Orejas para los artistas
La corrida tuvo tres toreros artistas. El primero de ellos, Juan Mora, fue el menos afortunado. Sus dos toros tuvieron poca fuerza. A su segundo le instrumentó una faena a base de derechazos y naturales, sin ligar demasiado, con muchos pasos atrás y gran exhibición de desmayos. En su primero trató de tejer pases templados y le salían medios pases, porque el toro tenía poco viaje. En ese momento tiró de pases a pies juntos, flamenquería incluida.
Enrique Ponce triunfó en su segundo toro. Su toreo consistió en un buen racimo de series con la derecha y con la izquierda. El principio de la faena lo comenzó muy despegado, con un toreo a media altura donde intercalaba de vez en cuando algún pase con la mano baja. Además de eso algunas de las series fueron excesivamente cortas. Las tres tandas de naturales las forjó sin ligar, dando un pase y corriendo hacia atrás para ir a pegar otro pase y así reiteradamente. Lo mejor de su faena fueron los últimos derechazos, lentos, templados y abrochados por un gran pase de pecho. La docilidad del toro le permitió extenderse y deleitar al público. En su primero, los derechazos que realizó acabaron siendo demasiado tanteativos, por demás periféricos y vulgares. Con la mano izquierda, como el toro no iba bien por ahí, declinó pronto. Sólo al final de la faena volvió a tomar la mano izquierda para dejar ante el público unos pocos eficaces naturales.
Domecq / Mora, Ponce, Jiménez
Toros de Salvador Domecq, desiguales de presentación y de juego. Muy dócil el 5º y con temperamento el 6º. El segundo fue devuelto por falta de fuerza. Juan Mora: Aplausos y silencio. Enrique Ponce: Ovación y oreja. César Jiménez: Oreja y aplausos. Plaza de toros de Vitoria, 7 de agosto. 3ª de feria. Media entrada.
Jiménez
Quien enardeció la tarde fue Cesar Jiménez. A su primer toro, excesivamente anovillado, le hizo un quite por tafalleras y chicuelinas. Después, a la hora de la faena, citó al toro en el centro del ruedo de rodillas para que tomara unos derechazos muy vibrantes. Después, también de lejos, citó ya de pie con la derecha y le facturó unos templados derechazos, con el añadido de dos pases por alto muy ajustados. A continuación dibujo estatuarios de fácil ejecución, no obstante fueron los que entusiasmaron al público. Acabo con dos pases circulares y uno de pecho muy ceñido.
Se equivocó con su segundo toro puesto que debieron darle un puyazo más. Sí dejó en el aire un hermoso quite por faroles, lances de regusto antiguo. La faena la inició de rodillas en el tercio con pases por alto. Ya de pie, tuvo presencia la serie de derechazos largos, sin ligar, algunos rápidos debido al temperamento agitado del toro. En la suerte de naturales tuvo menos calidad. Volvió a dar pases circulares, pero mató muy mal.
La corrida de los artistas gustó al respetable. Descubrieron la dulce parsimoniosidad de César Jiménez y Enrique Ponce dejó sello de su torería. De todos modos echamos en falta lo que en el toreo grande se llama profundidad y hondura.
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