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Necrológica:

Roberto Marinho, creador del imperio de comunicación Globo

El periodista y empresario de la comunicación, el brasileño Roberto Marinho, falleció la noche del miércoles de un edema pulmonar, a los 96 años de edad, en Río de Janeiro, ciudad a la que tanto contribuyó a hacer famosa. Era tal la personalidad de Marinho, que de la nada creó el mayor imperio de comunicación de América Latina (prensa, radio, televisión y editoriales), que ayer el Gobierno decretó tres días de luto nacional. El Parlamento que estaba reunido en sesión extraordinaria para la aprobación del proyecto de reforma de la Seguridad Social, al conocer la noticia, interrumpió sus trabajos para observar un minuto de silencio con los 500 diputados en pie.

Como ocurriera ya en Italia, aunque en otro contexto, con el imperio de la familia Agnelli, sin el cual Italia no sería hoy el país moderno que es, igualmente, Brasil no sería hoy el Brasil que es, uno de los países de América Latina con mayor credibilidad y aprecio mundial, sin la obra de Roberto Marinho, que de la nada (había comenzado a estudiar para mecánico) y a partir del pequeño diario vespertino de su padre consiguió crear uno de los imperios de comunicación más eficientes y prestigiosos del mundo. Gracias a las famosas telenovelas de la red Globo, Brasil y sus peculiaridades culturales es conocido en el mundo entero.

Marinho tuvo la osadía y la intuición de crear un periódico en 1925, con apenas 20 años, cuando, como afirmó ayer la periodista Miriam Letao, "Brasil era un país con el 75% de analfabetos". Fue siempre y ante todo periodista, aunque todos reconocen que sin su gran talento como empresario nunca hubiera llegado a crear la gran red de comunicación que hoy deja en herencia a sus tres hijos, Roberto Ireneo, João Roberto y José Roberto, ambos empeñados a fondo y con reconocida profesionalidad y audacia empresarial en la conducción del imperio heredado del padre. Lo que caracterizó la personalidad de Roberto Marinho, que deja en herencia también la prestigiosa fundación que lleva su nombre, que tanto contribuye a difundir la cultura y las artes del país, fue siempre la búsqueda de la calidad en todo lo que hacía. Quiso siempre hacer el mejor periódico, la mejor radio y la mejor televisión. La fuerza de sus órganos de información han sido tan grandes que se decía que la Globo decidía hasta el nombramiento de los presidentes de la República. Para bien y para mal. Sin la televisión Globo, no hubiese sido elegido el aventurista Fernando Collor, (para quien la misma televisión contribuyó después a su proceso de recusación). De la misma forma, probablemente el actual presidente Luiz Inácio Lula, el primer presidente de izquierdas del país, nunca habría sido elegido sin el apoyo que le ofreció durante toda la campaña electoral, con gran profesionalidad y objetividad informativa, la red Globo, que cubre todo el gran territorio nacional y que suele decidir el voto de los 20 millones de analfabetos del país.

Desde los artistas e intelectuales, que tanto deben a los medios de comunicación de la red Globo, a la gente sencilla de la calle, lloraron ayer ante el féretro de ese brasileño, que, como señaló el presidente Lula, siempre creyó con optimismo en el futuro del país y dedicó su vida sólo a su trabajo. Hasta pocos días antes de su muerte, Roberto Marinho seguía pasando todas las tardes por el periódico O Globo y quería ser informado de todo.

"Mis defectos los conocen sobre todo los de fuera, y mis cualidades sólo los de dentro. Y nunca sé si escuchar más a los que conocen mis defectos o a los que conocen mis cualidades", solía decir enigmáticamente el periodista y empresario más famoso del país. Probablemente escuchaba a todos. Si de algo se le acusó, en efecto, fue de haber sido sensible y abierto a todos los poderes, incluso al de los militares durante la dictadura, pero también es verdad que su capacidad de diálogo y de crear consenso contribuyó a evitar más de una tragedia del país. Y es innegable que no pocos intelectuales y artistas perseguidos por la dictadura obtuvieron amparo en sus medios de comunicación.

Hombre vital e inquieto, Roberto Marinho se casó tres veces, aunque sus tres hijos, además del que falleció trágicamente a los 19 años en un accidente de coche, son de su primera esposa, Stella Goulart, de quien se separó en 1970. De sus tres matrimonios, el más seguido por la prensa del corazón fue el realizado a sus 89 años con Lily de Carvalho, su primer amor cuando tenía 19 años y a la que llevó al altar 70 años más tarde.

Sin duda la historia de Brasil se divide en antes y después de Roberto Marinho. Y también la historia del periodismo de este país que, gracias a la magnífica plantilla de profesionales creada alrededor del imperio Globo, hoy puede ser considerado como uno de los más libres y modernos de América Latina.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003