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Crítica:

Un acuario del ser

El universo del portugués Nuno Júdice queda recogido en una antología que resume casi tres décadas de su poesía. En ella queda patente su dominio de un lenguaje instaurado y nutrido de la realidad del nuevo siglo, así como su carácter intimista e incisivo.

Casi tres décadas de la poesía de Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, El Algarve, 1949) se reúnen en esta Antología traducida y prologada por Vicente Araguas, las que van de su lejano primer libro, La noción del poema (1972), hasta Líneas de agua (2000), y en las que su amplia y torrencial escritura se ha impuesto como una de las más elocuentes de la literatura portuguesa del último tramo del siglo XX. A lo largo de los años su poesía ha evolucionado desde la imaginación teórica de sus inicios hasta la puesta en cuestión de esos principios doctrinales. Cada vez más, los fundamentos teóricos han encontrado apoyo en hechos particulares, en la relación entre vida y poesía, en la materia sensible que hace que ambas participen de la misma naturaleza: lo real ha ido imponiendo sus derechos, y el poema construye y guarda la memoria del mundo.

ANTOLOGÍA

Nuno Júdicez

Traducción y prólogo de Vicente Araguas

Edición bilingüe

Visor. Madrid, 2003

247 páginas. 10 euros

Una cosa es lo real, y otra la realidad transformada y devorada que nos ofrece el poema, y a través de la cual gana su sentido. Esto es evidente desde Lira de liquen (1985), pues frente a la facultad de sentir, no parece existir una teoría capaz de delimitar la imprevisibilidad de los sentimientos. No queda entonces, de acuerdo al título de uno de sus libros, sino establecer una Teoría general del sentimiento (1999). Las palabras se hacen entonces dóciles y resignadas, "descienden al nivel de los sentimientos, beben / la misma sangre con que se hace vivir las emociones, / y sirven de alimento a otros que las leen como si, en ellas, / estuviese la verdad del mundo". Captar lo que de la vida importa, aunque sólo sea un instante. Sus poemas son historias cosmopolitas, pequeñas biografías de los sentimientos, algo más que metáforas y juego de imágenes. Existen porque dicen el mundo y la experiencia de la vida, cuentan con el peso y la calidad de las palabras.

El poema tiene sus propias leyes, su lenguaje interior: "Sobrepongo al mundo el lenguaje; saco / palabras de dentro de lo que pienso y de lo que hago, como / si pudiesen vivir, ahí, peces verbales en el / acuario del ser". Para llegar a ese punto hay que partir de "esa charca de fondos movedizos" que es la memoria y la pureza originaria de lo humano, una capacidad de evocación patente desde Meditación sobre ruinas (1994).

Esta Antología es la de un poeta diverso, elegiaco y vibrante en su contenido ejercicio de sensibilidad, cartógrafo luminoso de emociones declaradas en el perfecto equilibrio con que construye el verso. Pero es también la narración del aprendizaje, de la evolución de un poeta que se teje y desteje en sus poéticas, capaz de ver "el rostro que desaparece en la ventana, / cuando nos interrogamos sobre la existencia". Aquí está el Nuno Júdice más lírico, el narrativo e irónico, el fabulador de una realidad que como espesa llama nace en la plenitud de la elipsis de lo cotidiano. Y que defiende las complicaciones y las simplezas de una poesía definida como "una elocuencia restituida a su lugar originario de pura esencia discursiva".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de agosto de 2003

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