesa Calvé) y las mujeres. Lo políticamente incorrecto es a veces un virus inquisidor utilizado provechosamente por diferentes grupos. La denuncia del PSOE tiene gracia dado que su problema con los tránsfugas de Madrid es la mejor definición de lo "políticamente incorrecto".

Águila Amstel pidió perdón a los ofendidos y suspendió su anuncio. Sin embargo, la empresa de AXE, a pesar de que RTVE ha decidido cancelar la emisión del anuncio, no piensa suprimirlo alegando que "recrea una situación irreal y en clave de humor y que en ningún momento se ha pretendido ofender o molestar a sectores del público o colectivo alguno".

Mientras el PSOE denuncia y el PP censura, los hombres seguiremos soñando con marcar el camino a las mujeres y la mayoría de ellas continuarán sin saber qué es un fuera de juego. La realidad es incensurable e indenunciable, y la ficción, libertad. Pueden reír o llorar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de septiembre de 2003.

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